viernes, 3 de julio de 2026

Sonos abraza de nuevo a Suecia, tras IKEA, ahora toca Škoda

A primera vista, Škoda, los Beastie Boys y una lámpara de IKEA no parecen tener demasiado en común. Uno pertenece al mundo del automóvil, otros al hip hop neoyorquino y la tercera al diseño doméstico más popular. Sin embargo, todos se cruzan en un mismo lugar: Sonos, una marca que lleva años demostrando que el sonido no solo se escucha, también se integra en nuestra forma de vivir, conducir, decorar o recordar una canción.

La colaboración más reciente llega de la mano de Škoda. Sonos será el socio de audio del nuevo Peaq, el vehículo eléctrico de la marca, con una experiencia sonora diseñada desde cero para el interior del coche. No se trata simplemente de colocar altavoces potentes en el habitáculo, sino de pensar cómo se escucha música, voz y entretenimiento dentro de un espacio en movimiento. La promesa pasa por graves controlados, una escena sonora enfocada hacia el frente, sonido equilibrado en todos los asientos y audio espacial para convertir el coche en algo parecido a una sala de escucha.

Esta alianza no aparece de la nada. Sonos ya había dado el salto al automóvil en 2021 con Audi y el Q4 e-tron, reforzando una idea cada vez más evidente: el coche también es una habitación. Pasamos horas dentro de él, escuchamos música, podcasts, llamadas y navegación, y la calidad del sonido importa más de lo que parece cuando forma parte de la rutina diaria.

Pero el recorrido de Sonos fuera del hogar va mucho más allá del motor. En 2015, la marca lanzó una edición limitada del PLAY:1 junto al sello Blue Note Records, un homenaje al jazz con acabados artesanales y un diseño inspirado en la estética clásica de sus portadas. En 2018 llegó el turno de los Beastie Boys, con un PLAY:5 de colección diseñado por Barry McGee y vinculado al lanzamiento del libro de la banda.

Ese mismo año, Sonos también se acercó al diseño de interiores con HAY, reinterpretando el Sonos One en colores más atrevidos y decorativos. Y quizá su colaboración más conocida fue con IKEA, con la gama Symfonisk: altavoces camuflados en lámparas, estanterías y cuadros que llevaron el sonido conectado a hogares donde un altavoz tradicional quizá no encajaba.

Todas estas colaboraciones cuentan algo parecido. Sonos no ha querido limitarse a fabricar altavoces, sino a colocar el sonido en contextos donde tiene sentido. En casa, en el coche, junto a una portada de jazz o dentro de una lámpara, la idea es la misma: que escuchar bien no sea un añadido, sino parte natural del espacio.



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Tehcnics AZ100: audio sublime en unos auriculares TWS [review]

Los Technics EAH-AZ100 llegan en un momento en el que los auriculares true wireless ya no sorprenden solo por ser cómodos, pequeños o inteligentes. Eso se da por hecho. Hoy, la diferencia está en cómo suenan, en cuánto cansan después de varias horas y en si todas esas funciones que llenan la ficha técnica sirven realmente para algo cuando los usas en la calle, en la oficina o en un viaje largo. Y ahí es donde este modelo tiene sentido.

Technics no ha querido hacer unos auriculares llamativos ni excesivamente futuristas. Ha preferido construir un producto serio, de gama alta, con una idea bastante clara: demostrar que unos in-ear inalámbricos pueden acercarse a una escucha más madura sin renunciar a la comodidad del formato. No son baratos, y eso obliga a exigirles mucho. Pero también se nota que no están pensados para quien solo busca unos auriculares bonitos para el metro, sino para quien escucha música con atención y agradece que cada detalle tenga su sitio.

Diseño y comodidad: menos volumen, más sentido práctico

A primera vista, los Technics EAH-AZ100 transmiten esa sobriedad japonesa que suele funcionar mejor con el tiempo que en una foto promocional. No gritan, no buscan parecer joyería tecnológica ni tienen un diseño reconocible a cien metros. Son compactos, discretos y con un acabado cuidado que da sensación de producto premium sin caer en el exceso.

La reducción de tamaño frente a generaciones anteriores es importante porque en unos auriculares de este tipo cada milímetro cuenta. Un cuerpo demasiado grande puede parecer estable al principio, pero acaba molestando en sesiones largas. Aquí la ergonomía está mejor resuelta. Se colocan con naturalidad, no sobresalen demasiado y reparten bien el peso. Eso no significa que vayan a encajar igual en todas las orejas, porque ningún in-ear lo consigue, pero Technics ayuda incluyendo cinco tamaños de almohadillas, incluido un ajuste intermedio que puede marcar la diferencia para quienes suelen quedarse entre dos tallas.

El estuche también acompaña esa sensación de producto pensado para el día a día. Es manejable, cabe bien en un bolsillo y admite carga inalámbrica Qi, una comodidad menor hasta que te acostumbras a dejarlo en una base de carga y olvidarte del cable. No es el estuche más espectacular del mercado, pero sí uno de esos que no molestan, y eso en movilidad vale mucho.

Sonido: el gran motivo para mirarlos de cerca

El apartado clave de los Technics EAH-AZ100 es el sonido. Todo gira alrededor de su driver de fluido magnético de 10 mm, una solución poco habitual en auriculares true wireless y que busca reducir distorsión y controlar mejor el movimiento del diafragma. Traducido al uso real, la sensación es la de un sonido más limpio, más ordenado y menos forzado.

Lo primero que llama la atención no es un grave exagerado ni un agudo artificialmente brillante. Es la sensación de equilibrio. Los AZ100 no intentan impresionar en los primeros treinta segundos subiendo todo lo que puede llamar la atención. Prefieren construir una escucha más fina, con buenos graves, medios presentes y agudos detallados, pero sin convertir cada canción en una demostración técnica.

Los bajos tienen cuerpo y profundidad, pero no invaden el resto del contenido. Esto es importante porque muchos auriculares premium caen en la tentación de inflar la zona baja para parecer más contundentes. Aquí el bajo acompaña, empuja cuando hace falta y deja respirar al resto de frecuencias. En electrónica, pop o hip hop se agradece esa pegada controlada; en jazz, rock o música acústica, se agradece todavía más que no ensucie voces ni guitarras.

Los medios son probablemente la parte más satisfactoria. Las voces suenan cercanas, con textura, sin esa capa de plástico que a veces aparece en los auriculares Bluetooth. Hay presencia, pero no agresividad. Las guitarras, pianos y metales conservan cuerpo, y la separación de instrumentos permite seguir mejor una mezcla sin tener que subir volumen. Es un sonido que invita a escuchar álbumes enteros, no solo canciones sueltas.

Los agudos tienen detalle y extensión, aunque Technics evita convertirlos en una cuchilla. Hay brillo suficiente para percibir matices, reverberaciones y pequeños elementos de producción, pero no tanta dureza como para cansar al cabo de una hora. Esa es una de sus grandes virtudes: suenan refinados sin volverse aburridos.

Audio espacial y Dolby Atmos: útil cuando el contenido acompaña

El audio espacial con Dolby Atmos y seguimiento de cabeza es una de esas funciones que pueden sonar a reclamo de marketing, pero en los AZ100 está integrada con bastante coherencia. No convierte cualquier canción en una experiencia milagrosa, ni debería venderse así. Cuando el contenido está bien mezclado, la escena gana amplitud y la sensación de inmersión resulta convincente.

En películas, conciertos o pistas preparadas para Atmos, el efecto tiene sentido. El sonido se abre, se coloca con más aire alrededor y el seguimiento de cabeza ayuda a crear una escena más estable. No es una función que vaya a sustituir a unos buenos altavoces ni a unos auriculares de diadema abiertos, pero suma cuando se usa en el contexto adecuado. Lo bueno es que no parece un truco pegado con cinta adhesiva, sino una capa adicional que puedes activar cuando aporta algo.

Cancelación de ruido: eficaz, aunque no la más radical

La cancelación activa de ruido de los Technics EAH-AZ100 cumple muy bien con lo que se espera de unos auriculares de gama alta. Reduce de forma clara el ruido constante de transporte público, ventiladores, oficinas abiertas o calles transitadas. No crea una burbuja absoluta, y quizá quienes busquen el aislamiento más agresivo del mercado encuentren opciones más contundentes, pero su enfoque tiene una ventaja: resulta cómoda.

Hay cancelaciones de ruido que aíslan mucho, pero generan presión o una sensación artificial en el oído. Aquí el equilibrio está mejor medido. El sistema adaptativo actúa sin cambios bruscos y permite llevarlo activado durante bastante tiempo sin fatiga. Para trabajar, viajar o concentrarse, es una cancelación más que suficiente. No borra el mundo, pero lo baja de volumen con elegancia.

El modo ambiente también resulta práctico para no tener que quitarte los auriculares cada vez que alguien te habla o cuando necesitas estar pendiente de tu entorno. No es el apartado más emocionante del producto, pero está bien resuelto y eso, en unos auriculares de uso diario, importa más que cualquier efecto llamativo.

Llamadas y conectividad: pensados para trabajar también

Uno de los puntos más fuertes de los AZ100 está en las llamadas. La tecnología Voice Focus AI, apoyada por tres micrófonos por auricular, está pensada para separar la voz del ruido exterior y mejorar tanto lo que dices como lo que escuchas. En la práctica, esto los convierte en una opción muy seria para quienes alternan música, videollamadas y trabajo en movilidad.

La conectividad también está a la altura. El soporte para LDAC permite sacar más partido al audio de alta resolución en dispositivos compatibles, mientras que Bluetooth LE Audio, LC3 y Auracast los preparan para un futuro cercano en el que la transmisión inalámbrica será más flexible. La conexión multipunto con hasta tres dispositivos es especialmente útil si trabajas con móvil, portátil y tablet. No tener que desconectar manualmente cada vez que cambias de pantalla es una de esas comodidades que parecen pequeñas hasta que te acostumbras.

La aplicación Technics Audio Connect ofrece bastante margen de personalización. Permite ajustar ecualización, cancelación, controles y otros parámetros sin esconderlo todo detrás de menús imposibles. Puede que no sea la app más rápida o vistosa, pero sí se siente completa y pensada para usuarios que quieren tocar algo más que el volumen.

Batería: buena autonomía sin hacer magia

La autonomía es sólida. Con AAC y cancelación activada, los auriculares pueden llegar a unas 10 horas por carga, con hasta 28 horas usando el estuche. Con LDAC, la cifra baja, como es normal, y se mueve en torno a las 7 horas con cancelación. No son cifras revolucionarias, pero sí muy competitivas para unos auriculares con este nivel de sonido y funciones.

La carga rápida ayuda en el uso diario, y la carga inalámbrica del estuche redondea la experiencia. Aquí no hay una batería infinita, pero tampoco la sensación de estar pendiente del porcentaje todo el tiempo. Para jornadas de trabajo, viajes y uso mixto, cumplen sin drama.

Opinión del editor

Los Technics EAH-AZ100 no son unos auriculares para todo el mundo. Su precio los coloca en una zona exigente, y eso hace que no baste con decir que suenan bien. Tienen que sonar muy bien, ser cómodos, cancelar ruido con solvencia, funcionar bien en llamadas y ofrecer una conectividad moderna. Y, en general, lo consiguen.

Su mayor virtud es que no intentan ganar por acumulación de trucos, sino por calidad de experiencia. Son cómodos, discretos, completos y, sobre todo, ofrecen un sonido maduro, limpio y muy disfrutable. No son perfectos: la cancelación no es la más extrema y algunas funciones, como el audio espacial, dependerán mucho del contenido. Pero como auriculares premium para escuchar música con atención y vivir con ellos a diario, son una de las propuestas más convincentes de su categoría.

  • Desde 230 euros en Amazon.

Quien solo quiera unos auriculares buenos para llamadas rápidas y listas de reproducción de fondo puede encontrar opciones más baratas. Quien quiera unos true wireless con alma de hi-fi, sin renunciar a funciones modernas, debería tener muy presentes estos Technics EAH-AZ100.



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domingo, 28 de junio de 2026

HITMAN World of Assassination: The Wizard Pack en PS5, cuando el Agente 47 vuelve a tener trabajo fino

Hay juegos que no se terminan del todo. Los aparcas, juegas a otra cosa, limpias backlog, te convences de que ya has pasado suficiente tiempo con ellos… y entonces aparece una excusa nueva para volver. HITMAN World of Assassination es uno de esos casos. No porque necesite constantemente contenido para mantenerse vivo, sino porque su propia estructura está pensada para que cada regreso tenga sentido.

The Wizard Pack llega precisamente como una de esas excusas. No es una expansión gigante ni un contenido que cambie la forma de entender Hitman, pero sí una pieza curiosa dentro de un juego que lleva años demostrando que todavía puede sorprender con muy poco. En esta ocasión, el gancho está en Wiz Khalifa, que se convierte en Taylor Graves, un nuevo Objetivo Escurridizo dentro del universo del Agente 47.

Lo hemos jugado en PS5, y la sensación ha sido bastante clara: si ya estás dentro de HITMAN World of Assassination, este pack sabe tocar las teclas adecuadas. Tiene ese punto de evento especial, de misión limitada y de colaboración llamativa, pero sin romper el tono de la saga. Porque aunque sobre el papel pueda sonar extraño ver a Wiz Khalifa dentro de Hitman, en la práctica encaja mejor de lo esperado. Al fin y al cabo, esta saga siempre ha ido de gente poderosa, escenarios imposibles y situaciones que parecen elegantes hasta que empiezas a mirar debajo de la alfombra.

The Wizard Pack

The Wizard Pack gira alrededor de The Wizard, un nuevo Objetivo Escurridizo protagonizado por Wiz Khalifa como Taylor Graves. El personaje se presenta con ese aire de celebridad intocable, con una imagen muy marcada y rodeado de ese tipo de ambiente exclusivo que a Hitman le sienta tan bien. No estamos ante un cameo metido con calzador, sino ante una colaboración que se integra en una misión con personalidad propia.

La acción nos lleva de vuelta a la Isla de Sgàil, uno de los escenarios más reconocibles y teatrales de World of Assassination. Es un mapa frío, elegante y raro, con ese aire de reunión secreta para millonarios aburridos que creen estar por encima del resto del mundo. Máscaras, piedra, pasillos vigilados, zonas restringidas y un ambiente que parece diseñado para que el Agente 47 se mueva como una sombra.

En esta misión, el objetivo es Taylor Graves, pero el asunto no se queda solo en eliminarlo. También hay que impedir que gane un combate contra Tim Quinn, CEO de Quantum Leap y miembro de la Ark Society. Dicho así, suena casi absurdo, pero jugando funciona muy bien porque Hitman siempre ha sabido convertir premisas extravagantes en puzles serios. Lo importante no es solo qué tienes que hacer, sino cómo decides hacerlo.

Nuestra primera vuelta fue bastante prudente. Entramos sin querer llamar la atención, observando rutinas, siguiendo a los personajes principales y escuchando conversaciones para encontrar alguna grieta en la seguridad. Es la forma en la que Hitman se disfruta mejor: sin correr. En cuanto empiezas a entender qué zonas se pueden pisar, qué disfraz abre más puertas y qué objetos pueden servir para distraer o manipular el entorno, la misión empieza a desplegarse.

Lo interesante es que, aunque Sgàil sea un mapa conocido, el evento le da una lectura distinta. El cuadrilátero, la presencia de Graves y las nuevas situaciones alrededor del combate hacen que no se sienta como repetir una misión vieja con otra cara. Hay algo familiar, sí, pero también la suficiente novedad como para que vuelvas a mirar rincones que quizá ya dabas por amortizados.

El pack cuesta 4,99 euros e incluye acceso permanente a El Púgil, un contrato Arcade de dos niveles relacionado con esta misión. Y esto es importante, porque el formato de Objetivo Escurridizo tiene una gracia particular, pero también una limitación evidente: la presión del tiempo. Cuando puedes jugarlo de forma permanente, cambia la manera de enfrentarte al contenido. Ya no vas con tanto miedo a fallar. Puedes probar rutas, repetir estrategias, buscar una ejecución más limpia o simplemente hacer el cafre para ver hasta dónde aguanta el sistema.

Además del contrato, el paquete añade varios extras cosméticos y objetos para usar dentro del juego. El traje Zigzag es probablemente lo más visible, una vestimenta llamativa para el Agente 47 que se aleja un poco de su imagen clásica sin convertirlo en una caricatura. También se incluyen el TAC ‘N’ Yellow, el Cuchillo amarillazo y el Radiocasete portátil aporreado. Este último nos ha parecido el objeto con más encanto del lote, porque encaja con esa lógica tan Hitman de usar cualquier cosa del entorno para distraer, manipular o preparar una situación absurda.

También hay cosméticos para el piso franco de Freelancer, un añadido menor, pero que suma si eres de los que han pasado muchas horas en ese modo. No cambia la experiencia principal, pero ayuda a reforzar esa sensación de que World of Assassination ya no es solo una campaña de misiones, sino una especie de plataforma enorme donde vas acumulando herramientas, trajes, recuerdos y pequeñas excusas para seguir entrando.

HITMAN, un universo interminable de horas y diversión

Lo mejor de The Wizard Pack es que sirve como recordatorio de lo bien que envejece HITMAN World of Assassination. Pocos juegos consiguen que repetir una misión sea tan divertido. Aquí no repites porque el juego te obligue a rellenar horas, repites porque de verdad quieres probar otra forma de resolver el mismo problema.

El secreto está en sus escenarios. Cada mapa funciona como una maqueta viva, llena de rutinas, zonas prohibidas, conversaciones útiles y oportunidades escondidas. Al principio entras perdido, como un invitado que no sabe dónde está el baño. Después empiezas a reconocer patrones. Y cuando ya tienes confianza, el juego cambia de piel: deja de ser una misión de sigilo y se convierte en un patio de recreo donde cada objeto puede tener un propósito.

En PS5 la experiencia sigue funcionando de maravilla. No es un juego que busque impresionar por músculo técnico puro, pero se ve limpio, va fluido y carga con rapidez. Lo importante aquí es que nada rompa el ritmo de observación. Hitman necesita que el jugador esté atento, que escuche, que mire y que piense dos pasos por delante. La consola acompaña bien esa intención, sin grandes distracciones.

También hay que tener claro que no es un juego para todos los momentos. HITMAN World of Assassination exige paciencia. Si entras buscando acción directa, probablemente acabarás frustrado. Puedes disparar, claro, y a veces el caos tiene su gracia, pero el juego brilla cuando haces lo contrario: cuando esperas, cuando preparas el terreno y cuando consigues que todo parezca un accidente perfectamente natural.

Sus fallos siguen ahí. Alguna reacción rara de la inteligencia artificial, menús algo cargados y una estructura que, para un jugador nuevo, puede imponer al principio. Pero incluso con esos tropiezos, sigue siendo una de las propuestas de sigilo más completas y rejugables de los últimos años.

The Wizard Pack no reinventa Hitman, pero tampoco lo pretende. Es un añadido pequeño, curioso y bien presentado, pensado sobre todo para quienes ya disfrutan perdiéndose en este universo. Nos ha dejado con esa sensación tan propia de la saga: entrar para probar una misión y acabar pensando en todas las formas posibles de repetirla mejor.

Y cuando un contenido consigue que vuelvas a ponerte el traje del Agente 47 con ganas, aunque sea por unas cuantas horas más, algo está haciendo bien.



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