
Los teclados transparentes no suelen buscar precisamente pasar desapercibidos. Su objetivo es convertir un periférico cotidiano en una parte importante del escritorio, mostrando elementos internos que normalmente permanecerían ocultos y aprovechando la iluminación para crear un resultado mucho más llamativo.
El KiiBOOM Phantom 98 lleva esta idea especialmente lejos. Su carcasa acrílica, los keycaps translúcidos, los switches morados y la iluminación RGB forman un conjunto que parece casi fabricado en cristal. Sin embargo, detrás de su apariencia también encontramos un teclado mecánico inalámbrico de formato 98 %, con montaje gasket, switches intercambiables, rueda multifunción y una batería de 8.000 mAh.
He utilizado la versión Purple durante aproximadamente un mes como teclado principal, tanto para trabajar como para jugar. El resultado es uno de los teclados mejor construidos que he probado de KiiBOOM, aunque también existen algunos detalles que cuesta pasar por alto teniendo en cuenta su elevado precio.
Un diseño transparente que parece casi de cristal

El principal protagonista del Phantom 98 es su carcasa acrílica transparente. Aunque evidentemente no estamos ante un teclado construido en cristal, la transparencia, el grosor del material y el acabado completamente pulido consiguen producir un efecto visual muy parecido.
La superficie es lisa, los bordes están cuidadosamente redondeados y no existen picos, uniones desagradables ni zonas que crujan al ejercer presión. La sensación general es la de estar ante un producto verdaderamente premium, tanto por su apariencia como por la solidez que transmite al sostenerlo.
También es un teclado pesado. Sus aproximadamente 1,63 kg permiten que permanezca completamente inmóvil sobre la mesa. Las gomas inferiores se adhieren muy bien a la superficie y ni los movimientos bruscos ni los pequeños golpes consiguen desplazarlo con facilidad.
Este peso beneficia su estabilidad, aunque reduce considerablemente su portabilidad. Pese a contar con conexiones inalámbricas, no parece un teclado pensado para transportarlo continuamente dentro de una mochila.
Nuestra unidad utiliza una combinación de carcasa transparente con componentes, keycaps y detalles morados. Probablemente sea uno de los diseños más llamativos de la gama Phantom y, de los modelos KiiBOOM que hemos analizado, también uno de los que ofrece una mejor sensación de construcción.
Formato 98 % y una inclinación que no puede regularse

El formato 98 % conserva la fila de funciones y el teclado numérico, pero reorganiza algunas teclas para reducir el espacio que normalmente ocupa un teclado completo. Esto permite mantener casi todas las funciones habituales sin llenar tanto el escritorio.
La distribución es ANSI y no incluye una tecla dedicada para la Ñ. Podemos escribirla configurando Windows en español, pero tanto la forma de la tecla Intro como la posición de algunos símbolos requieren cierto periodo de adaptación para quienes están acostumbrados a una distribución ISO española.
Uno de los inconvenientes del diseño es la ausencia de patas traseras para modificar la inclinación. El teclado utiliza un ángulo fijo que resulta razonablemente cómodo, especialmente cuando lo acompañamos de un reposamuñecas, y durante estas semanas no me ha provocado cansancio.
Sin embargo, la ergonomía no es igual para todas las personas. Poder seleccionar entre dos o tres alturas habría proporcionado más libertad para adaptar la posición de las muñecas, especialmente durante sesiones prolongadas. En un teclado de esta categoría y precio, es una ausencia que merece tenerse en cuenta.
Switches Jacaranda suaves, pero no excesivamente ligeros

La versión Purple incorpora switches KiiBOOM Jacaranda lineales, reconocibles por su carcasa y vástago morados translúcidos. Ofrecen un recorrido total de 3,8 mm, con una activación alrededor de 45 gf y una fuerza final aproximada de 55 gf.
En la práctica son switches muy suaves y consistentes, aunque no se encuentran entre los más ligeros que hemos probado. Requieren algo más de presión que otras alternativas lineales orientadas a la velocidad, pero tampoco resultan duros ni especialmente cansados.
Esta resistencia moderada puede incluso resultar positiva para quienes escriben apoyando demasiado los dedos sobre las teclas, ya que reduce las pulsaciones accidentales. El recorrido se mantiene fluido y no hemos detectado arañazos internos, irregularidades ni diferencias importantes entre unas teclas y otras.
El Phantom 98 utiliza una placa de policarbonato y un sistema de montaje gasket que suaviza el impacto de cada pulsación. No presenta una flexibilidad exagerada, pero evita que la escritura se sienta seca o excesivamente rígida.
La placa es además hot-swappable y admite switches mecánicos de tres y cinco pines. Por tanto, podremos cambiar la experiencia de escritura sin utilizar un soldador si en el futuro preferimos unos switches más ligeros, táctiles o silenciosos.
Un sonido más fino que grave
El sonido es agradable y bastante uniforme, aunque no lo describiría como especialmente grave o “thocky”. Frente a otros teclados mecánicos recientes, el Phantom 98 produce un sonido algo más fino, condicionado por sus switches, los keycaps transparentes y la propia resonancia de la carcasa acrílica.
Esto no significa que suene mal. Al contrario, la consistencia entre teclas demuestra el cuidado dedicado a la construcción interna. No aparecen sonidos metálicos, vibraciones molestas ni el clásico traqueteo que encontramos en estabilizadores peor ajustados.
Este buen trabajo se aprecia especialmente en teclas problemáticas como Intro, Shift, retroceso o la barra espaciadora. Todas permanecen bien alineadas, sin balanceos excesivos y con unos estabilizadores firmes y perfectamente ajustados.
La única excepción parcial es la barra espaciadora, que produce un sonido algo más hueco y plástico que el resto. Es una consecuencia bastante habitual de su mayor tamaño y no llega a estropear la experiencia, pero los usuarios especialmente exigentes con la acústica probablemente lo detectarán de inmediato.
El RGB es parte fundamental del teclado

La iluminación RGB no funciona aquí como un simple complemento. La carcasa, los switches y los keycaps transparentes permiten que la luz atraviese prácticamente todo el teclado, creando un efecto muy difícil de reproducir con una estructura opaca.
Los LED están orientados hacia el sur y ofrecen numerosos patrones, colores y niveles de brillo. También podemos personalizar la iluminación desde el software de KiiBOOM y crear nuestras propias composiciones.
Sin embargo, la distribución de la luz no es completamente homogénea. La zona que alberga el puerto USB-C y los selectores de conectividad ocupa el espacio aproximado de 3 LED, provocando una pequeña interrupción en la iluminación alrededor de la carcasa.
No afecta al funcionamiento y puede pasar completamente desapercibida durante el uso normal, pero rompe ligeramente la continuidad visual. Quienes compren el teclado principalmente por su diseño RGB querrán conocer este pequeño detalle.
La iluminación también resulta casi necesaria para leer correctamente las teclas. En la versión Purple, tanto los keycaps como sus leyendas utilizan tonos morados y transparentes, por lo que distinguir determinados caracteres puede resultar complicado sin el RGB encendido.
Por otro lado, los indicadores de bloqueo están especialmente bien integrados. Cuando activamos Bloq Mayús o Bloq Num, la iluminación de la propia tecla cambia para indicar su estado. De esta manera, el teclado evita concentrar varios pilotos luminosos en una esquina y conserva un diseño mucho más limpio.
Las huellas son el precio de una superficie tan pulida
Los keycaps son lisos, pero no me han resultado resbaladizos durante la escritura o el juego. El inconveniente real de este acabado es que las huellas se marcan con mayor facilidad.
Lo mismo sucede con la carcasa. Normalmente no llaman demasiado la atención, pero aparecen claramente cuando la luz incide desde determinados ángulos. Al tratarse de un producto transparente y tan cuidado visualmente, unas pocas huellas pueden hacer que parezca más usado o sucio que un teclado con textura mate.
KiiBOOM incluye una gamuza grande que sirve tanto para protegerlo como para limpiar la superficie. Con un mantenimiento ligero resulta fácil conservarlo en buen estado, aunque tendremos que limpiarlo con mayor frecuencia que otros teclados menos brillantes.
Conectividad estable y un despertar especialmente rápido

El Phantom 98 puede utilizarse mediante cable USB-C, Bluetooth 5.0 o conexión inalámbrica de 2,4 GHz. Durante las pruebas, los tres modos han funcionado correctamente, sin desconexiones, pulsaciones perdidas ni retrasos perceptibles.
El receptor de 2,4 GHz no dispone de un compartimento dentro del propio teclado. En su lugar, se guarda en un pequeño accesorio sujeto al cable. La solución permite mantenerlo localizado mientras conservamos todos los accesorios juntos, aunque un hueco integrado en la carcasa habría resultado más práctico para transportarlo.
Uno de los detalles que más me ha gustado es la rapidez con la que el teclado abandona el estado de suspensión. Basta con tocar una tecla para que vuelva a estar disponible prácticamente al instante. Otros teclados inalámbricos de gama alta introducen una pequeña espera o incluso ignoran la primera pulsación, algo que no he experimentado con este modelo.
El tiempo de inactividad necesario para entrar en suspensión puede configurarse, permitiendo encontrar un equilibrio entre comodidad y autonomía.
Una batería que permite olvidarse del cargador
En su interior encontramos dos baterías de 4.000 mAh que proporcionan una capacidad total de 8.000 mAh. Es una cifra elevada incluso dentro del segmento de teclados mecánicos inalámbricos.
Durante aproximadamente un mes de uso, su autonomía me ha permitido olvidarme prácticamente de la carga. En este tipo de dispositivos prefiero no ofrecer una estimación cerrada de horas, ya que cada usuario emplea el teclado de una forma diferente y los periodos de suspensión dificultan calcular el tiempo real que permanece activo.
La duración final depende mucho del brillo, el efecto RGB seleccionado, el modo de conexión y el tiempo configurado antes de entrar en suspensión. Con la iluminación permanentemente encendida consumirá bastante más, algo especialmente relevante en este modelo porque probablemente la mayoría de sus compradores querrá utilizar el RGB. Aun así, su batería permite afrontar numerosas jornadas intensivas e incluso varias semanas de uso moderado antes de necesitar el cable.
Un software completo y bastante intuitivo

El KiiBOOM Keyboard Driver permite reasignar teclas, grabar macros, modificar funciones secundarias y personalizar la iluminación. También podemos guardar diferentes perfiles para separar nuestra configuración de trabajo, videojuegos o aplicaciones concretas.
La interfaz me ha resultado bastante intuitiva. No ofrece la libertad de plataformas abiertas como QMK o VIA, pero proporciona suficientes opciones para adaptar el teclado sin convertir el proceso en algo excesivamente complicado.
Además de seleccionar efectos RGB predefinidos, permite diseñar composiciones de iluminación personalizadas. Esto resulta especialmente interesante en un teclado donde la luz forma una parte tan importante de su identidad.
Una rueda útil con un funcionamiento mejorable

La rueda situada en la esquina superior derecha permite controlar el volumen y también puede pulsarse. De manera predeterminada, la pulsación reproduce o pausa el contenido multimedia, aunque desde el software podemos cambiarla para silenciar el ordenador o ejecutar otra función.
La posibilidad de reasignarla es positiva, pero su funcionamiento físico no está a la altura del resto de la construcción. Al principio ofrece algo más de resistencia de la esperada y, sobre todo, puede perder pasos cuando la giramos rápidamente.
Si recorremos diez posiciones lentamente, el volumen responde correctamente. Sin embargo, al realizar el mismo movimiento mediante un giro rápido de aproximadamente 180 grados, no siempre registra todos los pasos.
No impide utilizarla, pero obliga a realizar movimientos más lentos y deliberados. En un teclado cercano a los 200 euros, cabe exigir un encoder más preciso.
Buen rendimiento en juegos, aunque no compite con un Hall Effect
También he utilizado el Phantom 98 en juegos de disparos en primera persona, donde la rapidez y la precisión de las pulsaciones resultan especialmente importantes. Su rendimiento ha sido excelente, sin diferencias evidentes frente a otros buenos teclados mecánicos.
El NKRO permite registrar múltiples teclas simultáneamente y la conexión de 2,4 GHz ofrece una respuesta suficientemente rápida para jugar con normalidad. Los switches Jacaranda regresan con agilidad a su posición y su resistencia moderada ayuda a evitar pulsaciones accidentales.
No obstante, quienes busquen el máximo rendimiento competitivo deberían considerar un teclado Hall Effect. Estos modelos utilizan sensores magnéticos que permiten ajustar el punto exacto de activación e incorporar funciones como Rapid Trigger, capaces de reiniciar la pulsación sin esperar a que el switch vuelva completamente a su posición inicial.
El Phantom 98 no pretende competir directamente en ese terreno. Su prioridad está en combinar una buena respuesta mecánica con un diseño muy especial y una construcción de alta calidad.
Accesorios incluidos

Dentro de la caja encontramos:
- Cable USB-C.
- Extractor de keycaps.
- Extractor de switches.
- Destornillador.
- Dos tornillos adicionales.
- Dos switches de repuesto.
- Accesorio para guardar el receptor de 2,4 GHz.
- Gamuza grande para limpieza y protección.
La inclusión del destornillador, los tornillos y los switches adicionales refuerza la orientación personalizable del producto y facilita realizar pequeñas tareas de mantenimiento sin buscar herramientas externas.
¿Merece la pena el KiiBOOM Phantom 98?

El KiiBOOM Phantom 98 es uno de esos teclados que justifican buena parte de su precio desde el momento en el que lo sacamos de la caja. La carcasa acrílica está extraordinariamente bien acabada, el conjunto es sólido, los switches mantienen una gran consistencia y los estabilizadores presentan un ajuste prácticamente impecable.
También ofrece una conectividad completa, una batería enorme, switches intercambiables, perfiles personalizables y un RGB que aprovecha como pocos el diseño transparente.
Sin embargo, sus funciones no son completamente exclusivas. Existen teclados bastante más económicos con conectividad triple, hot-swap, macros, RGB y formatos compactos con teclado numérico. Aquí pagamos principalmente por la calidad de ejecución, los materiales y una estética difícil de encontrar en otros modelos.
También hay aspectos mejorables: la rueda pierde pasos al girarla rápidamente, no podemos modificar la inclinación, las huellas aparecen con facilidad y la iluminación pierde continuidad junto a los controles de conexión.
Pese a ello, ninguno de estos inconvenientes invalida la experiencia general. El Phantom 98 es un teclado mecánico premium pensado para quienes valoran tanto la escritura como el diseño de su espacio de trabajo. No es la opción con mejor relación entre funciones y precio, pero sí una de las más llamativas y mejor construidas dentro de su categoría.
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