martes, 25 de agosto de 2026

Nuevos Mac mini M6 y M5 Pro: todo lo que debes saber

Apple ha decidido que finales de agosto era un momento tan bueno como cualquier otro para poner patas arriba buena parte de su catálogo de ordenadores de sobremesa. Sin evento, sin demasiada ceremonia y con los próximos iPhone ya asomando por el horizonte, la compañía ha presentado los nuevos Mac mini y Mac Studio, pero también dos piezas mucho más importantes para entender hacia dónde se dirige Apple Silicon: los chips M6 y M5 Ultra. El primero es especialmente interesante porque supone el estreno del proceso de fabricación de 2 nanómetros dentro del catálogo de Apple, mientras que el segundo lleva la filosofía de memoria unificada de la compañía hasta cifras que hace no demasiado tiempo habrían parecido absurdas en un ordenador de este tamaño. Y sí, como era de esperar, buena parte del discurso vuelve a girar alrededor de la inteligencia artificial, especialmente de la posibilidad de ejecutar modelos directamente en el dispositivo en lugar de recurrir permanentemente a servicios en la nube.

Lo curioso es que Apple ha organizado esta generación de una forma bastante poco habitual. El Mac mini básico salta directamente del M4 al M6, mientras que el modelo profesional abandona el M4 Pro para utilizar un M5 Pro. Puede parecer que alguien ha mezclado las cajas en el almacén, pero tiene bastante sentido cuando observamos las prestaciones y, sobre todo, las necesidades de cada usuario. En paralelo, el Mac Studio pasa a utilizar M5 Max y estrena el esperado M5 Ultra, manteniendo el mismo diseño exterior de las últimas generaciones. No estamos, por tanto, ante ordenadores nuevos en el sentido tradicional: siguen siendo esas pequeñas cajas de aluminio que conocemos perfectamente. El cambio está dentro, con más rendimiento, almacenamiento más rápido, mejores conexiones inalámbricas y un énfasis evidente en cargas de trabajo profesionales e inteligencia artificial. El problema es que todo esto viene acompañado de una subida de precios que hace que el Mac mini pierda parte de aquella etiqueta de pequeño chollo que se ganó con el modelo M4.

Nuevos Mac mini M5 Pro y M6

El protagonista evidente es el Mac mini con M6, entre otras cosas porque es el primer dispositivo de Apple que utiliza esta nueva generación de procesadores. El M6 está fabricado mediante un proceso de 2 nanómetros e incorpora una CPU de 12 núcleos dividida entre dos supernúcleos, cuatro núcleos de rendimiento y seis de eficiencia. También encontramos una GPU de 12 núcleos con Neural Accelerators integrados y, por primera vez en un chip de esta familia, un doble Neural Engine de 16 núcleos. Traducido al idioma de quienes simplemente quieren que el ordenador vaya rápido: Apple habla de hasta un 40 % más de rendimiento de CPU, el doble de rendimiento gráfico y hasta cuatro veces más velocidad en determinadas cargas de inteligencia artificial frente al Mac mini M4 utilizado en sus pruebas. También aumenta el ancho de banda de la memoria hasta 170 GB/s. El M6 puede acompañarse de hasta 32 GB de memoria unificada y hasta 2 TB de almacenamiento SSD.

Por encima encontramos el Mac mini con M5 Pro, y aquí es donde la nomenclatura puede jugar una pequeña mala pasada. M6 es una generación más reciente, sí, pero M5 Pro continúa siendo el chip destinado a las cargas de trabajo realmente exigentes. Puede configurarse con una CPU de hasta 18 núcleos y una GPU de hasta 20, además de alcanzar los 64 GB de memoria unificada y 8 TB de almacenamiento. También hay diferencias importantes en conectividad: ambos Mac mini incorporan ahora Wi-Fi 7, Bluetooth 6 y Ethernet de 2,5 Gb/s de serie, configurable a 10 Gb/s, pero el M6 mantiene tres conexiones Thunderbolt 4 mientras que el M5 Pro ofrece Thunderbolt 5. Por delante siguen estando los dos USB-C y la conexión para auriculares que estrenó el rediseño de 2024. Exteriormente, de hecho, prácticamente nada cambia: seguimos teniendo esa pequeña caja de 12,7 centímetros que cabe casi en la palma de la mano y que, personalmente, me sigue pareciendo uno de los mejores diseños actuales de Apple.

Nuevos Mac Studio

El Mac Studio tampoco necesita un nuevo traje para justificar esta renovación. Apple mantiene el conocido chasis de aluminio, pero sustituye las anteriores configuraciones M4 Max y M3 Ultra por los nuevos M5 Max y M5 Ultra. El primero monta una CPU de 18 núcleos y puede alcanzar los 40 núcleos de GPU, con Neural Accelerators integrados dentro de cada núcleo gráfico. Puede configurarse además con hasta 128 GB de memoria unificada. Es una barbaridad de potencia para tareas habituales y, como ocurría con su predecesor, considero que hablar simplemente de “un Mac más rápido” se queda muy corto. Este es un producto destinado a edición de vídeo pesada, producción musical, desarrollo, fotografía profesional, renderizado 3D y ahora también a usuarios que trabajan con modelos de inteligencia artificial de manera local. El ancho de banda de memoria también aumenta y Apple asegura mejoras importantes tanto en gráficos como en IA frente al M4 Max al que sustituye.

Pero la auténtica bestia es el M5 Ultra. Apple utiliza una evolución de UltraFusion para combinar cuatro matrices de silicio y hacer que el sistema las trate como un único chip. El resultado puede alcanzar una CPU de 36 núcleos, una GPU de 80 núcleos y nada menos que 512 GB de memoria unificada, con un ancho de banda de hasta 1,2 TB/s. Son cifras que sólo tienen sentido para un grupo de usuarios muy concreto, pero precisamente ahí está la gracia del Mac Studio: no pretende ser un ordenador doméstico. Apple asegura que el M5 Ultra puede ejecutar localmente modelos de lenguaje con cientos de miles de millones de parámetros, y permite incluso agrupar varios Mac Studio mediante Thunderbolt 5 para aumentar el rendimiento en tareas de IA. A esto se suma una nueva arquitectura SSD PCIe Gen 6, hasta dos veces más rápida, Wi-Fi 7, Bluetooth 6 y capacidad para manejar hasta ocho pantallas. Es un ordenador desproporcionado, pero esta vez esa desproporción parece bastante deliberada.

Diferencias entre el Mac mini M4 y el Mac mini M6

Si ya tienes un Mac mini M4, la pregunta importante no es si el M6 es mejor, porque evidentemente lo es, sino cuánto vas a notar realmente la diferencia. Ambos mantienen exactamente la misma filosofía y prácticamente el mismo diseño, así que aquí no hay una pantalla mejor, un nuevo sistema de refrigeración visible o un cambio de formato que transforme la experiencia. El M4 utiliza una CPU y una GPU de 10 núcleos, mientras que el M6 sube ambas hasta 12 núcleos y estrena además el doble Neural Engine. Apple cifra la diferencia en hasta un 40 % más de rendimiento de CPU, el doble de potencia gráfica en determinados escenarios y hasta cuatro veces más rendimiento en algunas cargas relacionadas con IA. También se ha duplicado la velocidad máxima del almacenamiento según las pruebas de la compañía. Son mejoras importantes sobre el papel, especialmente para quien renderiza, compila o utiliza modelos locales, aunque para Safari, Mail, ofimática y consumo multimedia el M4 continúa teniendo potencia para aburrir.

Hay otras diferencias quizá menos espectaculares, pero más fáciles de apreciar durante muchos años de uso. El Mac mini M6 incorpora Wi-Fi 7 y Bluetooth 6, frente a Wi-Fi 6E y Bluetooth 5.3 de la generación M4, y el Ethernet pasa de 1 Gb/s a 2,5 Gb/s de serie, manteniendo la posibilidad de configurarlo a 10 Gb/s. El almacenamiento también es más rápido, aunque Apple sigue insistiendo en ofrecer únicamente 256 GB en el modelo básico, una cantidad que en un equipo que supera ya holgadamente los mil euros me parece difícil de defender. Y ahí aparece precisamente el gran inconveniente de esta generación. El Mac mini M4 debutó en España en 2024 por 719 euros con 16 GB de memoria, una combinación que lo convertía en una compra tremendamente atractiva. El nuevo M6 parte de 1.069 euros. Es mucho más rápido, sí, pero también cambia por completo la conversación: ya no estamos ante aquel Mac asequible que era casi imposible no recomendar.

Precio y lanzamiento oficial

Todos estos modelos se pueden reservar desde el 25 de agosto de 2026, aunque Apple ha fijado su llegada a tiendas y las primeras entregas para el próximo 22 de septiembre. En España, el nuevo Mac mini con M6 parte de 1.069 euros, mientras que la configuración con M5 Pro comienza en 2.019 euros. El salto hacia el Mac Studio eleva considerablemente la factura: el modelo con M5 Max arranca en 3.029 euros, mientras que para llevarnos el M5 Ultra tendremos que desembolsar como mínimo 6.649 euros. Además, las configuraciones más bestias pueden disparar esas cantidades rápidamente cuando aumentamos memoria o almacenamiento. Apple también mantiene precios educativos de 949 euros para el Mac mini M6, 1.899 euros para el M5 Pro, 2.789 euros para el Mac Studio M5 Max y 6.169 euros para el M5 Ultra. La versión del Mac Studio equipada con 512 GB de memoria unificada llegará algo más tarde, a finales de octubre.

Y es precisamente el precio lo que determina mi valoración inicial de esta renovación. Técnicamente, hay poco que reprochar: el M6 parece un salto muy interesante, el M5 Pro coloca al pequeño Mac mini en territorio de workstation compacta y el M5 Ultra demuestra hasta dónde puede llegar la arquitectura de memoria unificada cuando prácticamente desaparecen las restricciones económicas. Pero el Mac mini siempre tuvo un atractivo adicional: acercaba macOS y Apple Silicon a precios relativamente razonables, especialmente desde la llegada del M4. Con 1.069 euros de partida y todavía 256 GB de almacenamiento, esa ventaja se reduce bastante. Para alguien que viene de un Mac Intel, un M1 o incluso determinados M2, el nuevo M6 puede tener muchísimo sentido y ofrecer años de vida útil. Quien ya tenga un M4, en cambio, debería tener necesidades profesionales muy concretas para plantearse el cambio. Apple ha creado un Mac mini bastante mejor; simplemente ya no es aquel pequeño ordenador sorprendentemente barato que recomendábamos casi con los ojos cerrados.



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Fujifilm Instax Mini 13, una edición muy fresca de un clasicazo [Review]

En una época en la que hacemos decenas de fotografías con el móvil y muchas terminan olvidadas en la galería, una cámara instantánea sigue teniendo algo difícil de reproducir digitalmente. La Fujifilm Instax Mini 13 explota precisamente esa sensación. Apuntas, disparas y unos segundos después tienes entre las manos una fotografía física que no puedes editar, repetir infinitamente ni mejorar con inteligencia artificial. Esa limitación, lejos de ser un problema, forma buena parte de su encanto.

https://youtu.be/tvOeGpZ8PYY

La Mini 13 sucede a la popular Instax Mini 12 manteniendo una filosofía prácticamente idéntica: funcionamiento extremadamente sencillo, exposición automática y película Instax Mini. La principal novedad está en un temporizador integrado de 2 y 10 segundos, acompañado por algunos cambios estéticos que hacen que el cuerpo resulte todavía más desenfadado. No pretende competir con una cámara digital ni ofrecer control fotográfico avanzado. Su objetivo es bastante más sencillo: conseguir que hacer fotografías vuelva a ser divertido.

Materiales y diseño

Fujifilm mantiene una construcción predominantemente plástica, algo lógico en una cámara de este precio y que además ayuda a que resulte relativamente manejable. Sus dimensiones son de 105,5 x 124,7 x 67,6 mm y el peso alcanza los 327 gramos sin pilas, película ni correa. No es especialmente pequeña si la comparamos con una compacta digital, pero sus formas redondeadas hacen que se agarre bien y el nuevo diseño tiene bastante más personalidad que el de una cámara convencional.

Está disponible en cinco colores, con tonalidades como Clay White, Candy Pink, Dreamy Purple, Frost Blue y Lagoon Green. La estética es claramente juvenil, aunque sin llegar a parecer un juguete barato. El objetivo se activa girando el aro frontal y el mismo mecanismo permite acceder al modo de primer plano. En el frontal encontramos también el espejo para selfies y ahora un control específico para el temporizador. Todo está pensado para que cualquier persona pueda cogerla y empezar a utilizarla prácticamente sin mirar el manual.

Especificaciones técnicas

La Mini 13 utiliza película Fujifilm Instax Mini, con un tamaño total de 86 x 54 mm y una superficie de imagen de 62 x 46 mm. El objetivo tiene una distancia focal de 60 mm, construcción de dos elementos en dos grupos y una apertura fija f/12,7. El enfoque también es fijo, aunque el modo Close-Up está pensado específicamente para distancias de entre 30 y 50 centímetros. Para el resto de fotografías podemos trabajar desde aproximadamente medio metro hasta infinito.

El obturador electrónico funciona automáticamente entre 1/2 y 1/250 de segundo y la cámara calcula la exposición dentro de un rango de LV 5 a 14,5 tomando como referencia una sensibilidad ISO 800. También incorpora sincronización lenta cuando hay poca luz y flash automático con un alcance aproximado de 30 centímetros a 2,2 metros. Funciona mediante dos pilas AA, suficientes según Fujifilm para unos diez cartuchos de diez fotografías, dependiendo naturalmente de las condiciones de utilización.

Controles y funciones creativas

La principal novedad de esta generación es el temporizador. Podemos seleccionar un retardo de aproximadamente dos o diez segundos, algo especialmente útil para fotografías de grupo o autorretratos. Fujifilm incluye además un pequeño accesorio en forma de cuña que permite modificar ligeramente el ángulo de la cámara cuando la dejamos apoyada sobre una superficie. Parece una incorporación sencilla, pero soluciona uno de los problemas más evidentes de las Instax anteriores cuando queríamos aparecer nosotros también en la fotografía.

El modo Close-Up continúa siendo otra de las funciones más útiles. Al activarlo, la cámara incorpora corrección de paralaje en el visor para compensar la diferencia entre lo que vemos y lo que realmente captura el objetivo a corta distancia. El pequeño espejo frontal facilita además los selfies. No encontramos filtros digitales, Bluetooth ni una aplicación conectada, y sinceramente tampoco los echo de menos. Parte del atractivo de la Mini 13 consiste precisamente en reducir la experiencia a encuadrar, disparar y aceptar el resultado.

Calidad de imagen

Hablar de calidad de imagen en una Instax requiere cambiar ligeramente el criterio que utilizaríamos con una cámara digital. Las fotografías no destacan por una nitidez extraordinaria ni por un rango dinámico espectacular. Los colores tienen ese aspecto ligeramente suave y contrastado característico de la película instantánea, mientras que las altas luces pueden perder información con facilidad. Técnicamente un smartphone moderno hace fotografías mucho mejores, pero también muchísimo más predecibles. Y ahí está precisamente parte de la gracia.

Con buena iluminación, los resultados son especialmente agradables. Los tonos de piel funcionan bien, los colores tienen suficiente intensidad y la fotografía mantiene ese carácter analógico que buscamos cuando compramos una Instax. En interiores aparece con frecuencia el flash, dejando un sujeto bastante iluminado y un fondo más oscuro. El comportamiento puede resultar algo agresivo, pero forma parte de la estética de estas cámaras. El tamaño Mini tampoco permite apreciar grandes detalles, aunque es perfecto para guardar recuerdos, crear álbumes o regalar una fotografía en el momento.

Experiencia de uso

Lo mejor de la Mini 13 aparece cuando dejamos de pensar demasiado en fotografía. Durante una reunión con amigos resulta mucho más divertida pasar esta cámara que sacar constantemente el teléfono. El temporizador de diez segundos es especialmente práctico para dejarla sobre una mesa y conseguir fotografías de grupo sin que una persona tenga que quedarse siempre detrás de la cámara. El proceso de expulsar la fotografía y esperar alrededor de minuto y medio a que vaya apareciendo la imagen continúa teniendo un pequeño componente mágico.

También he encontrado especialmente divertido el modo Close-Up para retratos y fotografías más informales. Hay que acostumbrarse a no acercarse demasiado y a pensar un poco más cada disparo, porque cada fotografía tiene un coste real. Precisamente eso consigue que disparemos menos y prestemos mayor atención al momento. La exposición automática hace prácticamente todo el trabajo y rara vez necesitamos preocuparnos por los ajustes. A cambio, debemos aceptar que alguna fotografía saldrá sobreexpuesta, movida o simplemente mal encuadrada. Forma parte de la experiencia.

Opinión del editor

La Fujifilm Instax Mini 13 tiene un PVPR de 89,99 euros, una cifra razonable para entrar en el mundo de la fotografía instantánea, aunque el verdadero coste aparece después con los cartuchos. Cada disparo cuesta dinero y eso debe tenerse en cuenta antes de comprarla. Frente a la Mini 12 no estamos ante una revolución: el temporizador es la principal novedad funcional y probablemente no justifique por sí solo actualizar si ya tenemos el modelo anterior en buen estado.

Para quien busca su primera cámara instantánea, en cambio, me parece una opción muy fácil de recomendar. Es sencilla, divertida, tiene un diseño atractivo y mejora uno de los aspectos más incómodos de generaciones anteriores al permitir fotografías de grupo mediante temporizador. No ofrece la mejor calidad fotográfica ni pretende hacerlo. La Instax Mini 13 vende algo diferente: convierte una fotografía cotidiana en un objeto físico único. Y después de tantos años almacenando miles de imágenes en el móvil, imprimir una sola en el momento sigue teniendo mucho más encanto del que debería.



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sábado, 22 de agosto de 2026

MSI Summit 13 AI+ Evo A2VMX, un portátil para los más exquisitos

El MSI Summit 13 AI+ Evo A2VMX pertenece a esa categoría de portátiles que tiene más sentido cuando dejamos de mirar únicamente la ficha técnica. Estamos ante un convertible de 13,3 pulgadas pensado principalmente para usuarios que trabajan en movimiento y necesitan un ordenador fácil de transportar, pero sin renunciar a un teclado completo, Windows 11 y una conectividad bastante más generosa que la de una tablet.

En la versión A2VMTG-034ES encontramos un Intel Core Ultra 7 258V, 32 GB de memoria LPDDR5x y un SSD PCIe 4.0 de 1 TB. También incorpora la gráfica integrada Intel Arc 140V y una NPU preparada para las funciones de los Copilot+ PC. Sin embargo, después de analizar el conjunto, la inteligencia artificial me parece secundaria. Lo realmente interesante está en su equilibrio entre tamaño, autonomía y posibilidades de uso. No pretende ser una estación de trabajo en miniatura, sino un portátil que podamos llevar prácticamente siempre encima sin que termine convirtiéndose en una carga.

Diseño y ergonomía: pequeño de verdad

Donde mejor se entiende el Summit 13 AI+ Evo es al meterlo en una mochila. Sus dimensiones de aproximadamente 30 x 22 centímetros, un grosor cercano a los 16 milímetros y esos 1,35 kg hacen que resulte realmente cómodo de transportar, algo que no siempre puedo decir de los modelos que se venden como ultraligeros. La construcción transmite una buena sensación y la bisagra de 360 grados permite pasar rápidamente del formato tradicional al modo tienda o tablet. Este último funciona especialmente bien para tomar notas, revisar documentos o utilizar el MSI Pen 2, aunque 1,35 kg siguen siendo demasiados para sostenerlo durante mucho tiempo como si fuera una tablet convencional.

Me parece más útil apoyado sobre una mesa que sujeto entre las manos. El diseño es sobrio y claramente orientado al entorno profesional, sin adornos innecesarios. Además, MSI acompaña el equipo de certificación MIL-STD-810H, aunque eso no significa que podamos tratarlo sin cuidado. Es un portátil pensado para viajar mucho, no un dispositivo rugerizado.

La pantalla cumple, pero no es su punto más llamativo

La pantalla de 13,3 pulgadas tiene resolución FHD+ de 1920 x 1200 píxeles y utiliza una relación de aspecto 16:10. En un tamaño tan compacto me parece una combinación acertada porque proporciona una imagen suficientemente definida sin aumentar innecesariamente el consumo. Ese espacio vertical adicional también resulta práctico al trabajar con documentos, hojas de cálculo o páginas web. El panel es táctil, compatible con MSI Precision Pen Touch y ofrece una cobertura del 100 % del espacio sRGB según la propia MSI, por lo que resulta suficientemente competente para productividad y edición gráfica ocasional.

La principal limitación aparece en los 60 Hz y en el uso de tecnología IPS-Level. La imagen se ve bien y no tengo grandes quejas para trabajar, pero en este segmento de precio ya existen muchos portátiles con paneles OLED de 90 o 120 Hz. Esos modelos ofrecen negros más profundos, mayor contraste y una sensación de fluidez superior. Aquí MSI ha preferido una pantalla funcional y eficiente antes que espectacular, una decisión coherente con la filosofía del equipo, pero que conviene tener presente antes de comprar.

Rendimiento: rápido donde realmente importa

El Core Ultra 7 258V es uno de los procesadores Lunar Lake de Intel y encaja especialmente bien en un ordenador como este. Cuenta con ocho núcleos y alcanza hasta 4,8 GHz, aunque su mayor virtud no está en perseguir cifras de rendimiento descomunales sino en mantener una experiencia rápida con un consumo bastante contenido. Durante un uso normal con navegador, Office, aplicaciones de mensajería, videollamadas y edición fotográfica, el Summit tiene potencia más que suficiente y se mueve con esa rapidez que esperamos de un ultrabook premium.

Los 32 GB de memoria LPDDR5x también son un punto importante de esta configuración, sobre todo porque están integrados y no podemos ampliarlos después. La gráfica Intel Arc 140V permite ir bastante más allá de la productividad básica y ofrece margen para edición multimedia e incluso algún juego ocasional ajustando calidad y resolución. No lo elegiría para renderizado 3D intensivo, edición pesada de vídeo o cargas sostenidas durante horas. Para esas tareas existen portátiles más grandes y potentes, pero también bastante menos cómodos de transportar.

Autonomía: probablemente su mejor argumento

La batería de 70 Wh llama especialmente la atención porque estamos hablando de un portátil de solamente 13,3 pulgadas. Es una capacidad que incluso algunos modelos considerablemente más grandes no alcanzan, y combinada con la eficiencia del Core Ultra 7 258V convierte la autonomía en uno de los grandes argumentos del Summit. En jornadas centradas en navegador, documentos, correo y reproducción multimedia podemos trabajar durante muchas horas sin estar constantemente buscando un enchufe.

Evidentemente, la duración real cambia mucho si utilizamos brillo elevado, hacemos videollamadas continuas o sometemos al procesador a cargas pesadas. No tomaría ninguna cifra de laboratorio como una promesa literal para todos los usuarios. Lo importante es la sensación que deja el conjunto: es uno de esos portátiles donde salir durante buena parte del día sin cargador parece razonable. Además, utiliza un adaptador USB-C Power Delivery de 65 W, por lo que tampoco estamos obligados a transportar un cargador propietario enorme. Para alguien que pasa el día entre reuniones, clases o desplazamientos, esta autonomía tiene más valor práctico que muchas de sus funciones de IA.

La inteligencia artificial está preparada para el futuro

La etiqueta AI+ del nombre no es únicamente marketing. El Core Ultra 7 258V incorpora una NPU Intel AI Boost capaz de alcanzar hasta 47 TOPS, mientras que la plataforma completa puede superar los 100 TOPS combinando sus diferentes motores. Eso permite que el Summit 13 AI+ Evo cumpla con los requisitos de Microsoft para entrar dentro de la categoría Copilot+ PC y ejecutar determinadas funciones de inteligencia artificial directamente en el dispositivo.

En la práctica, sin embargo, no compraría este portátil exclusivamente por su NPU. Algunas herramientas de Windows, efectos de cámara, procesamiento de sonido y aplicaciones compatibles pueden aprovecharla, pero todavía dependemos mucho del software para notar una diferencia realmente importante. Lo positivo es que el hardware ya está preparado para funciones que probablemente serán más habituales durante los próximos años. Lo veo como una capa adicional de futuro más que como su principal argumento de compra. A día de hoy, la eficiencia que acompaña a esta plataforma me parece bastante más importante que poder presumir de una determinada cantidad de TOPS.

Teclado y conectividad: pequeño, pero sin pasarse de minimalista

El teclado inevitablemente está condicionado por el tamaño del portátil. Las teclas principales tienen unas dimensiones razonables y la retroiluminación blanca ayuda cuando trabajamos con poca luz, aunque el conjunto resulta algo más compacto que en un ordenador de 14 pulgadas. Si escribimos durante muchas horas necesitaremos un pequeño periodo de adaptación, especialmente con algunas teclas secundarias. El touchpad tampoco es gigantesco, pero responde correctamente y aprovecha bien el espacio disponible.

MSI ha sido mucho menos agresiva recortando conexiones. Encontramos dos Thunderbolt 4 mediante USB-C con carga y salida de vídeo, un USB-A 3.2 Gen 1, HDMI 2.1 y conexión de audio de 3,5 mm. Para mí es una combinación mucho más útil que depender exclusivamente de puertos USB-C. También incorpora Wi-Fi 7, Bluetooth 5.4, lector de huellas y una cámara Full HD con infrarrojos para Windows Hello. El obturador físico para la webcam y funciones como TPM o Microsoft Pluton terminan de reforzar ese enfoque profesional que acompaña al Summit desde su diseño.

Opinión final, PVP y puntos de venta

El MSI Summit 13 AI+ Evo A2VMX es un portátil que apuesta más por la utilidad que por impresionar. No tiene la pantalla más espectacular de su categoría ni pretende competir contra equipos mucho más grandes en rendimiento bruto, pero ofrece algo que me parece más importante para su público: resulta pequeño, pesa solamente 1,35 kg, tiene una batería enorme para sus dimensiones y conserva una conectividad suficientemente completa. Los 32 GB de RAM de la versión con Core Ultra 7 258V también la convierten en una configuración mucho más interesante a largo plazo.

Su punto más discutible continúa siendo la pantalla IPS de 60 Hz, especialmente si lo comparamos con rivales OLED. A cambio tenemos un convertible muy equilibrado para alguien que pasa buena parte de la semana trabajando fuera de casa. El PVP de referencia de la configuración A2VMTG-034ES se sitúa desde aproximadamente 1.499 euros, aunque el precio puede cambiar considerablemente según disponibilidad y promociones. Puede encontrarse a través de MSI y distribuidores especializados, mientras que otras configuraciones de la familia Summit 13 AI+ Evo también aparecen en la MSI e-Shop española y Amazon España. Antes de comprar conviene comprobar especialmente que se trata de la versión de 32 GB, ya que existen variantes de 16 GB visualmente idénticas.



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Shokz OpenDots 2, calidad de audio y comodidad ante todo [Review]

Los auriculares abiertos llevan tiempo intentando demostrar que no son únicamente una solución para corredores o ciclistas. Los Shokz OpenDots 2 representan bastante bien esa evolución: mantienen el oído completamente libre mediante un diseño de clip, pero intentan acercarse más que nunca a la experiencia sonora de unos auriculares in-ear convencionales. La idea resulta especialmente interesante para quienes quieren escuchar música durante horas sin aislarse de su entorno ni soportar la presión que generan las almohadillas dentro del canal auditivo.

He probado los OpenDots 2 en color gris durante un uso bastante variado, incluyendo sesiones de música, trabajo, bicicleta y algunas tareas de bricolaje. Lo que más me ha sorprendido no es solamente su comodidad, que es excelente, sino la contundencia de su sonido. Shokz ha apostado por una ecualización claramente comercial, con bastante presencia en las frecuencias bajas, y el resultado funciona mejor de lo que esperaba teniendo en cuenta que estamos ante unos auriculares completamente abiertos.

Materiales y diseño

Los OpenDots 2 utilizan un diseño de clip formado por dos pequeñas cápsulas conectadas mediante el sistema JointArc. Una queda situada junto al conducto auditivo mientras la segunda descansa detrás de la oreja y actúa como contrapeso. La estructura combina plástico, silicona y una pieza interna flexible de níquel-titanio que permite adaptarse a distintas anatomías. Cada auricular pesa alrededor de 6,4 gramos, por lo que una vez colocado apenas genera sensación de peso.

La versión gris me parece especialmente acertada porque resulta discreta y bastante menos deportiva visualmente que otros productos de Shokz. La silicona que entra en contacto con la piel es agradable y reparte bien la presión, incluso durante sesiones largas. También cuentan con certificación IP57 frente al agua y el polvo, mientras que el estuche ofrece IP54. Durante mis salidas en bicicleta se mantuvieron completamente estables y tampoco tuve problemas utilizándolos durante tareas domésticas con bastante movimiento.

Especificaciones técnicas

En el interior encontramos el sistema acústico Bassphere 2.0, basado en dos transductores personalizados de 11,8 mm. Shokz utiliza esta configuración para mover una mayor cantidad de aire pese a que el auricular no sella el oído, algo fundamental para conseguir una respuesta grave convincente. La respuesta de frecuencia declarada se sitúa entre 100 Hz y 20 kHz. Como siempre ocurre en un diseño abierto, la posición exacta del auricular influye bastante en el resultado final.

La conectividad corre a cargo de Bluetooth 6.1 y los OpenDots 2 son compatibles con los códecs SBC y AAC. También disponen de conexión multipunto, Google Fast Pair y Microsoft Swift Pair. La autonomía alcanza hasta diez horas por carga y puede llegar a unas cuarenta horas utilizando el estuche. Este dispone de USB-C, carga inalámbrica Qi y carga rápida, con unos cinco minutos suficientes para recuperar aproximadamente dos horas adicionales de reproducción.

La aplicación como valor añadido

La aplicación de Shokz tiene bastante más importancia de la que podría parecer inicialmente. Desde ella podemos consultar la batería individual de los auriculares y el estuche, actualizar el firmware, gestionar la conexión multipunto y modificar el funcionamiento de los controles. También permite activar o desactivar algunas funciones de detección y localizar los auriculares, algo especialmente práctico teniendo en cuenta su reducido tamaño y lo fácil que resulta dejarlos olvidados en cualquier superficie.

El apartado de sonido es el más interesante. La aplicación incluye diferentes perfiles de ecualización, como estándar, graves, vocal o privado, además de permitir ajustes personalizados. También es posible activar Dolby Audio y experimentar con Smart EQ para adaptar el carácter sonoro a nuestras preferencias. Personalmente he terminado utilizando una configuración relativamente cercana al perfil estándar, porque los graves ya tienen bastante presencia de serie. Es una aplicación que merece la pena instalar y no un simple añadido testimonial.

Calidad de audio

El grave es posiblemente la mayor sorpresa de los OpenDots 2. Su perfil sonoro está claramente orientado hacia un público generalista y presenta una zona baja contundente, cálida y con bastante cuerpo. No alcanzan la profundidad física de unos buenos in-ear sellados, especialmente en el subgrave, pero sí consiguen una pegada muy poco habitual dentro de la categoría open-ear. Electrónica, pop, rock o música urbana se benefician especialmente de este tratamiento energético.

Los medios conservan una buena presencia y las voces quedan suficientemente adelantadas como para no desaparecer detrás del grave. No los considero unos auriculares especialmente analíticos, pero presentan instrumentos y voces con claridad y sin excesiva congestión. Los agudos son algo más contenidos, evitando estridencias durante sesiones largas. La escena sonora resulta amplia gracias al propio formato abierto, aunque el ruido exterior puede esconder pequeños detalles cuando estamos en una calle concurrida o en un entorno especialmente ruidoso.

Experiencia de uso

La bicicleta ha sido probablemente el escenario en el que más sentido he encontrado a los OpenDots 2. Puedo escuchar música manteniendo una percepción muy clara de coches, otras bicicletas y sonidos del entorno, sin depender de un modo transparencia generado artificialmente mediante micrófonos. Evidentemente, sigue siendo importante controlar el volumen y actuar con prudencia, pero la diferencia respecto a unos auriculares que bloquean físicamente el canal auditivo es enorme y transmite mucha más confianza.

También los he utilizado durante tareas de bricolaje y trabajo en casa. Poder mantener una conversación, escuchar el timbre o estar pendiente de lo que sucede alrededor sin quitarme los auriculares resulta especialmente cómodo. Además, después de varias horas no aparece esa sensación de fatiga dentro del oído que sí noto con muchos modelos in-ear. La conexión multipunto también resulta útil cuando alterno entre ordenador y teléfono, reforzando la sensación de estar ante unos auriculares pensados para todo el día.

Opinión del editor

Los Shokz OpenDots 2 tienen un PVP oficial de 199 euros, una cifra que los coloca claramente entre las opciones premium dentro del mercado open-ear. No son baratos y la ausencia de códecs como LDAC o aptX puede resultar difícil de justificar para determinados usuarios. Tampoco son una alternativa directa a unos auriculares con cancelación activa de ruido, porque su principal virtud consiste precisamente en dejar pasar todo lo que sucede a nuestro alrededor.

Aun así, me parecen unos auriculares especialmente redondos para quienes priorizan comodidad y conciencia del entorno. Suenan mucho mejor de lo esperado, tienen unos graves potentes, ofrecen una aplicación completa y prácticamente desaparecen de la oreja después de unos minutos. Después de utilizarlos haciendo bicicleta, bricolaje y durante jornadas normales de trabajo, creo que su mayor virtud está precisamente en esa facilidad para acompañarte durante horas sin obligarte a elegir entre escuchar música o seguir conectado con el mundo exterior.



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