jueves, 27 de agosto de 2026

El Roborock Qrevo Edge 2 Flow Set es el auténtico terror de la suciedad [Review]

El Roborock Qrevo Edge 2 Flow llega con una propuesta bastante clara: mejorar de verdad el fregado. Su principal novedad es el sistema SpiraFlow 2.0, un rodillo que se limpia continuamente mientras trabaja y que sustituye a las habituales mopas circulares de otros modelos Qrevo. A eso suma 35.000 Pa de potencia de aspiración, navegación LiDAR retráctil, detección inteligente de obstáculos y una base multifunción capaz de vaciar el polvo, gestionar el agua y limpiar el rodillo.

No es un robot pensado simplemente para recoger migas. Su objetivo es reducir al mínimo la limpieza manual del suelo, especialmente en viviendas con parquet, baldosa, mascotas o niños. Y ahí es donde empieza a justificar su precio. No sustituye por completo una limpieza profunda, pero sí consigue que el mantenimiento diario dependa mucho menos de nosotros.

Diseño bajo y navegación más flexible

El Qrevo Edge 2 Flow mide 8,98 centímetros de alto y utiliza el sistema RetractSense, que permite esconder el sensor LiDAR cuando necesita pasar por debajo de muebles bajos. En zonas abiertas, el módulo se eleva y escanea el entorno; cuando entra debajo de una cama o sofá, se retrae. Es una solución muy útil porque esos pocos milímetros pueden marcar la diferencia entre limpiar una zona o dejarla siempre fuera del recorrido.

No es tan bajo como el Qrevo Edge 2 convencional, que se queda en 7,98 centímetros, pero sigue siendo un robot bastante fino teniendo en cuenta todo lo que lleva en su interior. La base es grande y exige espacio permanente, algo habitual en esta gama. A cambio, centraliza casi todo el mantenimiento y evita tener que manipular el robot después de cada limpieza.

35.000 Pa, pero la potencia no lo es todo

Roborock anuncia una potencia máxima de 35.000 Pa, claramente superior a generaciones anteriores. En suelo duro, la capacidad de aspiración es excelente y permite recoger polvo fino, arena, migas y pelo sin problemas. En alfombras también hay potencia de sobra, aunque aquí la eficacia depende tanto de la trayectoria y del cepillo como de la cifra de succión.

Más importante me parece el sistema antienredos. El robot está diseñado para reducir la acumulación de pelo en el cepillo, algo especialmente útil en casas con mascotas o personas de pelo largo. No elimina por completo el mantenimiento, pero sí evita tener que darle la vuelta constantemente para cortar marañas. En bordes y esquinas también mejora gracias al cepillo lateral y a los mecanismos de extensión, aunque sigue existiendo el límite físico de utilizar un robot redondo.

SpiraFlow 2.0 es la verdadera novedad

El gran argumento del Qrevo Edge 2 Flow es su rodillo de fregado SpiraFlow 2.0. Mide 270 milímetros, gira hasta 240 veces por minuto y recibe agua limpia mediante 16 puntos de distribución. La idea es sencilla: en lugar de arrastrar una mopa cada vez más sucia por toda la habitación, el sistema va renovando continuamente la superficie que toca el suelo.

En la práctica, esto funciona especialmente bien con manchas habituales, huellas, barro, salpicaduras y suciedad de cocina. No hace milagros con residuos completamente secos, pero sí ofrece una limpieza más consistente que muchas soluciones basadas en mopas giratorias. Además, el rodillo puede desplazarse hacia el borde para limpiar más cerca del rodapié. Es una mejora que se nota mucho más en el día a día que cualquier aumento de potencia de aspiración.

Mejor comportamiento con alfombras

Uno de los problemas habituales de los robots que friegan aparece cuando tienen que pasar de suelo duro a alfombra. El Qrevo Edge 2 Flow puede elevar el rodillo hasta 15 milímetros y utiliza un sistema que ayuda a aislar la parte húmeda para evitar que roce la superficie textil.

Esto permite combinar aspirado y fregado dentro de una misma rutina sin necesidad de configurar tantas zonas prohibidas. Funciona especialmente bien en casas donde se alternan parquet, baldosa y alfombras finas. En alfombras muy gruesas sigue siendo recomendable ajustar bien la configuración, pero la solución es bastante más convincente que simplemente levantar una mopa mojada unos pocos milímetros.

Buena navegación y obstáculos bien resueltos

La navegación combina LiDAR, cámara RGB y varios sensores para detectar muebles, objetos y suciedad. Roborock afirma que puede reconocer más de 280 tipos de obstáculos. En la práctica, lo importante no es el número, sino que el robot pueda evitar cables, zapatillas o pequeños objetos con bastante solvencia.

También puede adaptar su comportamiento según lo que detecta. Si encuentra suciedad seca puede aumentar la aspiración, mientras que ante determinados residuos húmedos puede priorizar el fregado. La aplicación ofrece muchas opciones para dividir habitaciones, crear rutinas, ajustar potencias o definir zonas. Al principio puede resultar algo compleja, pero una vez configurado el mapa, lo normal es intervenir muy poco.

La base reduce mucho el mantenimiento

La estación multifunción vacía automáticamente el depósito de polvo, gestiona el agua limpia y sucia, lava el rodillo y lo seca con aire caliente. Es uno de los elementos que más cambia la experiencia diaria, porque evita tener que tocar el robot después de cada sesión.

Eso no significa que sea un sistema sin mantenimiento. Seguiremos teniendo que rellenar agua limpia, vaciar el depósito de agua sucia, cambiar la bolsa y limpiar ocasionalmente el rodillo o la bandeja. La diferencia es que esas tareas pasan de ser constantes a puntuales. Y en un robot de este precio, esa autonomía es casi tan importante como la propia limpieza.

Qrevo Edge 2 o Edge 2 Flow

El Qrevo Edge 2 convencional es más bajo y utiliza un sistema de fregado diferente, además de ofrecer 25.000 Pa de potencia. El Edge 2 Flow sube hasta 35.000 Pa y, sobre todo, incorpora el rodillo SpiraFlow 2.0.

Si la vivienda tiene mucho suelo duro, elegiría el Flow. Es donde su sistema de fregado aporta más valor. Si predominan las alfombras, la diferencia se reduce y puede tener más sentido optar por el Edge 2 normal o incluso por un modelo más económico. Aquí no merece la pena pagar el extra únicamente por tener más potencia.

Opinión del editor

El Roborock Qrevo Edge 2 Flow destaca más por cómo friega que por cuánto aspira. Los 35.000 Pa impresionan, pero el verdadero salto está en el rodillo SpiraFlow 2.0, que mantiene una superficie de limpieza más fresca mientras trabaja y consigue mejores resultados sobre suelo duro.

Lo que más me convence del Qrevo Edge 2 Flow es que sus mejoras no parecen pensadas únicamente para lucir bien en una presentación. El rodillo SpiraFlow 2.0, la gestión de alfombras y la automatización de la base tienen un impacto directo en el uso diario, que es justo donde un robot de este precio tiene que demostrar su valor. No es una compra para cualquiera, pero sí una opción muy lógica para quien quiera delegar de verdad buena parte de la limpieza del suelo. Y ahí está su principal virtud: no impresiona solo por todo lo que hace, sino por la cantidad de veces que evita que tengamos que hacerlo nosotros, que al final es para lo que queremos realmente un dispositivo así.

Con un PVP de 899 euros, sigue siendo un robot caro, aunque también muy completo. Su compra tiene especialmente sentido en casas con mascotas, niños, cocina abierta o bastante superficie de parquet y baldosa. Si vamos a aprovechar el fregado avanzado, ofrece una mejora clara frente a muchos modelos anteriores. Si solo buscamos aspirar polvo y migas, hay opciones mucho más económicas.



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martes, 25 de agosto de 2026

Nuevos Mac mini M6 y M5 Pro: todo lo que debes saber

Apple ha decidido que finales de agosto era un momento tan bueno como cualquier otro para poner patas arriba buena parte de su catálogo de ordenadores de sobremesa. Sin evento, sin demasiada ceremonia y con los próximos iPhone ya asomando por el horizonte, la compañía ha presentado los nuevos Mac mini y Mac Studio, pero también dos piezas mucho más importantes para entender hacia dónde se dirige Apple Silicon: los chips M6 y M5 Ultra. El primero es especialmente interesante porque supone el estreno del proceso de fabricación de 2 nanómetros dentro del catálogo de Apple, mientras que el segundo lleva la filosofía de memoria unificada de la compañía hasta cifras que hace no demasiado tiempo habrían parecido absurdas en un ordenador de este tamaño. Y sí, como era de esperar, buena parte del discurso vuelve a girar alrededor de la inteligencia artificial, especialmente de la posibilidad de ejecutar modelos directamente en el dispositivo en lugar de recurrir permanentemente a servicios en la nube.

Lo curioso es que Apple ha organizado esta generación de una forma bastante poco habitual. El Mac mini básico salta directamente del M4 al M6, mientras que el modelo profesional abandona el M4 Pro para utilizar un M5 Pro. Puede parecer que alguien ha mezclado las cajas en el almacén, pero tiene bastante sentido cuando observamos las prestaciones y, sobre todo, las necesidades de cada usuario. En paralelo, el Mac Studio pasa a utilizar M5 Max y estrena el esperado M5 Ultra, manteniendo el mismo diseño exterior de las últimas generaciones. No estamos, por tanto, ante ordenadores nuevos en el sentido tradicional: siguen siendo esas pequeñas cajas de aluminio que conocemos perfectamente. El cambio está dentro, con más rendimiento, almacenamiento más rápido, mejores conexiones inalámbricas y un énfasis evidente en cargas de trabajo profesionales e inteligencia artificial. El problema es que todo esto viene acompañado de una subida de precios que hace que el Mac mini pierda parte de aquella etiqueta de pequeño chollo que se ganó con el modelo M4.

Nuevos Mac mini M5 Pro y M6

El protagonista evidente es el Mac mini con M6, entre otras cosas porque es el primer dispositivo de Apple que utiliza esta nueva generación de procesadores. El M6 está fabricado mediante un proceso de 2 nanómetros e incorpora una CPU de 12 núcleos dividida entre dos supernúcleos, cuatro núcleos de rendimiento y seis de eficiencia. También encontramos una GPU de 12 núcleos con Neural Accelerators integrados y, por primera vez en un chip de esta familia, un doble Neural Engine de 16 núcleos. Traducido al idioma de quienes simplemente quieren que el ordenador vaya rápido: Apple habla de hasta un 40 % más de rendimiento de CPU, el doble de rendimiento gráfico y hasta cuatro veces más velocidad en determinadas cargas de inteligencia artificial frente al Mac mini M4 utilizado en sus pruebas. También aumenta el ancho de banda de la memoria hasta 170 GB/s. El M6 puede acompañarse de hasta 32 GB de memoria unificada y hasta 2 TB de almacenamiento SSD.

Por encima encontramos el Mac mini con M5 Pro, y aquí es donde la nomenclatura puede jugar una pequeña mala pasada. M6 es una generación más reciente, sí, pero M5 Pro continúa siendo el chip destinado a las cargas de trabajo realmente exigentes. Puede configurarse con una CPU de hasta 18 núcleos y una GPU de hasta 20, además de alcanzar los 64 GB de memoria unificada y 8 TB de almacenamiento. También hay diferencias importantes en conectividad: ambos Mac mini incorporan ahora Wi-Fi 7, Bluetooth 6 y Ethernet de 2,5 Gb/s de serie, configurable a 10 Gb/s, pero el M6 mantiene tres conexiones Thunderbolt 4 mientras que el M5 Pro ofrece Thunderbolt 5. Por delante siguen estando los dos USB-C y la conexión para auriculares que estrenó el rediseño de 2024. Exteriormente, de hecho, prácticamente nada cambia: seguimos teniendo esa pequeña caja de 12,7 centímetros que cabe casi en la palma de la mano y que, personalmente, me sigue pareciendo uno de los mejores diseños actuales de Apple.

Nuevos Mac Studio

El Mac Studio tampoco necesita un nuevo traje para justificar esta renovación. Apple mantiene el conocido chasis de aluminio, pero sustituye las anteriores configuraciones M4 Max y M3 Ultra por los nuevos M5 Max y M5 Ultra. El primero monta una CPU de 18 núcleos y puede alcanzar los 40 núcleos de GPU, con Neural Accelerators integrados dentro de cada núcleo gráfico. Puede configurarse además con hasta 128 GB de memoria unificada. Es una barbaridad de potencia para tareas habituales y, como ocurría con su predecesor, considero que hablar simplemente de “un Mac más rápido” se queda muy corto. Este es un producto destinado a edición de vídeo pesada, producción musical, desarrollo, fotografía profesional, renderizado 3D y ahora también a usuarios que trabajan con modelos de inteligencia artificial de manera local. El ancho de banda de memoria también aumenta y Apple asegura mejoras importantes tanto en gráficos como en IA frente al M4 Max al que sustituye.

Pero la auténtica bestia es el M5 Ultra. Apple utiliza una evolución de UltraFusion para combinar cuatro matrices de silicio y hacer que el sistema las trate como un único chip. El resultado puede alcanzar una CPU de 36 núcleos, una GPU de 80 núcleos y nada menos que 512 GB de memoria unificada, con un ancho de banda de hasta 1,2 TB/s. Son cifras que sólo tienen sentido para un grupo de usuarios muy concreto, pero precisamente ahí está la gracia del Mac Studio: no pretende ser un ordenador doméstico. Apple asegura que el M5 Ultra puede ejecutar localmente modelos de lenguaje con cientos de miles de millones de parámetros, y permite incluso agrupar varios Mac Studio mediante Thunderbolt 5 para aumentar el rendimiento en tareas de IA. A esto se suma una nueva arquitectura SSD PCIe Gen 6, hasta dos veces más rápida, Wi-Fi 7, Bluetooth 6 y capacidad para manejar hasta ocho pantallas. Es un ordenador desproporcionado, pero esta vez esa desproporción parece bastante deliberada.

Diferencias entre el Mac mini M4 y el Mac mini M6

Si ya tienes un Mac mini M4, la pregunta importante no es si el M6 es mejor, porque evidentemente lo es, sino cuánto vas a notar realmente la diferencia. Ambos mantienen exactamente la misma filosofía y prácticamente el mismo diseño, así que aquí no hay una pantalla mejor, un nuevo sistema de refrigeración visible o un cambio de formato que transforme la experiencia. El M4 utiliza una CPU y una GPU de 10 núcleos, mientras que el M6 sube ambas hasta 12 núcleos y estrena además el doble Neural Engine. Apple cifra la diferencia en hasta un 40 % más de rendimiento de CPU, el doble de potencia gráfica en determinados escenarios y hasta cuatro veces más rendimiento en algunas cargas relacionadas con IA. También se ha duplicado la velocidad máxima del almacenamiento según las pruebas de la compañía. Son mejoras importantes sobre el papel, especialmente para quien renderiza, compila o utiliza modelos locales, aunque para Safari, Mail, ofimática y consumo multimedia el M4 continúa teniendo potencia para aburrir.

Hay otras diferencias quizá menos espectaculares, pero más fáciles de apreciar durante muchos años de uso. El Mac mini M6 incorpora Wi-Fi 7 y Bluetooth 6, frente a Wi-Fi 6E y Bluetooth 5.3 de la generación M4, y el Ethernet pasa de 1 Gb/s a 2,5 Gb/s de serie, manteniendo la posibilidad de configurarlo a 10 Gb/s. El almacenamiento también es más rápido, aunque Apple sigue insistiendo en ofrecer únicamente 256 GB en el modelo básico, una cantidad que en un equipo que supera ya holgadamente los mil euros me parece difícil de defender. Y ahí aparece precisamente el gran inconveniente de esta generación. El Mac mini M4 debutó en España en 2024 por 719 euros con 16 GB de memoria, una combinación que lo convertía en una compra tremendamente atractiva. El nuevo M6 parte de 1.069 euros. Es mucho más rápido, sí, pero también cambia por completo la conversación: ya no estamos ante aquel Mac asequible que era casi imposible no recomendar.

Precio y lanzamiento oficial

Todos estos modelos se pueden reservar desde el 25 de agosto de 2026, aunque Apple ha fijado su llegada a tiendas y las primeras entregas para el próximo 22 de septiembre. En España, el nuevo Mac mini con M6 parte de 1.069 euros, mientras que la configuración con M5 Pro comienza en 2.019 euros. El salto hacia el Mac Studio eleva considerablemente la factura: el modelo con M5 Max arranca en 3.029 euros, mientras que para llevarnos el M5 Ultra tendremos que desembolsar como mínimo 6.649 euros. Además, las configuraciones más bestias pueden disparar esas cantidades rápidamente cuando aumentamos memoria o almacenamiento. Apple también mantiene precios educativos de 949 euros para el Mac mini M6, 1.899 euros para el M5 Pro, 2.789 euros para el Mac Studio M5 Max y 6.169 euros para el M5 Ultra. La versión del Mac Studio equipada con 512 GB de memoria unificada llegará algo más tarde, a finales de octubre.

Y es precisamente el precio lo que determina mi valoración inicial de esta renovación. Técnicamente, hay poco que reprochar: el M6 parece un salto muy interesante, el M5 Pro coloca al pequeño Mac mini en territorio de workstation compacta y el M5 Ultra demuestra hasta dónde puede llegar la arquitectura de memoria unificada cuando prácticamente desaparecen las restricciones económicas. Pero el Mac mini siempre tuvo un atractivo adicional: acercaba macOS y Apple Silicon a precios relativamente razonables, especialmente desde la llegada del M4. Con 1.069 euros de partida y todavía 256 GB de almacenamiento, esa ventaja se reduce bastante. Para alguien que viene de un Mac Intel, un M1 o incluso determinados M2, el nuevo M6 puede tener muchísimo sentido y ofrecer años de vida útil. Quien ya tenga un M4, en cambio, debería tener necesidades profesionales muy concretas para plantearse el cambio. Apple ha creado un Mac mini bastante mejor; simplemente ya no es aquel pequeño ordenador sorprendentemente barato que recomendábamos casi con los ojos cerrados.



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Fujifilm Instax Mini 13, una edición muy fresca de un clasicazo [Review]

En una época en la que hacemos decenas de fotografías con el móvil y muchas terminan olvidadas en la galería, una cámara instantánea sigue teniendo algo difícil de reproducir digitalmente. La Fujifilm Instax Mini 13 explota precisamente esa sensación. Apuntas, disparas y unos segundos después tienes entre las manos una fotografía física que no puedes editar, repetir infinitamente ni mejorar con inteligencia artificial. Esa limitación, lejos de ser un problema, forma buena parte de su encanto.

https://youtu.be/tvOeGpZ8PYY

La Mini 13 sucede a la popular Instax Mini 12 manteniendo una filosofía prácticamente idéntica: funcionamiento extremadamente sencillo, exposición automática y película Instax Mini. La principal novedad está en un temporizador integrado de 2 y 10 segundos, acompañado por algunos cambios estéticos que hacen que el cuerpo resulte todavía más desenfadado. No pretende competir con una cámara digital ni ofrecer control fotográfico avanzado. Su objetivo es bastante más sencillo: conseguir que hacer fotografías vuelva a ser divertido.

Materiales y diseño

Fujifilm mantiene una construcción predominantemente plástica, algo lógico en una cámara de este precio y que además ayuda a que resulte relativamente manejable. Sus dimensiones son de 105,5 x 124,7 x 67,6 mm y el peso alcanza los 327 gramos sin pilas, película ni correa. No es especialmente pequeña si la comparamos con una compacta digital, pero sus formas redondeadas hacen que se agarre bien y el nuevo diseño tiene bastante más personalidad que el de una cámara convencional.

Está disponible en cinco colores, con tonalidades como Clay White, Candy Pink, Dreamy Purple, Frost Blue y Lagoon Green. La estética es claramente juvenil, aunque sin llegar a parecer un juguete barato. El objetivo se activa girando el aro frontal y el mismo mecanismo permite acceder al modo de primer plano. En el frontal encontramos también el espejo para selfies y ahora un control específico para el temporizador. Todo está pensado para que cualquier persona pueda cogerla y empezar a utilizarla prácticamente sin mirar el manual.

Especificaciones técnicas

La Mini 13 utiliza película Fujifilm Instax Mini, con un tamaño total de 86 x 54 mm y una superficie de imagen de 62 x 46 mm. El objetivo tiene una distancia focal de 60 mm, construcción de dos elementos en dos grupos y una apertura fija f/12,7. El enfoque también es fijo, aunque el modo Close-Up está pensado específicamente para distancias de entre 30 y 50 centímetros. Para el resto de fotografías podemos trabajar desde aproximadamente medio metro hasta infinito.

El obturador electrónico funciona automáticamente entre 1/2 y 1/250 de segundo y la cámara calcula la exposición dentro de un rango de LV 5 a 14,5 tomando como referencia una sensibilidad ISO 800. También incorpora sincronización lenta cuando hay poca luz y flash automático con un alcance aproximado de 30 centímetros a 2,2 metros. Funciona mediante dos pilas AA, suficientes según Fujifilm para unos diez cartuchos de diez fotografías, dependiendo naturalmente de las condiciones de utilización.

Controles y funciones creativas

La principal novedad de esta generación es el temporizador. Podemos seleccionar un retardo de aproximadamente dos o diez segundos, algo especialmente útil para fotografías de grupo o autorretratos. Fujifilm incluye además un pequeño accesorio en forma de cuña que permite modificar ligeramente el ángulo de la cámara cuando la dejamos apoyada sobre una superficie. Parece una incorporación sencilla, pero soluciona uno de los problemas más evidentes de las Instax anteriores cuando queríamos aparecer nosotros también en la fotografía.

El modo Close-Up continúa siendo otra de las funciones más útiles. Al activarlo, la cámara incorpora corrección de paralaje en el visor para compensar la diferencia entre lo que vemos y lo que realmente captura el objetivo a corta distancia. El pequeño espejo frontal facilita además los selfies. No encontramos filtros digitales, Bluetooth ni una aplicación conectada, y sinceramente tampoco los echo de menos. Parte del atractivo de la Mini 13 consiste precisamente en reducir la experiencia a encuadrar, disparar y aceptar el resultado.

Calidad de imagen

Hablar de calidad de imagen en una Instax requiere cambiar ligeramente el criterio que utilizaríamos con una cámara digital. Las fotografías no destacan por una nitidez extraordinaria ni por un rango dinámico espectacular. Los colores tienen ese aspecto ligeramente suave y contrastado característico de la película instantánea, mientras que las altas luces pueden perder información con facilidad. Técnicamente un smartphone moderno hace fotografías mucho mejores, pero también muchísimo más predecibles. Y ahí está precisamente parte de la gracia.

Con buena iluminación, los resultados son especialmente agradables. Los tonos de piel funcionan bien, los colores tienen suficiente intensidad y la fotografía mantiene ese carácter analógico que buscamos cuando compramos una Instax. En interiores aparece con frecuencia el flash, dejando un sujeto bastante iluminado y un fondo más oscuro. El comportamiento puede resultar algo agresivo, pero forma parte de la estética de estas cámaras. El tamaño Mini tampoco permite apreciar grandes detalles, aunque es perfecto para guardar recuerdos, crear álbumes o regalar una fotografía en el momento.

Experiencia de uso

Lo mejor de la Mini 13 aparece cuando dejamos de pensar demasiado en fotografía. Durante una reunión con amigos resulta mucho más divertida pasar esta cámara que sacar constantemente el teléfono. El temporizador de diez segundos es especialmente práctico para dejarla sobre una mesa y conseguir fotografías de grupo sin que una persona tenga que quedarse siempre detrás de la cámara. El proceso de expulsar la fotografía y esperar alrededor de minuto y medio a que vaya apareciendo la imagen continúa teniendo un pequeño componente mágico.

También he encontrado especialmente divertido el modo Close-Up para retratos y fotografías más informales. Hay que acostumbrarse a no acercarse demasiado y a pensar un poco más cada disparo, porque cada fotografía tiene un coste real. Precisamente eso consigue que disparemos menos y prestemos mayor atención al momento. La exposición automática hace prácticamente todo el trabajo y rara vez necesitamos preocuparnos por los ajustes. A cambio, debemos aceptar que alguna fotografía saldrá sobreexpuesta, movida o simplemente mal encuadrada. Forma parte de la experiencia.

Opinión del editor

La Fujifilm Instax Mini 13 tiene un PVPR de 89,99 euros, una cifra razonable para entrar en el mundo de la fotografía instantánea, aunque el verdadero coste aparece después con los cartuchos. Cada disparo cuesta dinero y eso debe tenerse en cuenta antes de comprarla. Frente a la Mini 12 no estamos ante una revolución: el temporizador es la principal novedad funcional y probablemente no justifique por sí solo actualizar si ya tenemos el modelo anterior en buen estado.

Para quien busca su primera cámara instantánea, en cambio, me parece una opción muy fácil de recomendar. Es sencilla, divertida, tiene un diseño atractivo y mejora uno de los aspectos más incómodos de generaciones anteriores al permitir fotografías de grupo mediante temporizador. No ofrece la mejor calidad fotográfica ni pretende hacerlo. La Instax Mini 13 vende algo diferente: convierte una fotografía cotidiana en un objeto físico único. Y después de tantos años almacenando miles de imágenes en el móvil, imprimir una sola en el momento sigue teniendo mucho más encanto del que debería.



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