sábado, 11 de abril de 2026

Gmail lleva el cifrado de extremo a extremo a su app móvil

Gmail cifrado extremo a extremo en el móvil

La seguridad del correo electrónico vuelve a ocupar un lugar protagonista. Gmail, uno de los servicios de email más utilizados tanto a nivel personal como profesional en España y el resto de Europa, ha dado un paso más en su estrategia de protección de datos al llevar el cifrado de extremo a extremo también a su aplicación móvil.

Con esta novedad, las organizaciones que usan Google Workspace pueden redactar y consultar mensajes cifrados directamente desde el teléfono, sin depender únicamente de la versión web. La medida busca reforzar la confidencialidad de la información en un contexto en el que gran parte de la actividad laboral y administrativa se gestiona ya desde el móvil.

Qué supone el cifrado de extremo a extremo en la app de Gmail

Aplicación móvil de Gmail con cifrado

El cifrado de extremo a extremo (E2EE, por sus siglas en inglés) implica que el contenido del mensaje queda protegido desde que sale del remitente hasta que llega al destinatario, sin que terceros —incluida la propia Google— puedan acceder al texto del correo. Esta tecnología ya estaba disponible en Gmail para determinados escenarios, pero ahora da el salto a los dispositivos móviles.

Los usuarios de Gmail en Android y iOS pueden redactar y leer correos blindados con E2EE desde la propia aplicación, siempre que su organización tenga activado este tipo de cifrado basado en claves gestionadas por el cliente (CSE). De este modo, se refuerza la privacidad de comunicaciones que puedan contener datos personales, información financiera o documentos confidenciales.

Google subraya que este lanzamiento pretende combinar el máximo nivel de protección de datos con una experiencia sencilla, de forma que el uso del cifrado no se convierta en una barrera para el trabajo diario. La idea es que enviar un correo protegido no requiera pasos complejos ni conocimientos técnicos específicos.

Esta mejora es especialmente relevante para empresas, organismos públicos y grandes corporaciones europeas que deben cumplir normativas estrictas de privacidad y seguridad, como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). La posibilidad de aplicar el cifrado de extremo a extremo también desde el móvil ayuda a mantener ese cumplimiento incluso cuando se teletrabaja o se responde a correos fuera de la oficina.

Evolución del cifrado en Gmail hasta llegar al móvil

Seguridad y cifrado en Gmail

La llegada del E2EE a la app móvil no es un movimiento aislado, sino el último paso de un proceso iniciado el año pasado. En una primera fase, Gmail permitió enviar mensajes cifrados solo dentro de la misma organización, es decir, entre cuentas pertenecientes al mismo dominio corporativo de Google Workspace.

Posteriormente, Google amplió el alcance y el sistema empezó a admitir correos cifrados dirigidos a cualquier bandeja de entrada de Gmail. Con ello, las empresas podían comunicarse de forma segura con socios, proveedores o clientes que también usaran el servicio de Google, sin limitarse a su propio entorno interno.

La siguiente actualización dio un salto más amplio: a finales de año, el cifrado de extremo a extremo se abrió a cualquier dirección de correo electrónico, incluso aunque no perteneciera a Gmail. Esto permitió mantener conversaciones cifradas con usuarios que utilizan otros proveedores, algo clave en contextos internacionales o de colaboración entre distintas plataformas.

Con la extensión actual a la aplicación móvil, todo ese recorrido culmina en una experiencia mucho más flexible: ahora se pueden iniciar y responder hilos protegidos directamente desde el smartphone, sin tener que esperar a estar frente al ordenador. Para muchos profesionales que se mueven continuamente, este cambio puede marcar la diferencia en el día a día.

En términos prácticos, los correos cifrados llegan a la bandeja como conversaciones normales dentro de Gmail. El usuario no ve grandes cambios en el aspecto del hilo, más allá de los indicadores de seguridad y del icono del candado al redactar o revisar el mensaje.

Cómo funciona el acceso a los mensajes cifrados

Uso del cifrado en la app móvil de Gmail

Uno de los puntos que Google ha querido cuidar es que el receptor del mensaje no tenga que lidiar con procesos complicados para leer un correo cifrado de extremo a extremo. En el caso de que el destinatario tenga instalada la aplicación de Gmail, el contenido se mostrará integrado en su bandeja como un hilo más, respetando el formato habitual.

Si el usuario destinatario no utiliza la app de Gmail en su móvil, seguirá pudiendo acceder al mensaje desde un navegador compatible, ya sea en un ordenador o en el propio teléfono. De esta forma, el remitente no tiene que preocuparse por si la otra persona dispone o no de la aplicación, ya que el sistema ofrece una vía alternativa para abrir el contenido protegido.

Para el usuario final, el gesto clave al redactar un correo cifrado en la app móvil es el icono del candado. Desde ese símbolo se puede comprobar si el mensaje se está enviando con la protección adecuada y, en entornos corporativos, seguir las directrices marcadas por el administrador de la organización. La idea es que la activación del cifrado se haga en apenas un toque.

Esta integración transparente es importante para que, en contextos como el de las pymes, despachos profesionales o administraciones locales en España, la adopción de cifrado fuerte no suponga un cambio drástico en la forma de trabajar. Cuanto menos fricción haya, más fácil será que los empleados lo utilicen de forma habitual.

Papel de los administradores y despliegue de la función

El despliegue del cifrado de extremo a extremo para la app de Gmail se ha iniciado recientemente y, por ahora, requiere la intervención de los administradores de Google Workspace. Son ellos quienes deben activar la función desde la interfaz de administración de CSE (Client-side Encryption), donde se configuran las políticas y la gestión de claves.

En ese panel de control, las organizaciones pueden definir qué grupos de usuarios tienen acceso al cifrado, establecer reglas de uso según perfiles y asegurarse de que las claves se manejen de acuerdo con sus propias políticas internas o con las exigencias regulatorias que tengan que cumplir en la Unión Europea.

Una vez habilitada la función a nivel de dominio o unidad organizativa, los trabajadores verán disponible la opción de añadir cifrado al redactar un nuevo correo desde el móvil, igual que ya podían hacerlo desde la versión web. No se requiere instalar una app adicional ni extensiones externas, lo que simplifica considerablemente la puesta en marcha.

Google explica que este lanzamiento está pensado tanto para pequeñas empresas como para grandes corporaciones y el sector público, que han incrementado su dependencia del correo electrónico para cuestiones sensibles. La compañía insiste en que la prioridad es mantener la usabilidad de Gmail que ya conocen los usuarios, añadiendo una capa extra de seguridad encima.

Aunque la comunicación oficial no se centra de forma exclusiva en un país concreto, este tipo de mejoras encaja con las demandas de instituciones europeas, universidades, hospitales y entidades financieras que necesitan garantías adicionales sobre cómo se protegen los datos de sus clientes y ciudadanos, especialmente cuando se manejan desde dispositivos móviles.

En conjunto, la expansión del cifrado de extremo a extremo a la app móvil de Gmail refuerza la idea de que la protección de la información ya no puede limitarse al ordenador de la oficina. En un escenario en el que el móvil se ha convertido en la herramienta principal de trabajo para muchos profesionales, disponer de comunicaciones cifradas también en el teléfono ayuda a reducir riesgos y a mantener un nivel de privacidad más acorde con las exigencias actuales.



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Ajustes competitivos de NVIDIA: cómo bajar la latencia al mínimo posible

Ajustes competitivos de NVIDIA

Cuando hablamos de jugar de forma competitiva en PC, uno de los factores que más marca la diferencia no son solo los FPS, sino la latencia: el tiempo que pasa desde que haces clic o pulsas una tecla hasta que lo ves reflejado en pantalla. Si usas una gráfica GeForce, el ecosistema de NVIDIA ofrece un montón de ajustes para rascar milisegundos por todas partes y conseguir una sensación mucho más inmediata y precisa.

En este artículo vas a encontrar una guía totalmente orientada a bajar la latencia al mínimo posible con tarjetas NVIDIA: configuración del Panel de control, cómo combinar G-SYNC, V-Sync y NVIDIA Reflex, qué hacer con el modo de baja latencia, cómo limitar FPS, qué tocar en Windows y hasta cómo aprovechar el overclock automático de GeForce Experience, incluyendo consejos sobre ajustes y controladores para estabilizar juegos. La idea es que termines con una configuración sólida, entendiendo el porqué de cada opción, sin dogmas ni recetas mágicas.

Qué es la latencia y por qué NVIDIA tiene tanto que decir

Antes de tocar nada, conviene tener claro qué estamos intentando mejorar: la latencia es el retraso total entre tu entrada (ratón, teclado, mando) y la imagen actualizada en el monitor. Ese tiempo se reparte entre la CPU, la GPU, el motor del juego y la pantalla, y cada eslabón de la cadena puede añadir milisegundos que se notan, sobre todo en shooters competitivos o juegos donde la precisión es clave. En juegos en línea la red también influye y, por ejemplo, los servicios comerciales Edge pueden ayudar a recortar ese tramo de latencia.

La buena noticia es que el ecosistema de NVIDIA incluye varias tecnologías pensadas específicamente para este problema: modo de baja latencia del driver, NVIDIA Reflex, G-SYNC, gestión de V-Sync desde el Panel de control, limitadores de FPS muy finos y herramientas de ajuste de frecuencia de la GPU. Bien combinadas, permiten recortar unos cuantos ms en casi cualquier equipo.

G-SYNC, V-Sync y latencia: cómo combinarlos sin liarla

Uno de los temas que más confusión genera es la relación entre G-SYNC, V-Sync y la latencia. Se mezclan mitos, consejos contradictorios y experiencias sueltas, y al final muchos jugadores no saben si activar o desactivar cada opción ni dónde hacerlo, sobre todo cuando vienen de consola o de monitores sin frecuencia de actualización variable.

Lo primero: si tienes un monitor con frecuencia de actualización variable (VRR), como un panel compatible con NVIDIA G-SYNC, puedes combinar lo mejor de dos mundos: eliminar el tearing (fragmentación de imagen) y mantener una latencia muy baja, siempre que se configure correctamente la relación entre FPS y tasa de refresco.

Con G-SYNC activo, el monitor sincroniza su frecuencia con los FPS que genera la GPU (mientras estos se mantengan dentro del rango del panel). Eso evita la fragmentación sin necesidad de depender del V-Sync tradicional, que introduce cola de fotogramas y, por tanto, retraso en la respuesta.

La clave está en que, aunque suene raro, G-SYNC se apoya en V-Sync. Por eso muchos usuarios expertos recomiendan una configuración concreta: V-Sync activado en el Panel de control de NVIDIA y desactivado dentro del juego. De esta forma, mientras los FPS estén por debajo de la tasa de refresco del monitor, G-SYNC hace su trabajo y el V-Sync clásico no llega a meterse por medio.

Varios jugadores con monitores G-SYNC han consensuado una fórmula bastante segura: G-SYNC activado, V-Sync en el Panel de control en “Activado” y V-Sync desactivado dentro del juego. A eso se le añade NVIDIA Reflex (si el título la soporta) y, en caso de no tener Reflex, un pequeño margen en el límite de FPS para evitar que el V-Sync entre en acción y añada cola de renderizado.

Configuración recomendada de G-SYNC y V-Sync paso a paso

Partiendo de las mejores prácticas que se han ido afinando en la comunidad, una configuración muy sólida para aprovechar G-SYNC y minimizar la latencia sería esta: G-SYNC activado, V-Sync activado solo en el Panel de control y desactivado en el juego, añadiendo Reflex cuando toque. No es la única posible, pero sí una de las que ofrece un equilibrio ideal entre suavidad, control y respuesta.

  • En el Panel de control de NVIDIA: activa G-SYNC (para pantalla completa o pantalla completa + ventana, según cómo uses los juegos) y pon V-Sync en “Activado”.
  • Dentro de cada juego: desactiva siempre el V-Sync interno y, si existe, activa “NVIDIA Reflex” o “NVIDIA Reflex + Boost”.
  • Limitador de FPS: si el juego tiene Reflex, normalmente puedes dejar los FPS desbloqueados; si no tiene Reflex, compensa limitar los FPS ligeramente por debajo de la tasa de refresco.

Esta combinación hace que, mientras los fotogramas no alcancen el techo de hercios del monitor (por ejemplo, 144 Hz o 240 Hz), sea G-SYNC quien marque el ritmo, consiguiendo una animación fluida y una latencia baja. El V-Sync del Panel de control solo entra en acción cuando los FPS superan la tasa del monitor, evitando tearing en esos picos, pero a costa de añadir algo de retraso, de ahí la importancia de no llegar a ese punto.

Hay que tener en cuenta una limitación importante: el V-Sync activado desde el Panel de control solo funciona en aplicaciones que corren en modo pantalla completa exclusivo. Además, en muchos portátiles con gráfica integrada + dedicada (configuración tipo MS Hybrid), la opción de V-Sync del Panel de control tampoco se aplica de forma directa. En esos casos, si quieres usar la combinación G-SYNC + V-Sync + Reflex, tendrás que tirar del V-Sync integrado en el propio juego para replicar el comportamiento lo mejor posible.

Cómo limitar FPS para evitar que V-Sync dispare la latencia

Para minimizar el impacto del V-Sync en la latencia, una táctica muy eficaz es fijar los FPS un poco por debajo de la tasa de refresco del monitor. De ese modo mantienes G-SYNC siempre activo y evitas que el V-Sync llegue a “enganchar” el flujo de fotogramas y empiece a ponerlos en cola, que es cuando el tiempo de respuesta se dispara.

La regla práctica más extendida es ajustar el límite aproximadamente un 4 % por debajo de la frecuencia del panel. Eso se traduce en cifras muy concretas: para un monitor de 120 Hz, un límite de unos 116 FPS; para uno de 144 Hz, unos 138 FPS. Ese pequeño colchón sirve para que, incluso con fluctuaciones ligeras, los fotogramas no rebasen la barrera donde el V-Sync comenzaría a intervenir de forma agresiva.

En títulos que no son compatibles con NVIDIA Reflex, tienes varias formas de imponer ese límite: puedes usar el limitador interno del juego si dispone de él, recurrir al limitador de FPS del Panel de control de NVIDIA o, mejor aún, aprovechar el modo de baja latencia “Ultra”, que en muchos casos se encarga de gestionar esa cola de fotogramas de forma inteligente para mantener la GPU por debajo del tope de la pantalla.

Si el juego sí soporta Reflex, la historia cambia: al delegar buena parte de la gestión de la cola de renderizado en Reflex, muchas veces lo ideal es dejar los FPS sin límite (o con un límite muy alto) y permitir que la tarjeta gráfica trabaje a tope, siempre que el equipo lo aguante térmica y energéticamente. Eso suele ofrecer latencias más bajas que hacer un cap estricto bajo los hercios del monitor.

No olvides que este planteamiento está muy orientado a la experiencia competitiva. Si priorizas la estabilidad de imagen, el ruido o la temperatura, puede interesarte un límite más conservador, aunque sacrifiques uno o dos milisegundos de ventaja.

NVIDIA Reflex y modo de baja latencia del driver

En los últimos años, NVIDIA ha introducido dos pilares clave para atacar directamente la latencia de entrada: la tecnología NVIDIA Reflex, integrada en los juegos, y el modo de baja latencia del driver, configurable desde el Panel de control. Aunque van de la mano, no son lo mismo ni se usan igual.

NVIDIA Reflex es una API que los desarrolladores integran en el motor del juego para coordinar CPU y GPU de forma mucho más precisa. La idea es reducir a mínimos el número de fotogramas que se preparan por adelantado, alineando el renderizado con tu entrada lo máximo posible. Cuando activas Reflex (o Reflex + Boost) en un título compatible, la latencia desde el ratón al píxel se suele reducir de manera muy notable.

El modo de baja latencia del driver, por su parte, es una opción a nivel de controlador que actúa de manera similar al antiguo parámetro de “Frames pre-renderizados máximos”. Lo que hace es limitar el número de fotogramas que la GPU deja en cola antes de mostrarlos. Tiene tres posiciones: Desactivado, Activado y Ultra, cada una con un impacto diferente en el comportamiento del renderizado.

Muchos jugadores se preguntan qué combinación es mejor: si dejarlo en Desactivado, Activado o Ultra, y cómo se relaciona con aquel parámetro viejo de “Usar la configuración de la aplicación 3D”. La equivalencia general es que “Baja latencia = Activado” se parece bastante a forzar “frames pre-renderizados” en 1, mientras que la opción por defecto de antes dejaba que fuera el juego quien decidiera cuántos fotogramas acumulaba.

¿Desactivado, Activado o Ultra? Cuándo usar cada modo

La elección entre las tres posiciones del modo de baja latencia depende mucho del tipo de juego, de si tiene NVIDIA Reflex integrado y del rendimiento de tu equipo. No hay una única respuesta perfecta, pero sí una serie de recomendaciones bastante sólidas basadas en pruebas y experiencia real.

Si sueles jugar a títulos competitivos compatibles con NVIDIA Reflex (Valorant, Fortnite, Overwatch, Call of Duty, etc.), lo más sensato es dejar el modo de baja latencia del driver en “Desactivado” y confiar en Reflex activado dentro del juego. Reflex está pensado para tomar el control de la cola de renderizado de forma más profunda que el driver, así que meter las dos cosas a la vez puede ser redundante o incluso contraproducente.

En juegos donde no existe Reflex, como muchos títulos para un solo jugador o shooters más antiguos, sí cobra sentido tocar esta opción. Para una experiencia más reactiva sin cambiar drásticamente el comportamiento del juego, “Activado” suele ser el punto intermedio recomendable: reduce la cola de frames sin volverse excesivamente agresivo.

El modo “Ultra” está pensado para situaciones en las que quieres priorizar la respuesta por encima de todo, incluso a costa de cierta inestabilidad en los FPS si la GPU va justa. Al lanzar los fotogramas lo más tarde posible, puede reducir aún más la latencia cuando estás limitado por la GPU, pero también hace que cualquier variación de carga se note más en forma de stutter o microtirones.

Si venías del viejo ajuste de “Max_Prerendered_Frames = 1” y te funcionaba bien, “baja latencia = Activado” se aproxima bastante a ese comportamiento. La posición por defecto anterior de “Usar la configuración de la aplicación 3D” equivaldría ahora, en la práctica, a dejar el modo de baja latencia en Desactivado, permitiendo que cada juego gestione su propia cola de frames.

Caso real: monitor G-SYNC 240 Hz y shooters competitivos

Ajustes competitivos de NVIDIA: cómo bajar la latencia al mínimo posible

Quienes llegan a PC desde consola suelen encontrarse con un mar de opciones que abruma. Un ejemplo típico es el del jugador que estrena un monitor G-SYNC de 240 Hz y quiere exprimirlo en títulos como Battlefield, Overwatch, Fortnite o Valorant, pero no siempre consigue mantener FPS constantes por encima de 240.

En ese escenario concreto, y partiendo de que no te molesta especialmente el tearing, hay varias decisiones clave que tomar: ¿usar G-SYNC o desactivarlo? ¿Combinarlo con V-Sync local o del Panel de control? ¿Dejar los FPS desbloqueados o fijar un límite? ¿Activar o no el modo de baja latencia del driver?

Si la prioridad absoluta es respuesta 1:1, y realmente no te importa ver algo de fragmentación ocasional, una opción bastante directa es desactivar cualquier forma de V-Sync, incluso con G-SYNC, y permitir que los FPS suban todo lo que la GPU aguante. El tearing en un panel de 240 Hz suele ser mucho menos evidente que en 60 Hz, así que para muchos jugadores deja de ser un problema serio.

Sin embargo, si sí valoras una imagen limpia, con G-SYNC tienes un punto medio muy interesante: puedes mantener G-SYNC activado para suavizar la animación siempre que los FPS estén dentro de su rango, usar Reflex en los juegos que lo permiten y jugar con el límite de FPS para no llegar a saturar el monitor. Ahí, lo habitual es dejar V-Sync solo en el Panel de control y desactivarlo dentro del juego, justo como en la configuración estándar que comentábamos antes. Si además juegas online, usar VPNs para gaming puede ayudar a reducir el ping en determinadas rutas.

Los usuarios más orientados a competitivo extremo suelen priorizar el desbloqueo de FPS por encima de todo, porque cuantos más fotogramas genera la GPU, menor es generalmente la latencia de entrada, siempre que el sistema lo aguante térmica y energéticamente. En esos casos se acepta sacrificar algo de consistencia visual a cambio de tener una sensación de control más inmediata, sobre todo en shooters rápidos donde cada milisegundo cuenta.

Activar el Modo de juego de Windows para ayudar a la CPU

No todo depende de NVIDIA: el propio sistema operativo también puede ayudar a reducir la latencia. En Windows 10 y Windows 11 existe el “Modo de Juego”, una función pensada para priorizar los procesos relacionados con el juego activo y minimizar interferencias de tareas en segundo plano, algo que se nota especialmente cuando la CPU va justita.

Al activar esta opción, Windows intenta centrar los recursos del procesador en el juego, reduciendo interrupciones de servicios secundarios, descargas en segundo plano u otros procesos que podrían generar microparones o añadir retraso entre tus entradas y la simulación interna del título. Si además quieres optimizar la latencia del sonido, puedes consultar cómo ajustar la latencia de audio en Windows 11.

El proceso para encenderlo es muy sencillo: pulsa el botón de Inicio de Windows y entra en Configuración; desde ahí ve al apartado “Juegos” y luego a “Modo de juego”. En esa pantalla, basta con que marques el interruptor en “Activado” para que el sistema empiece a aplicar estas optimizaciones cuando detecta un juego a pantalla completa.

No esperes milagros, pero en equipos donde la CPU se ve fácilmente saturada, este pequeño ajuste puede reducir picos de latencia y hacer que la línea temporal de entrada-simulación-salida sea algo más regular. Combinado con las mejoras del Panel de control de NVIDIA, suma un pequeño extra que no cuesta nada habilitar.

Modificar frecuencias de CPU y GPU para rascar milisegundos

Otro terreno donde se pueden ganar unos milisegundos de latencia total es en la modificación de frecuencias de CPU y GPU. No hace falta convertirse en un entusiasta del overclock, pero entender que una GPU o CPU más rápida recorta el tiempo de procesado de cada fotograma ayuda a ver dónde están los márgenes de mejora.

Cuando subes la frecuencia de la CPU, esta puede simular los frames del juego más deprisa: calcula la lógica, IA, físicas y demás en menos tiempo, lo que se traduce en que la GPU puede recibir antes las órdenes de dibujado. De forma similar, al aumentar la frecuencia de la GPU, el renderizado puro (sombras, texturas, efectos) se completa más rápido, acortando el tramo de latencia asociado al trabajo gráfico.

La suma de ambas cosas puede suponer varios milisegundos menos en la latencia total del sistema, especialmente si pasas de ir muy justo de FPS a alcanzar de forma estable la tasa de refresco del monitor. Además, un equipo que genera más FPS tiende a responder mejor a tus movimientos, porque el motor del juego actualiza la imagen con mayor frecuencia.

Eso sí, tocar voltajes y frecuencias a mano implica riesgos (inestabilidad, temperaturas elevadas, reducción de vida útil si se abusa), y no todo el mundo quiere o sabe meterse en ese berenjenal. Por fortuna, NVIDIA ha introducido un sistema de ajuste automático de GPU en su software GeForce Experience que simplifica bastante este proceso.

En la versión más reciente de GeForce Experience, disponible en Beta, se ha añadido un “sintonizador automático” capaz de escanear tu GPU y ajustar la curva voltaje/frecuencia adecuada para esa unidad en concreto. Para usarlo, basta con descargar la Beta, pulsar ALT + Z para abrir el overlay, hacer clic en “Rendimiento” y ejecutar el ajuste automático en tu gráfica GeForce RTX Serie 20 o Serie 30.

Ajuste automático de la GPU con GeForce Experience

El sintonizador automático de GeForce Experience está pensado para quienes quieren ganar rendimiento extra sin entrar en herramientas avanzadas de overclocking. Analiza la capacidad de tu GPU, su margen de voltaje y las temperaturas para construir una curva de frecuencia lo más eficiente posible dentro de parámetros seguros.

Una vez lo activas, el sistema realiza una serie de pruebas y ajusta la configuración de la GPU con un solo clic. Esto suele traducirse en unos cuantos FPS adicionales en muchos juegos, lo suficiente como para pasar de un rendimiento irregular a una línea más estable cercana a la tasa de refresco de tu monitor, lo que a su vez repercute en la latencia percibida.

No es una solución milagrosa, pero como complemento al resto de ajustes que hemos visto —G-SYNC bien configurado, limitador de FPS adecuado, modo de baja latencia bien elegido y Reflex cuando esté disponible— puede ayudar a pulir la experiencia competitiva sin necesidad de trastear con sliders avanzados ni perfiles manuales.

Ten en cuenta que estos cambios pueden afectar a consumo y temperatura, así que conviene vigilar que tu caja tenga una ventilación decente y que la fuente de alimentación esté a la altura. Aun así, el modo automático suele ser bastante conservador comparado con los overclocks manuales agresivos.

Mirando todo en conjunto, la gran ventaja del ecosistema NVIDIA es que permite ajustar cada eslabón de la cadena para que tu entrada llegue a pantalla con el menor retraso posible: Windows priorizando el juego, la CPU y la GPU procesando más rápido, el driver gestionando la cola de frames, Reflex alineando todo y G-SYNC sincronizando monitor y FPS. Cuando todas estas piezas encajan, la sensación de control y fluidez mejora de forma clara, y esos milisegundos que ganas en cada acción pueden ser la diferencia entre eliminar y ser eliminado en los títulos más exigentes.



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Apple lidera el mercado mundial de smartphones en plena caída de envíos

Apple lidera el mercado mundial de smartphones

El arranque de 2026 ha dejado un mensaje claro en la industria móvil: Apple se sitúa por delante de todos sus competidores en el mercado mundial de smartphones en un momento en el que las ventas globales van a la baja. Pese a un entorno complicado, marcado por la escasez de componentes y un consumidor más cauto, la compañía ha conseguido afianzarse en la primera posición por envíos durante el primer trimestre del año.

Los últimos datos de firmas como Counterpoint Research confirman que Apple logra por primera vez el liderazgo global en un primer trimestre, un periodo históricamente dominado por Samsung. Este cambio de equilibrio se produce mientras el mercado total de teléfonos inteligentes sufre una contracción del 6% interanual, arrastrado por problemas en la cadena de suministro y un contexto geopolítico y económico menos favorable.

Apple toma la delantera en un mercado en contracción

Según las estimaciones preliminares del Monitor de Mercado de Counterpoint, los envíos mundiales de smartphones cayeron alrededor de un 6% interanual en el primer trimestre de 2026. El descenso no responde tanto a una falta de interés por la tecnología como a un conjunto de factores que han encarecido la producción y han retrasado lanzamientos clave.

En este contexto adverso, Apple se ha desmarcado del resto de fabricantes. La compañía habría alcanzado una cuota de mercado global cercana al 21% y un crecimiento interanual del 5% en envíos, una combinación poco habitual cuando el resto del sector va a la baja. Este hito resulta especialmente relevante porque se trata de la primera vez que encabeza el ranking mundial específicamente en un primer trimestre, un periodo estratégico tras la campaña navideña.

La explicación no está solo en las cifras, sino en la estructura del negocio. Mientras el volumen total se reduce, el peso del segmento premium y la fortaleza de las grandes marcas se intensifica. Apple se beneficia de un posicionamiento centrado en la gama alta, donde el impacto del aumento de costes es más asumible y el cliente muestra mayor disposición a pagar por ecosistema y experiencia.

Detrás de este desempeño también hay una cuestión de organización interna: la gestión de la cadena de suministro de Apple ha sido más eficiente que la de muchos de sus rivales. En un momento de escasez de memorias DRAM y NAND, la compañía ha logrado asegurar componentes clave y mantener un ritmo de producción suficientemente estable para atender la demanda de sus modelos más recientes.

El papel del iPhone 17 y la fuerza del ecosistema

Apple líder global en smartphones

Uno de los motores del avance de Apple ha sido la sólida demanda de la familia iPhone 17. La nueva generación de teléfonos ha encontrado hueco en un mercado más maduro, donde el usuario ya no renueva con tanta frecuencia, pero sí muestra interés por saltos cualitativos en cámara, rendimiento o integración con otros dispositivos.

Los programas de intercambio y recompra han tenido también un peso considerable. A través de planes de renovación y ofertas asociadas, Apple ha logrado estimular la actualización de terminales sin recurrir a rebajas agresivas de precios, protegiendo así sus márgenes en un entorno de costes crecientes. Este tipo de iniciativas resulta especialmente atractivo en Europa, donde muchos operadores y distribuidores integran el valor del dispositivo en cuotas mensuales.

La clave, en todo caso, va más allá del hardware. Los analistas coinciden en que el ecosistema de servicios, software y dispositivos conectados refuerza la posición de Apple frente a sus competidores. El smartphone ya no es un aparato aislado, sino el centro de un conjunto de herramientas de trabajo, ocio, pagos y gestión personal, y ahí la integración entre iPhone, Apple Watch, Mac, iPad y servicios en la nube marca diferencias.

Esta visión del móvil como nodo principal de la vida digital tiene especial calado en mercados maduros como los europeos, donde la fidelidad a la marca y la continuidad del ecosistema pesan mucho en la decisión de compra. Aunque las cifras detalladas por regiones no se han desglosado por completo, la tendencia apunta a que el usuario europeo prioriza estabilidad, actualizaciones de seguridad y compatibilidad entre dispositivos por encima del precio puro y duro.

Impacto de la escasez de memoria y el entorno económico

El liderazgo de Apple se produce en un contexto poco amable para la mayoría de fabricantes. Los proveedores de componentes de memoria, tanto DRAM como NAND, han orientado parte de su capacidad productiva hacia centros de datos de inteligencia artificial en detrimento de la electrónica de consumo. Esta reasignación de recursos ha encarecido los chips destinados a smartphones y ha limitado su disponibilidad.

Tal y como detallan analistas de Counterpoint, este cambio de prioridades reduce los márgenes de los fabricantes de móviles y les obliga a repercutir parte del incremento de costes en el precio final. El problema se agrava en la gama de entrada y en los modelos de bajo margen, donde hay menos espacio para absorber subidas sin trasladarlas al consumidor.

A esta presión se suman factores externos: el aumento de los precios de la energía, los mayores costes logísticos y las tensiones geopolíticas en Oriente Medio han deteriorado la confianza del consumidor en distintas regiones. En Europa, donde la inflación y la incertidumbre económica han condicionado muchas decisiones de gasto, este escenario se traduce en ciclos de renovación más largos y una mayor búsqueda de valor a medio plazo.

Este conjunto de elementos ha impulsado un fenómeno paralelo: el crecimiento del mercado de dispositivos reacondicionados. Muchos usuarios optan por terminales restaurados o de segunda mano para acceder a gamas superiores con un desembolso menor. Para fabricantes centrados en el volumen y la gama baja, este cambio supone una competencia adicional; para Apple, que ya opera programas oficiales de reacondicionado, representa otra vía para captar y retener clientes dentro de su ecosistema.

Cómo quedan Samsung, Xiaomi y el resto de competidores

Mientras Apple gana terreno, el resto de actores relevantes del mercado han tenido que lidiar con caídas más pronunciadas. Samsung habría cerrado el trimestre con aproximadamente un 20% de cuota y un descenso cercano al 6% en sus envíos, muy en línea con la contracción general del mercado, pero suficiente para ceder momentáneamente el primer puesto.

En el caso de la firma surcoreana, los analistas señalan el retraso en el lanzamiento del Galaxy S26 como un factor determinante. Un pequeño ajuste en el calendario de su gama estrella ha tenido impacto directo en los volúmenes de distribución del trimestre, algo que demuestra hasta qué punto los ciclos de lanzamiento siguen siendo críticos en la lucha por el liderazgo.

Además, Samsung ha estado revisando su catálogo, reduciendo modelos de gama baja y elevando precios iniciales para proteger la rentabilidad en un entorno de costes crecientes. Este giro estratégico, si bien lógico desde el punto de vista financiero, deja más desprotegido el segmento de entrada, precisamente el más afectado por la escasez de memoria y la sensibilidad al precio.

Xiaomi, por su parte, habría mantenido el tercer puesto con alrededor de un 12-13% de cuota pese a una caída de doble dígito en envíos. Su fuerte exposición a la gama de entrada y a mercados donde el precio es el principal factor de decisión ha pesado en sus resultados, especialmente en un contexto en el que cada euro de incremento de coste se nota en el bolsillo del comprador.

Otros fabricantes como OPPO y vivo seguirían completando el top 5 global, con cuotas en torno al 11% y 8%, respectivamente. Vivo mantendría una posición destacada en países emergentes como India, gracias a una gama media competitiva, mientras que OPPO se apoyaría en series como la A5 para sostener su presencia en la parte baja del mercado. Sin embargo, son precisamente estos segmentos los que presentan mayor vulnerabilidad ante la situación actual.

Tendencias de fondo: menos volumen, más valor

Más allá de los movimientos puntuales en cuota de mercado, los datos del primer trimestre de 2026 confirman una transformación estructural. El mercado global de smartphones se encamina hacia un escenario de menor volumen y mayor enfoque en rentabilidad, donde los fabricantes priorizan márgenes, servicios y fidelización sobre la simple cantidad de unidades vendidas.

La prolongación esperada de las restricciones en el suministro de memoria, que algunos expertos sitúan hasta finales de 2027, empuja a los grandes actores a reducir su catálogo de modelos, recortar opciones de bajo margen y concentrarse en dispositivos de mayor valor añadido. En Europa, este camino se traduce en una oferta más clara en las gamas media y alta, con menos variantes casi idénticas y un mayor peso del soporte a largo plazo.

En paralelo, el software y los servicios digitales se consolidan como motores de crecimiento. No solo en Apple, donde suscripciones como almacenamiento en la nube, música, vídeo o servicios de productividad generan ingresos recurrentes, sino también en el resto de fabricantes, que exploran fórmulas propias para monetizar el tiempo de uso del dispositivo más allá de la venta inicial.

El resultado es un mercado menos centrado en el “todo para todos” y más orientado a segmentos bien definidos de consumidores, con propuestas de valor claras y ecosistemas más cerrados. En este terreno, las marcas con mayor reconocimiento y capacidad de inversión en plataformas digitales parten con ventaja, lo que explica en parte el refuerzo de la posición de Apple en los últimos trimestres.

En conjunto, los números de comienzos de 2026 dibujan un escenario en el que Apple consolida su liderazgo mundial en smartphones en pleno retroceso del mercado, capitalizando su apuesta por la gama alta, la integración entre dispositivos y una cadena de suministro más robusta que la de buena parte de sus competidores. Mientras la industria se ajusta a un entorno de menos volumen y más presión de costes, la batalla por el usuario europeo y global se desplaza cada vez más hacia el terreno del ecosistema y los servicios que orbitan alrededor del teléfono.



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viernes, 10 de abril de 2026

Gran caída nacional de la red móvil de Digi en España

Incidencia en la red móvil de Digi en España

La mañana de este miércoles ha estado marcada por una importante caída nacional de la red móvil de Digi en España, que ha dejado durante varias horas a miles de usuarios sin poder realizar ni recibir llamadas. El problema ha afectado tanto a líneas móviles como a teléfonos fijos, generando una oleada de quejas en redes sociales y un pico de incidencias en plataformas de monitorización.

Aunque muchos móviles mostraban cobertura e incluso acceso a internet, las comunicaciones de voz y los mensajes SMS quedaban bloqueados de forma inmediata al intentar cursar una llamada. La avería se ha prolongado alrededor de tres horas y ha tenido especial impacto entre quienes dependen del teléfono para su actividad profesional o para gestiones urgentes.

Una incidencia a nivel nacional en llamadas de voz

Según los reportes de usuarios y los datos recogidos en Downdetector, la incidencia comenzó poco antes de las 10:00 de la mañana del 8 de abril y se intensificó rápidamente, acumulando miles de avisos en cuestión de minutos. En algunos resúmenes se sitúa el arranque algo antes de las 11:00 horas, pero todos coinciden en que el tramo crítico se ha vivido entre media mañana y el mediodía.

En la franja que va de las 10:35 a las 10:57 horas, los informes de fallo pasaron de 1.249 a más de 2.050 incidencias notificadas por clientes de la operadora. Los afectados señalaban que podían ver señal en su terminal y, en muchos casos, navegar por internet, pero cualquier intento de llamada terminaba en corte inmediato o ni siquiera llegaba a establecerse.

La interrupción ha tenido alcance nacional, con reportes desde múltiples comunidades autónomas y provincias, incluyendo grandes ciudades y zonas rurales. Además del móvil, en numerosos casos se han visto comprometidas también las líneas de telefonía fija, lo que ha dificultado incluso el contacto con el servicio de atención al cliente de la compañía.

Además del bloqueo de las llamadas, los mensajes de texto SMS también se han visto afectados. Algunos usuarios indicaban que ni siquiera era posible enviar mensajes, mientras que otros hablaban de retrasos o fallos intermitentes, siempre asociados al mismo periodo de la caída.

En paralelo, las quejas se han multiplicado en redes sociales, con casos similares a la caída global de X, así como en foros y medios especializados en telecomunicaciones, donde los usuarios han ido narrando en tiempo real la evolución del problema y contrastando sus experiencias en distintas zonas del país.

Caída nacional de la red móvil de Digi

Servicios afectados: voz, SMS y, en algunos casos, datos móviles

La avería ha impactado sobre todo en el servicio de voz tanto en móvil como en fijo, que ha quedado inutilizado para muchos clientes durante varias horas. Ni las llamadas entrantes ni las salientes llegaban a establecerse con normalidad, lo que ha provocado cortes inmediatos y tonos de fallo al intentar comunicarse.

En cuanto a los datos móviles, la mayoría de los usuarios han mantenido la conexión a internet, lo que ha permitido seguir utilizando aplicaciones de mensajería y redes sociales. No obstante, también se han registrado casos de degradación del servicio de datos e incluso de caída total de la conexión móvil en determinados puntos.

La fibra óptica de Digi, según coinciden la mayoría de testimonios, ha seguido funcionando con normalidad, lo que ha permitido que muchos usuarios pudieran conectarse desde casa y buscar información sobre la incidencia o recurrir a llamadas vía aplicaciones como WhatsApp, Telegram o servicios VoIP.

Para agravar la situación, varios clientes han informado de que los números de atención telefónica de Digi, como el 1200 y el 919 120 120 (cuando se llama desde otra operadora), tampoco respondían adecuadamente durante las horas críticas. Esto ha obligado a derivar las reclamaciones a otros canales.

Entre las vías alternativas de contacto, los usuarios han recurrido a WhatsApp, el chat de la web y los perfiles oficiales de la compañía en X, Facebook o Instagram. Sin embargo, también se ha señalado que el chat en la página corporativa no siempre estaba operativo, lo que ha incrementado la sensación de saturación y lentitud en la respuesta.

Problemas de llamadas y datos en la red de Digi

Origen técnico: IMS, VoLTE y servidor ePDG en el punto de mira

Aunque Digi no ha ofrecido inicialmente un desglose técnico muy detallado, fuentes autorizadas y medios especializados apuntan a un fallo en el sistema IMS (IP Multimedia Subsystem), el componente de la red encargado de gestionar las comunicaciones de voz y mensajería sobre tecnologías 4G y 5G.

Durante la incidencia, pruebas de red realizadas por técnicos y aficionados han detectado que el servidor ePDG, responsable de dar acceso seguro al núcleo de red a través de internet, no respondía correctamente a las solicitudes de conexión. Este comportamiento encaja con un problema en la infraestructura que soporta los servicios de voz sobre IP.

Varios usuarios han comprobado que, al forzar sus móviles a conectarse únicamente a redes 2G o 3G, las llamadas volvían a funcionar con cierta normalidad. Este detalle es clave, ya que sugiere que la red tradicional de conmutación de circuitos permanecía estable, mientras que la capa de voz basada en IP (VoLTE sobre 4G y 5G) era la que estaba fallando.

Esta separación ha permitido acotar el problema a la arquitectura de voz moderna, sin afectar de forma masiva al tráfico de datos. La mayoría de los clientes han podido seguir navegando, utilizando aplicaciones y enviando mensajes por plataformas basadas en internet, aunque la telefonía clásica quedara parcialmente inutilizada.

Desde la compañía se ha señalado posteriormente que, en un análisis preliminar, la causa de la avería se relaciona con un fallo tras la realización de trabajos internos programados en la red durante la noche anterior. Una vez detectado el error, se habría revertido la operación o aplicado las correcciones necesarias para estabilizar el servicio de llamadas.

Usuarios afectados por la caída de la red de Digi

Respuesta de Digi y recuperación progresiva del servicio

Durante las primeras horas del incidente, Digi guardó cierta prudencia a la hora de ofrecer explicaciones públicas inmediatas, mientras los reportes de caída seguían acumulándose. No obstante, de forma interna se activaron los protocolos de emergencia habituales en este tipo de situaciones para intentar restablecer la red lo antes posible.

A partir de las 11:30 aproximadamente, las gráficas de Downdetector empezaron a mostrar un descenso claro en el número de quejas, lo que apuntaba a una recuperación gradual de las llamadas. Usuarios de distintas zonas iban confirmando que ya podían marcar y recibir llamadas, aunque todavía se registraban incidencias aisladas.

En torno al mediodía y primeras horas de la tarde, varias comunicaciones de la compañía a través de distintos medios, incluyendo Europa Press y otros canales especializados, coincidían en el mismo mensaje: “todos nuestros servicios funcionan con normalidad”. Digi aseguraba que la incidencia estaba completamente resuelta.

La operadora explicaba que la interrupción había afectado parcialmente a los servicios de voz y datos móviles y recalcaba que, desde el primer momento, se habían activado sus protocolos internos, trabajando con carácter prioritario para restablecer la red. De acuerdo con estas declaraciones, hacia las 13:00 horas la situación ya se consideraba estabilizada.

En declaraciones posteriores, portavoces de la compañía han insistido en que el análisis preliminar vincula el problema a un trabajo técnico programado que derivó en un comportamiento inesperado de la red. Al detectar el impacto en las llamadas de voz, se procedió a corregir la configuración afectada y a recuperar progresivamente el servicio.

Red móvil de Digi restablecida en España

Impacto en los usuarios y en la imagen de Digi

La caída se produce en un momento en el que Digi se ha consolidado como uno de los operadores que más crece en el mercado español, con más de 10,8 millones de contratos entre servicios móviles y de fibra. Su estrategia de precios ajustados y ofertas agresivas le ha permitido ganar cientos de miles de clientes en portabilidades frente a otras telecos.

Al mismo tiempo, este tipo de incidentes pone de relieve los retos de mantener la calidad del servicio en una red en plena expansión. El fuerte crecimiento, sumado a la dependencia parcial de infraestructuras de terceros —como las que provocó la nueva caída global de Cloudflare— y a una red propia en despliegue, incrementa la complejidad a la hora de gestionar cambios y trabajos de mantenimiento sin que afecten al usuario final.

Para muchos clientes, la interrupción de varias horas ha supuesto un contratiempo importante en su día a día: profesionales que no han podido atender llamadas de trabajo, familias sin posibilidad de comunicarse por teléfono o negocios que dependen de la línea fija para su actividad habitual.

No obstante, la rápida reacción de los usuarios recurriendo a llamadas por internet y aplicaciones de mensajería ha mitigado en parte el impacto, gracias a que la conexión de datos se ha mantenido operativa en gran parte de los casos. Esta situación evidencia hasta qué punto las comunicaciones IP se han convertido en un respaldo clave ante fallos de la voz tradicional.

Aunque Digi da por cerrada la incidencia y asegura que todos los servicios han quedado restablecidos en España, el episodio reaviva el debate sobre la resiliencia de las redes y la necesidad de minimizar riesgos cuando se aplican cambios en sistemas críticos como IMS o VoLTE. Para los usuarios, este tipo de caídas sirve como recordatorio de la conveniencia de contar con alternativas, ya sean otras líneas, aplicaciones basadas en datos o canales adicionales de contacto con su operadora.

Tras una mañana de teléfonos mudos, la red de Digi ha vuelto a funcionar con normalidad y las llamadas se cursan de nuevo sin problemas, pero la incidencia ha dejado lecciones tanto para la compañía como para sus clientes: la importancia de una infraestructura robusta, de protocolos de respuesta ágiles y de mantener siempre un plan B cuando un servicio esencial, como la voz, se queda fuera de juego durante varias horas.



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Desmontando la idea de que un sistema recién instalado es siempre más rápido

es verdad que lo sistemas recién instalados son más rápidos

Durante años nos han repetido que, cuando un ordenador con Windows empieza a ir lento, lo mejor es formatear el disco y reinstalar el sistema desde cero. Muchos recordarán aquella costumbre casi ritual de «formateo anual» en la época de Windows XP o incluso con Windows 7, como si fuese la única manera de que el PC volviera a ir fino. Sin embargo, con las versiones actuales de Windows y el hardware moderno, esa idea ya no encaja tan bien con la realidad.

Hoy en día, gracias a cómo ha evolucionado el sistema operativo y a cómo gestionan los recursos los PCs actuales, tiene cada vez menos sentido dar por hecho que un Windows recién instalado vaya a ser mucho más rápido que otro con meses de uso. De hecho, los datos que se han obtenido en pruebas serias con equipos potentes desmontan bastante este mito y obligan a replantearse cuándo conviene realmente reinstalar y cuándo es mejor optimizar y cuidar el sistema que ya tenemos.

El mito del sistema recién instalado: ¿de verdad va tan rápido?

En pruebas recientes realizadas por especialistas en hardware se han comparado dos ordenadores prácticamente idénticos: uno con Windows recién instalado, limpio y sin apenas programas, y otro con un año de uso intenso, cargado de juegos, aplicaciones y archivos de todo tipo. Ambos compartían características de gama alta: procesadores AMD Ryzen de última generación y nada menos que 64 GB de memoria RAM, es decir, nada que ver con equipos justitos de hace más de una década.

Los tests incluyeron tareas de edición de vídeo, juegos modernos y uso cotidiano exigente, justo el tipo de escenarios en los que, sobre el papel, un sistema limpio debería destacar con claridad si el mito fuera cierto. Se tomaron medidas tanto en rendimiento de CPU de un solo núcleo como en cargas multinúcleo, así como en benchmarks gráficos y pruebas concretas con software profesional como Adobe Premiere Pro.

Los resultados apuntan a que las diferencias entre un Windows “sucio” y otro recién instalado son mucho menores de lo que solemos imaginar. En cargas de trabajo de un solo núcleo, las variaciones apenas llegaban a un 3%, un margen tan pequeño que en el uso del día a día resulta prácticamente imperceptible para la mayoría de los usuarios, incluso para quienes están bastante pendientes del rendimiento.

En tareas que exprimen todos los núcleos de la CPU de forma simultánea, esa supuesta ventaja del sistema limpio tampoco se traducía en aumentos espectaculares. La mejora era mínima y, en muchas pruebas, directamente inexistente, hasta el punto de que el sistema con un año de uso llegaba a empatar o incluso superar a la instalación recién hecha dependiendo de la aplicación que se utilizase.

Cuando el Windows “viejo” gana al recién instalado

Donde más sorpresa generó el experimento fue en aplicaciones profesionales de edición de vídeo. En pruebas con Adobe Premiere Pro, por ejemplo, el sistema con un año de uso y una buena colección de programas instalados llegó a ofrecer hasta un 7,8% más de rendimiento que la instalación limpia en determinados benchmarks, con una diferencia cercana a los 810 puntos a su favor en pruebas como PugetBench.

Este comportamiento puede explicarse por varios factores. Por un lado, los sistemas operativos actuales gestionan mucho mejor la memoria, la caché y los recursos generales, permitiendo que librerías, codecs, plugins y configuraciones previas jueguen a favor del sistema en lugar de convertirse necesariamente en “lastre”. Por otro, muchas optimizaciones internas se activan tras cierto tiempo de uso, como índices, cachés y bases de datos que se construyen con el propio trabajo cotidiano.

En el terreno de los videojuegos, los números también resultan bastante reveladores. En títulos muy exigentes como Cyberpunk 2077, con ajustes estándar y usando el benchmark integrado, el sistema recién instalado ofrecía de media un 2,5% extra de rendimiento. Sin embargo, al subir la calidad gráfica al máximo y poner realmente a sudar a la tarjeta gráfica, esa ventaja desaparecía o incluso se invertía, quedando el Windows “viejo” ligeramente por encima.

En otros juegos populares como Fortnite, las pruebas a resolución 4K arrojaban resultados curiosos: el equipo con la instalación “sucia” obtenía cifras mejores en determinados escenarios, especialmente en combinaciones concretas de CPU y GPU, como el caso de modelos AMD de la familia Ryzen 9000 emparejados con tarjetas gráficas modernas.

Todo esto lleva a una conclusión clara: con la arquitectura actual de Windows 10 y Windows 11, la llamada “degradación” del sistema ya no se comporta como antaño. El simple paso del tiempo y el uso normal, incluso con muchas aplicaciones instaladas, no implica una caída drástica de rendimiento como ocurría hace 15 o 20 años, siempre que el hardware esté en buen estado y se eviten instalaciones descuidadas o malware.

Qué ha cambiado en Windows respecto a los tiempos de XP y 7

Una de las razones por las que antes era tan habitual reinstalar desde cero era el estado del registro de Windows y de los archivos del sistema después de instalar y desinstalar programas sin parar. Aquello generaba mucha “basura digital”: entradas obsoletas, servicios residuales, DLLs duplicadas y otros restos que afectaban al arranque, a la carga de aplicaciones e incluso a la estabilidad general del sistema.

Con Windows 10 y Windows 11, Microsoft ha mejorado de forma notable la gestión interna del registro, los servicios y el almacenamiento. Las aplicaciones modernas, especialmente las que vienen empaquetadas como apps UWP o similares, están más aisladas, dejan menos rastro y se integran de forma más ordenada. Además, los propios mecanismos de mantenimiento del sistema (desfragmentación en HDD, optimización de SSD, limpieza automática, indexación inteligente) son bastante más eficientes.

Otro factor importante es la forma en la que Windows se actualiza y se “refresca” con el tiempo. En lugar de acumular capas de código antiguo indefinidamente, muchas actualizaciones realizan sustituciones completas de componentes clave o incluso reconstrucciones internas que se parecen, hasta cierto punto, a una mini reinstalación silenciosa. Esto reduce el impacto acumulado de los años de uso comparado con lo que pasaba hace dos décadas.

Por eso, hoy es perfectamente posible usar el mismo sistema durante años sin necesidad de formatear ni reinstalar desde cero, siempre que se mantenga al día, se evite instalar software de dudosa procedencia y se tenga un poco de cuidado con lo que se carga al inicio del sistema. Cuando el equipo se cuida, el mito del “Windows viejo siempre va fatal” deja de sostenerse.

Casos en los que sí tiene sentido reinstalar Windows

Que el mito del rendimiento brutal tras formatear se tambalee no significa que no haya situaciones en las que reinstalar Windows sea la mejor opción. Hay escenarios en los que una instalación limpia resuelve en un rato lo que de otro modo supondría horas de diagnóstico y pruebas con un resultado incierto.

Si estás sufriendo pantallazos azules frecuentes (BSOD), errores de sistema recurrentes, servicios que se quedan colgados, aplicaciones que se niegan a arrancar o comportamientos extraños difíciles de aislar, puede que el problema esté en archivos críticos dañados, configuraciones corruptas o conflictos profundos en el sistema. En casos así, reinstalar de cero suele ser una vía rápida y bastante efectiva.

Otro motivo de peso para plantearse un formateo es haber sufrido una infección de malware seria o persistente. Algunas familias de software malicioso se agarran tanto al sistema que, aunque aparentemente se eliminen, dejan agujeros de seguridad, scripts, tareas programadas o servicios ocultos. Una instalación limpia elimina de raíz cualquier rastro, siempre que también se revisen las particiones y dispositivos externos involucrados.

También es buena idea reinstalar cuando vas a vender o regalar el ordenador a otra persona. En ese caso, más que por rendimiento, el objetivo es limpiar completamente datos personales, cuentas, contraseñas y archivos sensibles. Utilizar las opciones de restablecimiento de Windows o un formateo completo garantiza que el nuevo usuario recibe un equipo “como recién sacado de la caja”.

Finalmente, si tu PC tiene ya muchos años y ha ido arrastrando actualizaciones mayores de Windows sobre instalaciones antiguas (por ejemplo, varios saltos grandes desde versiones muy viejas), una instalación limpia puede servir para dejar atrás configuraciones heredadas, drivers obsoletos y restos de software que ya no tienen sentido, mejorando estabilidad más que la velocidad bruta.

Cuándo es mejor optimizar que formatear

En la mayoría de los casos en los que notamos que el ordenador va más pesado de lo habitual, el origen del problema suele estar en aspectos más simples que no requieren borrar todo y volver a empezar desde cero. Antes de plantearte un formateo, compensa revisar varios frentes que suelen pasarse por alto y que marcan una diferencia enorme en el día a día.

Un primer culpable habitual es el exceso de programas que se cargan al inicio de Windows. Muchas aplicaciones se configuran automáticamente para arrancar junto al sistema, aunque solo se usen de forma ocasional. Esto hace que, nada más iniciar sesión, la CPU, el disco y la RAM se llenen de procesos en segundo plano, retrasando el momento en que el escritorio está realmente usable.

Otro frente clave es el abuso de pestañas en el navegador, sesiones de trabajo interminables y aplicaciones que se quedan abiertas permanentemente aunque apenas se esté interactuando con ellas. Navegadores como Chrome, Edge o Firefox pueden devorar gigas de RAM con facilidad si se combinan decenas de pestañas, extensiones y aplicaciones web pesadas. Cerrar lo que no se usa con frecuencia o reeducar algunos hábitos de uso puede tener tanto impacto como cambiar de disco.

Tampoco hay que olvidar el espacio libre en disco, especialmente si se trata de una unidad SSD; en caso de duda conviene revisar cómo particionar un SSD para mantener rendimiento y espacio.

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Cómo desactivar aplicaciones de inicio en Windows 11 y 10

Controlar qué se ejecuta nada más arrancar el equipo es una de las maneras más directas de mejorar el tiempo de inicio y la sensación de fluidez. Tanto en Windows 10 como en Windows 11 existen varias vías sencillas para revisar y desactivar esas aplicaciones de arranque que, en muchos casos, ni siquiera necesitamos.

Un método cómodo en Windows 11 consiste en abrir la aplicación de Configuración y entrar en el apartado de Aplicaciones > Inicio. Allí aparece un listado de todas las apps que tienen permiso para iniciarse con el sistema. Junto a cada una verás un interruptor para activarla o desactivarla, de forma que puedas ir recortando las que no te interesen sin complicarte la vida demasiado.

Otra opción, presente tanto en Windows 10 como en Windows 11, es acudir al Administrador de tareas y usar la pestaña de “Aplicaciones de inicio”; desde ahí se puede ver no solo qué programas arrancan con el sistema, sino también el impacto estimado que tienen sobre el mismo (Alto, Medio, Bajo, No medido). También puedes recurrir a herramientas para mejorar el arranque con MSConfig. Haciendo clic derecho sobre cada entrada puedes elegir “Deshabilitar” para que deje de ejecutarse en próximos inicios.

También conviene revisar la carpeta de inicio tradicional de Windows, que sigue existiendo en las versiones modernas del sistema. Para abrirla rápidamente puedes usar el cuadro de diálogo Ejecutar con el comando shell:startup. Se abrirá una ventana del explorador con los accesos directos de las aplicaciones que se inician con el sistema mediante ese mecanismo. Basta con eliminar los accesos directos que no quieras seguir cargando para liberar algo más el arranque.

Un detalle útil es activar los avisos de nuevas aplicaciones de inicio. En Windows 11 puedes ir a Sistema > Notificaciones > Notificaciones de aplicaciones y otros remitentes y activar la opción de notificaciones de aplicaciones de inicio. No detiene automáticamente esas apps, pero al menos te avisa de que algo nuevo se ha sumado a la lista, y así puedes ir a desactivarlo si no lo consideras necesario.

Eso sí, conviene actuar con cabeza: no se trata de desactivar todo lo que aparezca. Hay programas que, aunque consuman recursos, son importantes para la seguridad o el funcionamiento del equipo, como el antivirus, herramientas antimalware, servicios de sincronización que uses a diario o aplicaciones críticas para tu trabajo. En caso de duda, es mejor informarse un poco antes de deshabilitar componentes que no se reconocen.

La falsa promesa de los “limpiadores milagrosos” y trucos peligrosos

Durante mucho tiempo han circulado recomendaciones que prometen acelerar Windows borrando todo tipo de archivos y cachés. Entre las más repetidas está la de limpiar la carpeta Prefetch o usar programas como CCleaner y similares sin demasiada precaución, con la idea de que así se “despeja” el sistema y todo irá mucho más suelto.

La realidad es que borrar la caché de Prefetch puede provocar el efecto contrario al deseado. Esta carpeta almacena información que Windows utiliza para predecir y acelerar la carga de aplicaciones habituales. Si se vacía periódicamente, el sistema tiene que reconstruir esos datos desde cero, lo que se traduce en que las aplicaciones pueden tardar más en abrirse durante un tiempo hasta que el mecanismo vuelve a aprender los patrones de uso. Asimismo, desactivar SysMain en Windows 11 sin entender sus efectos también puede ser contraproducente.

En cuanto a los limpiadores automáticos de registro y optimizadores “todo en uno”, hay que manejarlos con mucha cautela. Aunque algunos pueden ser útiles para tareas específicas si se entienden bien sus opciones, usados a lo loco pueden eliminar entradas que sí son necesarias, desconfigurar servicios o dejar el sistema en un estado inestable difícil de revertir. Es fácil que el supuesto remedio termine siendo peor que la enfermedad.

En las versiones modernas de Windows, herramientas integradas como el Liberador de espacio en disco, el sensor de almacenamiento o los asistentes para eliminar archivos temporales y versiones anteriores de actualizaciones suelen bastar para mantener el sistema razonablemente limpio, sin tener que recurrir a soluciones agresivas que prometen milagros a golpe de clic.

Cuándo el problema no es Windows sino el hardware

Hay que tener muy presente que, por muy pulcro que mantengamos el sistema operativo, si el hardware del equipo se queda corto o empieza a fallar, no hay reinstalación que obre maravillas. Formatear no repara un disco duro mecánico que está a punto de morir, ni convierte una vieja tarjeta gráfica en un modelo actual, ni multiplica la memoria instalada.

Si el disco principal presenta sectores dañados, ruidos extraños o un rendimiento inusualmente bajo incluso tras optimizar, puede que haya llegado el momento de sustituirlo por una unidad SSD moderna, algo que, por sí solo, suele suponer una mejora notable en cualquier equipo que todavía funcione con HDD. Lo mismo ocurre si te quedas corto de RAM y el sistema vive constantemente intercambiando datos con el archivo de paginación.

En el terreno gráfico, muchos cuellos de botella al jugar o al usar aplicaciones 3D avanzadas no se solucionan con un Windows recién instalado. Si la GPU ya va al límite en juegos actuales incluso con ajustes medios, la única forma realista de ganar margen es cambiar de tarjeta por una más potente, no formatear una y otra vez esperando resultados distintos.

Otros componentes como la fuente de alimentación o la refrigeración (por ejemplo, ventiladores silenciosos) también tienen su peso. Un equipo con temperaturas muy altas o con una fuente inestable puede mostrar síntomas de lentitud, cuelgues o reinicios repentinos que parecen problemas de software y en realidad se deben a hardware inadecuado o en mal estado. Antes de culpar por completo a Windows, merece la pena revisar estos aspectos.

Herramientas como Winhance para domar el bloatware de Windows 11

Una de las quejas más frecuentes con los equipos actuales es la cantidad de programas preinstalados y funciones que no todo el mundo necesita, especialmente en Windows 11. Ese “bloatware” ocupa espacio, añade procesos en segundo plano y puede entorpecer la experiencia en ordenadores con recursos limitados.

Para combatir ese problema han surgido utilidades específicas como Winhance, un programa gratuito y de código abierto diseñado para limpiar y optimizar instalaciones de Windows 11. Su punto fuerte es que muestra de forma muy clara todas las aplicaciones y componentes preinstalados, incluso aquellos introducidos recientemente por Microsoft, como ciertas funciones relacionadas con la inteligencia artificial o características como Recall.

Desde su interfaz, el usuario puede seleccionar uno a uno los elementos a eliminar o realizar desinstalaciones masivas si quiere hacer una limpieza profunda. Una vez confirmadas las elecciones, la herramienta se encarga de automatizar todo el proceso de eliminación. Y si más tarde te arrepientes de haber borrado algo que sí necesitabas, Winhance permite restaurar componentes eliminados con bastante facilidad.

Impacto real de eliminar bloatware en espacio y rendimiento

Aunque no es lo mismo que reinstalar el sistema, una limpieza bien enfocada del bloatware puede suponer una mejora apreciable, sobre todo en PCs que van justos de recursos. Cada aplicación innecesaria que se desinstala con herramientas como Winhance significa espacio libre adicional y menos consumo de memoria y CPU en segundo plano.

Por ejemplo, eliminar Microsoft Edge puede liberar alrededor de 350 MB de espacio y reduce procesos asociadas al navegador que se mantienen activos aunque se utilicen otros navegadores como principal. De forma similar, desinstalar componentes como Xbox Game Bar puede recortar hasta unos 120 MB, lo que ayuda a aligerar el sistema durante las sesiones de juego.

Otras aplicaciones preinstaladas, como el editor de vídeo Clipchamp, ocupan del orden de 280 MB que muchos usuarios nunca llegan a aprovechar. Suprimir widgets que se actualizan constantemente en segundo plano puede suponer una pequeña pero interesante reducción en el uso de CPU y de red, recuperando entre un 2% y un 5% de capacidad de procesamiento en segundo plano según el tipo de equipo.

También es reseñable el caso de servicios en la nube como OneDrive. Desinstalarlo o al menos desactivar su sincronización automática no solo libera en torno a 250 MB, sino que evita tráfico continuo hacia la nube y procesos de sincronización que pueden interferir con otras tareas, especialmente en redes lentas o equipos modestos.

La ventaja de que Winhance sea open source y ofrezca tanto versión instalable como portable es que cualquier usuario puede probarlo sin coste y sin grandes complicaciones, ajustando el nivel de limpieza a su gusto. Además, al permitir revertir los cambios, invita a experimentar sin tanto miedo a romper algo importante.

Ajustes clave tras montar un PC nuevo para exprimir el rendimiento

Cuando se estrena un equipo recién montado, las configuraciones no terminan en el mero hecho de conectar todos los componentes y encenderlo. Para sacar todo el partido al hardware, hay una serie de pasos que conviene seguir antes de dar el trabajo por concluido y dejar Windows funcionando a su aire.

El primer paso obvio es instalar el sistema operativo elegido sin interrupciones. Si por cualquier motivo el proceso de instalación se ve cortado por un apagón o un bloqueo, lo más prudente es empezar de nuevo con una instalación limpia para evitar corrupción de datos o errores difíciles de diagnosticar más adelante. Windows ofrece varias opciones de recuperación, pero con equipo nuevo es sensato no arrastrar una instalación dudosa desde el principio.

Otro punto importante y a menudo olvidado es actualizar la BIOS o UEFI de la placa base. Este firmware es el que permite que la placa se comunique correctamente con procesadores, memorias y otros componentes modernos. En muchos casos, una misma placa puede soportar varias generaciones de CPU, pero para que las reconozca y las configure adecuadamente necesita una versión de BIOS actualizada.

Estas actualizaciones suelen encontrarse en la web oficial del fabricante de la placa base y, aunque no se publican todos los días, merece la pena comprobar si hay versiones nuevas cada cierto tiempo. Eso sí, el proceso tiene su riesgo: una actualización de BIOS interrumpida puede dejar la placa inservible. Por eso se recomienda usar, si es posible, un sistema de alimentación ininterrumpida, descargar el archivo solo del sitio oficial, usar una memoria USB en formato FAT32 y emplear utilidades integradas en la propia BIOS (como EZ Flash en muchas placas ASUS) en lugar de hacerlo desde Windows.

También es esencial revisar la configuración de la memoria RAM. Muchas veces, al montar el equipo, las memorias quedan funcionando a una velocidad estándar más baja que la anunciada por el fabricante. Para que alcancen las frecuencias prometidas hay que activar en la BIOS perfiles como XMP en plataformas Intel o EXPO en plataformas AMD, seleccionando uno de los perfiles predefinidos, guardando cambios y reiniciando.

Una vez que el sistema ya está arrancando con normalidad, toca ocuparse de los drivers y las actualizaciones del propio Windows. Dejar que el sistema instale todas las actualizaciones disponibles garantiza mejoras de seguridad, correcciones de errores y la instalación de controladores básicos para el hardware principal. Después compensa ir un paso más allá y actualizar manualmente los drivers del chipset de la placa base y los de la tarjeta gráfica desde las webs oficiales de los fabricantes.

Los drivers del chipset son fundamentales para que los puertos USB, las unidades de almacenamiento, las funciones de inteligencia artificial integradas en ciertos procesadores (NPUs) y otros elementos trabajen al máximo de sus prestaciones. Por su parte, mantener al día los controladores de la GPU es clave para disfrutar de las últimas optimizaciones y parches de compatibilidad tanto en juegos como en aplicaciones de creación de contenido.

Finalmente, resulta muy recomendable instalar alguna herramienta de monitorización como HWiNFO, aunque sea en modo solo sensores. Estas aplicaciones permiten vigilar temperaturas de CPU y GPU, voltajes de la fuente de alimentación y otros parámetros críticos. Controlar que la CPU no se dispare por encima de los niveles seguros o que la GPU no supere los márgenes de temperatura previstos ayuda a detectar fallos de montaje, problemas de ventilación o fuentes de alimentación inestables antes de que provoquen incidentes graves.

A la hora de interpretar esos datos conviene fijarse especialmente en la temperatura del paquete de la CPU y las temperaturas por núcleo, en la temperatura general y el “hot spot” de la GPU, y en el voltaje del raíl de +12 V, que debería mantenerse dentro de un margen aproximado del 5%. Herramientas más avanzadas como AIDA64 Extreme ofrecen pruebas de estrés integradas que permiten probar el conjunto bajo carga prolongada mientras se supervisan todos esos parámetros.

En resumen, todos estos elementos -desde la comparación entre sistemas limpios y “sucios” hasta el control del bloatware, la gestión de programas de inicio, las precauciones con limpiadores agresivos y la correcta configuración del hardware recién montado- apuntan a una misma idea: un Windows recién instalado no es sinónimo automático de más rapidez, y la verdadera clave para disfrutar de un PC ágil y estable está en entender qué está limitando realmente el rendimiento y actuar justo ahí, con criterio, en lugar de confiar ciegamente en el formateo como solución universal. Comparte la información para que más personas conozcan del tema.



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