La Fujifilm X half es una cámara difícil de entender si nos limitamos a comparar especificaciones. Por 649 euros tenemos una compacta con sensor de una pulgada, 17,74 megapíxeles, objetivo fijo equivalente a 32 mm y grabación de vídeo limitada a Full HD. Tampoco dispara en RAW. Puesto así, hay alternativas técnicamente más capaces. Pero Fujifilm no pretende competir por resolución, ráfaga o vídeo. La X half intenta recuperar algo que las cámaras digitales y, sobre todo, los móviles han ido eliminando: la incertidumbre y el propio ritual de hacer una fotografía. Incluso su nombre procede del concepto de las cámaras analógicas de medio formato, trasladado aquí a un sensor colocado verticalmente que genera imágenes 3:4.
Es una cámara construida alrededor de esa idea, desde el visor óptico hasta una palanca que simula el avance de la película. Incluso existe un modo en el que no podemos ver las fotografías hasta terminar nuestro “carrete”. Puede parecer un ejercicio de nostalgia algo artificial, y en parte lo es, pero también convierte a la X half en una de las cámaras digitales más diferentes del mercado. Su público no es quien busca la mejor calidad de imagen posible por euro invertido, sino quien quiere llevar encima una cámara pequeña, disparar sin demasiadas complicaciones y obtener fotografías con personalidad sin pasar posteriormente por Lightroom. La X half quiere que hacer la foto vuelva a importar tanto como el resultado.
Materiales y diseño
Con unas dimensiones de 105,8 x 64,3 x 45,8 mm y solamente 240 gramos incluyendo batería y tarjeta, la X half es realmente pequeña. Cabe perfectamente en una chaqueta y resulta mucho más fácil llevarla encima todo el día que una mirrorless con objetivo intercambiable. Fujifilm ofrece acabados negro, plata y gris carbón, todos con una estética claramente retro. El cuerpo utiliza bastante plástico, algo comprensible teniendo en cuenta el peso, aunque la construcción transmite buenas sensaciones. El diseño recuerda inmediatamente a una cámara analógica clásica y Fujifilm ha llevado esta idea bastante más allá de colocar un par de diales metálicos sobre una cámara moderna.
La parte trasera es seguramente lo más peculiar. Encontramos una pantalla táctil vertical de 2,4 pulgadas acompañada por una segunda pantalla estrecha que muestra la simulación de película seleccionada y funciona casi como aquella pequeña ventana donde antiguamente comprobábamos qué carrete había dentro de la cámara. A esto se suma un visor óptico tipo túnel y la característica palanca de avance. No existe una conexión mecánica real con ninguna película, evidentemente, pero Fujifilm la utiliza para avanzar entre fotografías en determinados modos y crear composiciones. El conjunto funciona porque prácticamente todos los elementos físicos de la X half responden a la misma filosofía. No parece una cámara digital disfrazada apresuradamente de antigua, sino un producto diseñado desde el principio alrededor de ese concepto.
Características técnicas
En su interior encontramos un sensor CMOS de una pulgada y aproximadamente 17,74 megapíxeles efectivos, acompañado por un objetivo fijo de 10,8 mm f/2.8 equivalente a unos 32 mm en formato completo. Es una distancia focal muy agradable para fotografía cotidiana, viajes y calle: algo más abierta que los clásicos 35 mm, pero sin llegar al aspecto marcadamente angular de muchas cámaras de móvil. La sensibilidad se mueve entre ISO 200 y 12.800 y disponemos de modos de exposición PASM, enfoque AF-S, AF-C y manual, además de velocidades de obturación que llegan hasta 1/2000 s. El almacenamiento se realiza mediante tarjetas SD, SDHC o SDXC compatibles con UHS-I.

Hay, sin embargo, decisiones técnicas importantes que debemos conocer. La X half genera fotografías JPEG y no ofrece RAW, dejando bastante claro que Fujifilm quiere que el resultado salga terminado directamente de cámara. El vídeo tampoco pretende competir con una cámara híbrida moderna: alcanza 1080 x 1440 píxeles hasta 48p y mantiene esa orientación vertical tan característica. La autonomía, en cambio, es excelente para una compacta de estas dimensiones, con hasta aproximadamente 880 fotografías utilizando el visor óptico. En calidad pura de imagen, el sensor de una pulgada ofrece más posibilidades que una compacta básica, pero no debemos esperar el detalle, rango dinámico o rendimiento con poca luz de los sensores APS-C utilizados por buena parte de la propia familia X de Fujifilm.
Conectividad y app
La Fujifilm X half dispone de Wi-Fi, Bluetooth y USB-C, pero la pieza fundamental de su conectividad es la aplicación específica X half, disponible para smartphones. Fujifilm podría haber utilizado simplemente su ecosistema habitual, pero ha creado una aplicación dedicada porque el teléfono forma parte de la experiencia de esta cámara. La conexión Bluetooth puede mantenerse activa y utilizar Wi-Fi cuando necesitamos transferir imágenes. Desde la aplicación podemos importar fotografías, organizarlas, crear composiciones y compartirlas posteriormente. También podemos conectar la cámara directamente con determinadas impresoras instax Link compatibles, una combinación que encaja especialmente bien con toda esta filosofía de recuperar una fotografía más física y social.

La aplicación cobra todavía más sentido cuando utilizamos Film Camera Mode. Las fotografías realizadas en este modo no se muestran inmediatamente como haríamos normalmente con una digital. Una vez terminado el carrete virtual podemos transferirlo a la aplicación y “revelarlo”, viendo posteriormente las imágenes y una hoja de contactos que reproduce incluso elementos propios de una película tradicional. La app también permite trabajar con las composiciones 2 en 1, modificando aspectos como la separación entre ambas imágenes. Es una de esas pocas ocasiones en las que depender parcialmente de una aplicación móvil no parece una imposición del fabricante, sino una extensión coherente del concepto de la cámara. La X half empieza en el cuerpo, pero parte de su juego termina deliberadamente en el smartphone.
Funcionalidades más importantes
Las simulaciones de película son, como cabría esperar, protagonistas. Fujifilm ofrece diferentes looks inspirados en su experiencia fotográfica, acompañados por filtros creativos que permiten jugar con efectos como grano, fugas de luz, viñeteado, halation o película caducada. Pero la función realmente especial es Film Camera Mode. Elegimos una simulación o filtro y un carrete virtual de 36, 54 o 72 exposiciones. Desde ese momento desaparece la previsualización convencional y tenemos que encuadrar mediante el visor óptico. Después de cada fotografía debemos accionar la palanca para avanzar hasta la siguiente. Tampoco podemos cambiar alegremente de “película” a mitad del proceso. La cámara nos obliga, deliberadamente, a comprometernos con las decisiones tomadas al principio.

La otra función que me parece incluso más interesante a largo plazo es 2 en 1. Podemos combinar dos fotografías, o incluso foto y vídeo, para construir dípticos directamente desde la cámara. La palanca trasera sirve precisamente para enlazar una toma con la siguiente, haciendo que empecemos a pensar en parejas de imágenes en lugar de fotografías aisladas. Es una limitación que acaba convirtiéndose en herramienta creativa. Film Camera Mode probablemente sea lo primero que enseñemos a alguien cuando vea la X half, pero el modo 2 en 1 tiene más posibilidades de convertirse en algo que utilicemos regularmente. Es precisamente ahí donde esta cámara funciona mejor: cuando sus rarezas dejan de sentirse como trucos retro y empiezan a modificar nuestra forma de buscar y construir fotografías.
Opinión del editor
La Fujifilm X half no es una cámara que recomendaría a quien busque maximizar calidad de imagen por 649 euros. El sensor de una pulgada, la ausencia de RAW, el vídeo Full HD vertical y un autofocus que puede sufrir con sujetos en movimiento o situaciones de poca luz ponen límites bastante claros. Incluso el visor óptico ofrece una aproximación al encuadre más que la precisión de un visor electrónico moderno. Si eliminásemos todas sus funciones creativas y nos quedásemos únicamente con la ficha técnica, sería difícil defender su precio frente a cámaras más completas. Y precisamente por eso creo que valorar la X half exclusivamente desde las especificaciones conduce a una conclusión incompleta.

Lo que compramos aquí es una experiencia fotográfica deliberadamente limitada. Y, curiosamente, esa es su mayor virtud. La X half nos pide escoger un aspecto, mirar por el visor, disparar y continuar caminando en lugar de revisar inmediatamente diez versiones de la misma fotografía. Film Camera Mode puede perder parte de su magia después de las primeras semanas, pero el formato vertical, las simulaciones de película y especialmente los dípticos 2 en 1 tienen suficiente personalidad para sobrevivir a la novedad inicial. No sustituiría una buena mirrorless por ella y tampoco pretende hacerlo. La veo como una cámara para quien ya tiene un móvil técnicamente excelente pero echa de menos algo fundamental: volver a salir a la calle simplemente porque apetece hacer fotos.
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