
El desplome de las acciones de software por el avance fulgurante de la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los movimientos más llamativos de los mercados en los últimos meses. Lo que empezó como un ajuste razonable en las valoraciones del sector se ha transformado, según algunos operadores, en un auténtico “SaaSpocalipsis”, con ventas en cadena que recuerdan a las grandes correcciones tecnológicas.
En pocas semanas, se han evaporado cientos de miles de millones en capitalización bursátil de compañías ligadas al software, los servicios de datos y los modelos de suscripción. El miedo a que la IA pueda realizar, automatizar o abaratar buena parte de las tareas que hoy facturan estas empresas ha desatado un nerviosismo que se extiende tanto por Wall Street como por las principales plazas europeas.
En el parqué estadounidense, varios intermediarios describen un ambiente casi de pánico en torno al sector. Operadores de firmas como Jefferies hablan abiertamente de ventas masivas al grito de “sácame de aquí”, con clientes que liquidan posiciones en bloque sin pararse demasiado a mirar precios o fundamentales. El movimiento no se limita a un puñado de empresas: afecta a compañías de software general, proveedores de SaaS, firmas de datos y grupos de servicios corporativos.
De la desconfianza al “apocalipsis” del software en bolsa
En el parqué estadounidense, varios intermediarios describen un ambiente casi de pánico en torno al sector. Operadores de firmas como Jefferies hablan abiertamente de ventas masivas al grito de “sácame de aquí”, con clientes que liquidan posiciones en bloque sin pararse demasiado a mirar precios o fundamentales. El movimiento no se limita a un puñado de empresas: afecta a compañías de software general, proveedores de SaaS, firmas de datos y grupos de servicios corporativos.
Los índices sectoriales lo reflejan con crudeza. El S&P North American Software encadena varias semanas con números rojos y caídas mensuales del entorno del 15%, niveles que no se veían desde los peores momentos de 2008. Un índice específico de software elaborado por Goldman Sachs llegó a dejarse alrededor de un 6% en una sola sesión, su peor día desde el último gran episodio de ventas forzadas por tensiones comerciales.
Este castigo no se produce en el vacío. Desde los máximos del pasado otoño, el S&P 500 Software acumula pérdidas cercanas al 26%, mientras el S&P 500 general prácticamente está plano o incluso avanza ligeramente. El contraste alimenta la sensación de que el mercado ha seleccionado al software como principal “chivo expiatorio” de la irrupción de la IA.
El golpe también se aprecia en productos de inversión amplios. El ETF iShares Expanded Tech-Software Sector ha encadenado hasta seis jornadas consecutivas a la baja, acumulando negativas que se traducen en la peor racha mensual desde la crisis financiera. Su caída, superior al 15% en apenas unas semanas, se ha convertido en símbolo de la desconfianza generalizada hacia el modelo de negocio tradicional del software.
Anthropic en el punto de mira: la chispa que incendia el mercado
Dentro de esa oleada de ventas, el papel de la inteligencia artificial generativa es clave. El detonante más visible ha sido Anthropic, una de las grandes startups de IA respaldada por gigantes como Amazon y Alphabet. Su anuncio de nuevas herramientas orientadas directamente a tareas profesionales ha actuado como catalizador de los temores que llevaban tiempo latentes.
La compañía ha presentado complementos para su agente Claude orientados a departamentos jurídicos y funciones administrativas complejas: revisión de contratos, gestión de acuerdos de confidencialidad, cumplimiento normativo o elaboración de informes legales, entre otras funciones. Es decir, justo el tipo de servicio por el que desde hace años cobran soluciones de software de pago y bases de datos profesionales.
La reacción fue inmediata. En cuestión de horas, se esfumaron centenares de miles de millones de euros en valor bursátil de empresas de software y datos. Firmas muy ligadas al mundo legal y de la información profesional como Thomson Reuters, CS Disco o LegalZoom llegaron a registrar desplomes de doble dígito en una sola jornada, con caídas que rondaron desde el 12% al 20%.
Pero la onda expansiva fue más allá del nicho jurídico. La propia London Stock Exchange Group, con un negocio importante de datos y analítica financiera, cedió del orden de un 13% en una sesión. Otras compañías de contenidos y datos corporativos sufrieron un castigo similar, en un ambiente en el que cualquier modelo muy dependiente de la venta de información y software especializado queda automáticamente bajo sospecha.
Analistas de casas como Swissquote o XTB coinciden en que el anuncio de Anthropic no ha descubierto nada nuevo sobre la IA, pero sí ha cambiado la percepción del mercado: se pasa de ver a estos actores como meros proveedores de modelos a considerarlos competidores directos en las aplicaciones y flujos de trabajo donde hoy ganan dinero las grandes firmas de software.
Europa se contagia: datos, legaltech y software empresarial bajo presión
El nerviosismo no se ha quedado al otro lado del Atlántico. Las bolsas europeas han recogido el guante y han reaccionado con fuertes descensos en compañías de datos, editoriales profesionales y desarrolladores de software empresarial. El epicentro se ha situado en Reino Unido, Países Bajos y Alemania, donde cotizan varios de los grupos más expuestos a la digitalización corporativa.
En Londres, nombres tan consolidados como RELX, Experian, Sage o la propia LSEG registraron caídas de entre el 7% y el 14% en sesiones marcadas por la volatilidad. En Ámsterdam, Wolters Kluwer, otro gigante del software y la información para profesionales, se dejó del orden de un 13%. Todas estas compañías comparten un patrón: modelos de negocio basados en suscripciones, venta de licencias y explotación de grandes bases de datos.
El mercado teme que la llegada de asistentes inteligentes capaces de leer, resumir y generar documentos, informes o análisis sobre la marcha reduzca los márgenes o incluso el número de usuarios que necesitan acceso directo a estas plataformas. Si un solo agente de IA puede hacer en minutos tareas que antes implicaban múltiples licencias por empleado, el modelo clásico de “más usuarios, más ingresos” entra en cuestión.
Al otro lado del Rin, la alemana SAP se ha convertido en un caso de estudio dentro del DAX. Sus acciones acumulan un descenso superior al 20% desde comienzos de año, hasta mínimos de alrededor de año y medio, pese a que sus cifras operativas siguen siendo razonablemente sólidas. La capitalización bursátil se ha reducido en decenas de miles de millones, en un contexto de corrección amplia de compañías de software tanto en Europa como en EEUU.
En el trasfondo, pesa el temor a que la IA generativa pueda reemplazar parte del software de gestión empresarial tradicional, especialmente en segmentos de nube y SaaS. Durante años, SAP ha vivido de la migración de sus clientes a modelos de pago por suscripción y de ingresos recurrentes; hoy, el mercado se pregunta si agentes inteligentes y plataformas más ligeras podrían automatizar muchos procesos estándar para los que antes hacían falta múltiples módulos y licencias.
Gigantes del software entre el castigo y la oportunidad
La corrección tampoco está respetando a los grandes referentes del sector en Wall Street. Microsoft, Oracle, ServiceNow, Adobe, Salesforce o Palantir han visto cómo sus cotizaciones retrocedían con fuerza desde los máximos de finales de 2025. En algunos casos, las caídas rondan o superan el 40% desde los picos del ciclo alcista.
En el caso de Microsoft, pese a presentar resultados sólidos, el foco se ha desplazado hacia la desaceleración del crecimiento en la nube y el enorme esfuerzo inversor en IA. Sus acciones llegaron a corregir alrededor de un 10% en apenas unos días, encadenando varias sesiones negativas hasta firmar su peor mes en más de una década. Aun así, hay gestores que han aprovechado el retroceso para incrementar posiciones, confiando en que la compañía termine por consolidarse como uno de los grandes ganadores de la revolución de la IA.
Otros actores, como Oracle o ServiceNow, tampoco se libran. El mercado les penaliza tanto por la competencia de nuevas soluciones basadas en IA como por sus propios retos financieros y de apalancamiento. En este entorno, las casas de análisis han empezado a mover ficha: firmas como Piper Sandler han recortado recomendaciones sobre compañías como Adobe, Freshworks o Vertex, alertando de que la “compresión de asientos” y la automatización del código vía IA pueden limitar los múltiplos que los inversores están dispuestos a pagar.
No todas las historias son negativas. Palantir, muy asociada a la analítica avanzada y la IA aplicada, ha conseguido presentar un crecimiento de ingresos muy por encima de las previsiones, con avances del entorno del 70% interanual en algunos trimestres. Sus títulos han reaccionado con alzas puntuales de casi el 7%, demostrando que el mercado sigue dispuesto a premiar a aquellos modelos de negocio que ya monetizan la IA de forma creíble.
Con todo, los resultados trimestrales muestran una brecha clara: aproximadamente dos tercios de las empresas de software del S&P 500 han logrado batir las expectativas de ingresos, frente a más del 80% del conjunto del sector tecnológico. La rentabilidad actual, de momento, no basta para disipar las dudas sobre su capacidad de crecimiento a largo plazo en un mundo cada vez más dominado por modelos de IA.
Índices, ETF y análisis técnico: un sector en sobreventa
Desde el punto de vista técnico, muchos indicadores apuntan a un nivel de sobreventa poco habitual en el sector del software. El múltiplo medio de beneficios de los principales índices de empresas del ramo se sitúa en los niveles más bajos de los últimos años. En algunas grandes capitalizadas, la relación precio/beneficio ha caído a entornos de menos de 23 veces resultados estimados, cuando hace no tanto se pagaban primas mucho más elevadas.
El índice de fuerza relativa (RSI) a 14 días de varios de estos valores, incluido el de algunos gigantes como Microsoft, se mueve en zonas típicas de sobreventa, lo que sugiere que al menos a corto plazo podría estar gestándose un rebote técnico. Estrategas de firmas como BTIG consideran que el sector está “probablemente lo suficientemente castigado como para un repunte”, aunque advierten de que la reconstrucción de una base sólida de confianza llevará tiempo.
La propia dinámica de mercado añade leña al fuego. El interés corto —las posiciones bajistas— en empresas de mediana y gran capitalización de software ha aumentado notablemente en los últimos meses, sobre todo en compañías de ciberseguridad y SaaS. Al mismo tiempo, varios indicadores de volatilidad, como el VIX, se han disparado, reflejando la tensión en un entorno en el que los inversores apalancados se han visto obligados a reducir riesgo a marchas forzadas.
En paralelo, algunos gestores de capital privado y crédito, especialmente en Europa, han empezado a revisar a fondo sus carteras de préstamos y participadas de software. Firmas de financiación directa y fondos de deuda han recortado su exposición al sector, en algunos casos a la mitad, y han encargado análisis específicos para identificar qué compañías pueden ser más vulnerables a la disrupción de la IA.
Al final, el cuadro es de un sector técnicamente barato pero aún dominado por la incertidumbre. Para los inversores que buscan valor a largo plazo, esta combinación puede ofrecer puntos de entrada atractivos, pero también obliga a afinar mucho la puntería: ya no basta con comprar “software” como bloque; la clave es distinguir quién tiene una estrategia de IA creíble y quién puede quedarse rezagado.
¿La IA como verdugo o como tabla de salvación del software?
Más allá del ruido de corto plazo, lo que está en juego es una reevaluación de fondo del papel del software en la nueva arquitectura digital. Cada vez más analistas sostienen que la creación de valor se está desplazando desde la capa de aplicaciones —donde han dominado las grandes firmas de software tradicionales— hacia la infraestructura de IA, los centros de datos y las plataformas que orquestan modelos y datos.
En este nuevo esquema, salen reforzados los proveedores de chips, hardware para centros de datos, servicios de nube a gran escala y plataformas capaces de actuar como “sistema operativo” de la IA. Muchas de estas compañías comunican carteras de pedidos crecientes y perspectivas de ingresos al alza, incluso mientras el software puro sufre un ajuste severo. El mercado, en definitiva, se está reordenando a favor de quienes controlan la infraestructura y los datos críticos.
Para las empresas de software empresarial y SaaS, la cuestión es si son capaces de integrar la IA en sus productos de forma que refuercen, y no erosionen, su modelo de negocio. Algunas, como SAP, han decidido colocar la IA en el centro de su estrategia, incorporando funciones inteligentes en un amplio abanico de aplicaciones en la nube y destacando que buena parte de los nuevos contratos incluyen ya licencias asociadas a capacidades de IA.
La narrativa oficial es clara: posicionarse como facilitadores de IA en los procesos diarios de las empresas, ayudando a automatizar tareas, reducir errores y ganar productividad, en lugar de ser desplazados por soluciones externas. Al mismo tiempo, muchas de estas compañías han lanzado programas de recompra de acciones de miles de millones de euros, con el doble objetivo de respaldar la cotización y enviar un mensaje de confianza al mercado.
Sin embargo, sigue flotando una duda de fondo: ¿hasta qué punto los agentes y asistentes de IA, cada vez más potentes, podrán sortear o sustituir los modelos de licencia tradicionales? Muchos inversores temen que, incluso con una integración técnica impecable, el poder de fijación de precios del software de toda la vida quede tocado, lo que forzaría a las empresas a replantear de arriba abajo su estructura de ingresos.
Selección quirúrgica y horizonte incierto para los próximos años
Entre las gestoras y bancos de inversión se consolida una visión común: la fase de compras indiscriminadas de tecnología ha terminado. El desplome de las acciones de software por la IA se interpreta como parte de un reajuste más amplio de las valoraciones en los sectores de crecimiento, tras años de múltiplos muy exigentes. La diferencia ahora es que la disrupción no es teórica: ya se percibe de forma directa en productos, procesos y márgenes.
Expertos de firmas como LPL Financial, JP Morgan o Edward Jones subrayan que la IA aumenta la competencia, presiona los precios y hace más difícil sostener ventajas competitivas duraderas. En ese contexto, asignar valoraciones justas se complica: el abanico de posibles trayectorias de crecimiento para muchas compañías se ha ampliado, y con él la brecha entre los potenciales ganadores y perdedores.
Los episodios históricos de grandes revoluciones tecnológicas sugieren que la estabilización de los precios en bolsa exige, primero, una mayor visibilidad sobre las ganancias futuras. En el caso del software, la incógnita es doble: por un lado, cómo evolucionará la demanda de sus soluciones en un entorno donde la IA automatiza cada vez más tareas; por otro, qué parte de esa automatización capturarán ellas mismas y qué parte quedará en manos de nuevos actores, desde startups de nicho hasta grandes plataformas de infraestructura.
Mientras tanto, el mercado oscila entre la visión más pesimista —la de quienes ven al software tradicional como la próxima industria “vieja” que será arrasada por una nueva ola tecnológica— y la postura de quienes creen que el castigo actual está dejando a precios atractivos a empresas con balances sólidos, bases de clientes muy fidelizadas y capacidad real de adaptación.
En este escenario, Europa juega un papel especial como termómetro del sentimiento global hacia el software empresarial. Casos como SAP, RELX, Wolters Kluwer, Sage o los propios operadores de grandes infraestructuras de datos sirven de referencia para calibrar hasta qué punto los inversores están dispuestos a seguir apostando por los modelos de suscripción y licencias en un mundo donde la IA, para bien o para mal, ha pasado a ocupar el centro del escenario.
Lo que está ocurriendo en bolsa con las acciones de software golpeadas por la inteligencia artificial no se limita, en realidad, a un simple cambio de humor del mercado: refleja un proceso más profundo de reordenación del poder dentro del ecosistema digital, en el que se está decidiendo quién capturará el valor de la próxima década tecnológica y quién tendrá que reinventarse a marchas forzadas para no quedarse atrás.
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