
La escasez de CPUs de Intel y AMD para servidores ha dejado de ser un problema puntual para convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para el sector. Grandes clientes en China han empezado a recibir avisos de retrasos que van desde las 8-10 semanas hasta los seis meses, una situación que amenaza con extenderse a otros mercados y que ya está teniendo impacto en precios, contratos y calendarios de despliegue de infraestructuras.
En un contexto marcado por la fiebre de la inteligencia artificial y la expansión de los centros de datos, las CPUs han pasado a ser un cuello de botella tan serio como las GPU. La combinación de capacidad de fabricación limitada, racionamiento de modelos clave y una demanda muy por encima de lo previsto ha encendido todas las alarmas en fabricantes de servidores, proveedores de nube y operadores de infraestructuras, también en Europa.
Intel admite retrasos de hasta seis meses en CPUs Xeon
Según diversas fuentes del sector citadas en informes recientes, Intel ha comunicado a sus principales clientes chinos que algunas CPUs Xeon de cuarta y quinta generación pueden tardar hasta seis meses en llegar. Hablamos de procesadores de uso masivo en servidores corporativos y centros de datos, no de modelos marginales, lo que convierte la situación en especialmente delicada para cualquier proyecto que dependa de estos chips.
La compañía ya había reconocido en su presentación de resultados que no era capaz de satisfacer toda la demanda de procesadores, y que arrastraba problemas de rendimiento en fabricación. Esa limitación se ha traducido en un importante atasco de pedidos pendientes y en la necesidad de racionar las entregas, priorizando ciertos clientes y regiones frente a otras.
En China, que supone más de una quinta parte de los ingresos de Intel, las CPUs Xeon de última generación se han convertido en un recurso escaso. Varios distribuidores aseguran que buena parte del stock disponible ya está comprometido, y que cualquier nuevo pedido se coloca directamente en una cola con plazos que se miden en meses.
Para el resto del mundo, esto significa que la capacidad de reacción de Intel está muy acotada: si ya va justa para atender a un mercado tan prioritario, cualquier repunte adicional de la demanda en Europa o en otras regiones puede derivar en restricciones similares o en mayores tiempos de espera.
AMD sufre tensiones con EPYC: esperas de 8 a 10 semanas
AMD tampoco se libra del problema, aunque las cifras que maneja son algo menos dramáticas. Distintas fuentes del canal indican que algunos modelos EPYC para servidores están registrando plazos de entrega de entre 8 y 10 semanas, bastante por encima de lo que sería habitual en un mercado acostumbrado a planificar con márgenes mucho más ajustados.
La compañía reconoce una demanda muy fuerte y sostenida y asegura que ha ampliado su capacidad de suministro para hacerle frente. Apoya buena parte de su producción en TSMC, la gran fundición taiwanesa, con la que mantiene acuerdos de suministro de largo recorrido. Desde AMD insisten en que confían en poder cubrir los pedidos de sus clientes globales, pero en la práctica ya están admitiendo que ciertos plazos se han tenido que alargar.
Este escenario se produce en un momento en el que AMD lleva varios años ganando cuota de mercado en servidores. Distintos análisis sitúan su participación global por encima del 20%, después de haber partido de un modesto 5% hace apenas unos años, mientras que Intel ha bajado desde el 90% a algo en torno al 60%. Es decir, ambos venden más CPUs que antes, pero el mercado total ha crecido tanto que cualquier desviación en la capacidad prevista se convierte rápido en un cuello de botella.
Para integradores europeos y proveedores de nube con presencia en la UE, esta situación supone una planificación mucho más compleja de proyectos de renovación y expansión. Si ya había dificultades para encajar los plazos de entrega de GPU y aceleradores de IA, ahora hay que sumar la incertidumbre con las CPUs que sostienen la parte «tradicional» del centro de datos.
Subida de precios y racionamiento de modelos clave en China
Una de las consecuencias más visibles de la escasez es la subida inmediata de precios en el mercado chino. Distribuidores y grandes integradores reconocen aumentos superiores al 10% en procesadores para servidores de Intel, especialmente en las gamas Xeon más demandadas, aunque las cifras concretas varían en función de contratos y volúmenes.
Este encarecimiento responde a una realidad sencilla: hay más demanda que oferta disponible. Ante la imposibilidad de cubrir todos los pedidos en los plazos habituales, Intel se ha visto obligada a racionar modelos concretos y a renegociar condiciones, mientras que algunos socios comerciales han optado por revisar tarifas y aplicar suplementos en aquellos productos donde la falta de stock es más acusada.
La presión no se queda en los grandes actores chinos. Empresas de sectores tan dispares como la banca, la industria, el comercio electrónico o los servicios públicos dependen de proyectos de modernización de sus centros de datos que ahora ven cómo sus hojas de ruta se tambalean. Un retraso de varios meses en la recepción de CPUs puede echar por tierra calendarios, presupuestos y acuerdos con terceros.
La situación, aun centrada por ahora en China, sirve como aviso para operadores europeos: si las tensiones se agravan o se extienden, es probable que se reproduzcan patrones similares de subida de precios, entrega condicionada y exigencia de compromisos de compra a más largo plazo para asegurar capacidad de suministro.
IA, memoria y fabricación: una tormenta perfecta en la cadena de suministro
El detonante de esta escasez no es único, sino la suma de varios factores que han coincidido en el tiempo. En primer lugar, la explosión de la inversión en inteligencia artificial ha disparado la necesidad de infraestructura en todo el mundo. No solo se están comprando GPU y aceleradores específicos, sino que cada nuevo clúster de IA arrastra consigo miles de CPUs para tareas de orquestación, almacenamiento, red, seguridad y gestión.
Intel reconoce que la rápida adopción de la IA ha generado una demanda inusualmente alta de «computación tradicional», es decir, de servidores que no ejecutan directamente cargas de IA, pero que resultan imprescindibles para que todo el ecosistema funcione. A esto se añade el auge de sistemas de IA agéntica, capaces de ejecutar procesos complejos y de varios pasos, que dependen aún más de la potencia de cálculo de la CPU.
En paralelo, el mercado de memoria para servidores vive su propio ciclo de escasez y encarecimiento. A finales del año pasado, los precios de los chips de memoria empezaron a subir con fuerza en China, lo que empujó a muchos clientes a adelantar compras de CPUs y de otros componentes, intentando asegurar precios antes de nuevas subidas y generando un pico de demanda adicional.
Por el lado de la oferta, Intel lleva arrastrando dificultades para aumentar la producción debido a problemas de rendimiento en sus procesos de fabricación. AMD, por su parte, se encuentra limitada por la capacidad disponible en TSMC, que ha priorizado la producción de chips de IA frente a otros productos. Esta combinación de restricciones ha dejado poco margen de maniobra para absorber el tirón inesperado del mercado.
El resultado es una especie de tormenta perfecta en la cadena de suministro de servidores: fabricantes de chips con capacidad al límite, fundiciones saturadas, componentes críticos como la memoria disparados de precio y clientes dispuestos a realizar grandes pedidos para asegurarse suministro, lo que amplifica todavía más los desequilibrios.
Impacto potencial en Europa y ajustes en la planificación de centros de datos
Aunque la información conocida se centra en China, la situación tiene implicaciones claras para Europa y España. El viejo continente está inmerso en su propia carrera por desplegar capacidades de nube soberana, infraestructuras de supercomputación e instalaciones para IA generativa y servicios digitales avanzados. Todo ello requiere grandes volúmenes de CPUs de servidor, además de GPU y otros aceleradores.
Si Intel y AMD tienen que repartir una capacidad limitada entre varios mercados estratégicos, es posible que en Europa se vean ya señales de mayor presión en plazos, menor flexibilidad en las condiciones comerciales y más dependencia de acuerdos de suministro a largo plazo. Operadores de centros de datos y proveedores cloud en la UE pueden verse obligados a adelantar pedidos, asumir mayores inventarios o replantear sus ciclos de renovación.
Este contexto apunta a un cambio de mentalidad frente al modelo clásico de abastecimiento. Muchas empresas tecnológicas estaban acostumbradas a operar casi en modo «just in time», confiando en recibir hardware cuando lo necesitaban. La experiencia de los últimos meses está empujando a un enfoque más precavido, próximo a un «just in case», con contratos más rígidos, reservas de capacidad y una mayor diversificación de proveedores y arquitecturas.
En el caso concreto de España y otros países europeos, la escasez global de CPUs puede influir en proyectos de modernización de la Administración, despliegue de nubes públicas y privadas y planes de digitalización de grandes empresas. Aunque por ahora los avisos más contundentes se han dirigido a clientes chinos, nada garantiza que futuros repuntes de la demanda o nuevos problemas de fabricación no acaben trasladando tensiones similares a la región.
Todo apunta a que las decisiones de compra de infraestructura tendrán que tener mucho más en cuenta la disponibilidad real de hardware, y no solo las especificaciones técnicas o el precio. La capacidad de asegurar suministro en plazos razonables se está convirtiendo en un factor crítico a la hora de elegir proveedor y diseñar arquitecturas de centro de datos a medio plazo.
Con este panorama, el mercado de procesadores para servidores entra en una fase en la que las CPUs de Intel y AMD dejan de ser un simple commodity y pasan a ser un recurso estratégico. Los retrasos de semanas y meses, las subidas de precios y la saturación de la cadena de suministro obligan a empresas y administraciones, también en Europa, a repensar sus calendarios, diversificar riesgos y asumir que la abundancia de hardware que se daba por sentada hace unos años ya no está garantizada.
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