jueves, 20 de agosto de 2026

SPC tiene la clave para que controles las pantallas en los niños

Agosto tiene una cara menos amable para muchas familias: con los campamentos terminados, menos rutinas y más horas libres en casa o con los abuelos, las pantallas se convierten con demasiada facilidad en el recurso de ocio por defecto. Móvil, tablet, consola o televisión acaban rellenando huecos que durante el curso ocupaban el colegio, las actividades extraescolares o simplemente unos horarios más marcados. El problema no está tanto en utilizar tecnología como en hacerlo sin límites claros. Precisamente por eso, SPC y la experta en bienestar digital Laura Cuesta Cano han elaborado el Compromiso Digital Familiar por Edades, una guía que intenta convertir los habituales consejos genéricos en normas aplicables al día a día.

La propuesta divide las recomendaciones en cuatro etapas (6-10, 10-12, 12-14 y 14-16 años) porque, como parece bastante lógico, no tiene demasiado sentido aplicar las mismas reglas a un niño de siete años que a un adolescente de quince. Pero hay un detalle que me parece especialmente acertado: el compromiso no señala únicamente a los menores. Los adultos también tienen deberes, como evitar utilizar el móvil durante las comidas o controlar su propio tiempo de pantalla. Y esto es importante porque resulta difícil pedirle a un niño que suelte el teléfono mientras nosotros consultamos WhatsApp cada treinta segundos. La guía se apoya además en un estudio de SPC sobre la llegada del primer móvil a las familias españolas. Según sus datos, el 49,8 % de los padres entrega el primer dispositivo por motivos de seguridad, mientras que un 47,3 % lo hace para mejorar la comunicación familiar. Además, el 58,1 % reconoce que se sentiría más tranquilo si sus hijos comprendieran mejor los riesgos del entorno digital.

No existe una cifra mágica de minutos que convierta automáticamente un uso del móvil en saludable, igual que prohibir las pantallas por completo tampoco parece una solución demasiado realista en 2026. Lo interesante de iniciativas como esta es que trasladan la conversación desde el “el móvil es malo” hacia cuestiones bastante más útiles: cuándo se utiliza, para qué, durante cuánto tiempo y con qué acompañamiento. En mi caso, me parece especialmente importante que las normas afecten a toda la familia, porque los niños aprenden mucho más de lo que ven que de lo que les decimos. Agosto puede ser el mes con más horas disponibles para caer en el scroll infinito, pero también puede servir para establecer hábitos que después sobrevivan al regreso al colegio. Y ahí, más que instalar otra aplicación de control parental, probablemente la herramienta más eficaz siga siendo algo bastante menos tecnológico: acordar unas reglas y cumplirlas todos.



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