miércoles, 18 de febrero de 2026

La crisis de RAM causada por la IA pone contra las cuerdas al hardware de consumo

crisis de RAM causada por la IA

La creciente demanda de memoria para inteligencia artificial está generando un efecto dominó que ya se deja notar en casi todo el sector tecnológico de consumo. Desde móviles y ordenadores hasta consolas y dispositivos portátiles para jugar, el acceso a RAM y almacenamiento se ha convertido en un auténtico cuello de botella que amenaza con cambiar precios, calendarios de lanzamiento e incluso la viabilidad de muchas empresas.

Lo que hasta hace poco parecía un problema puntual de chips se está consolidando como una crisis prolongada de memoria RAM y NAND, alimentada por la expansión acelerada de los centros de datos de IA. Grandes actores de la industria advierten de que esta situación no solo encarecerá productos en tiendas, sino que podría provocar cierres de fabricantes y retrasos importantes en nuevos dispositivos muy esperados.

La IA se queda con la mayor parte de la memoria disponible

Según ha explicado el director ejecutivo de Phison, Pua Khein-Seng, la inmensa mayoría de la producción actual de memoria RAM, chips NAND flash y unidades SSD está yendo a parar a servidores y GPU dedicadas a IA. Esto deja a los fabricantes de productos de consumo, como ordenadores personales, móviles o televisores, compitiendo por un margen cada vez más pequeño de componentes disponibles.

Esta desviación de recursos supone que los pocos módulos de memoria y discos que llegan al mercado minorista lo hagan con precios muy por encima de lo habitual, haciendo que renovar un PC, ampliar un portátil o montar un sistema nuevo resulte mucho más costoso que hace unos años. Para el usuario final, la consecuencia directa es clara: equipos más caros o con configuraciones recortadas para contener costes.

Los problemas no se quedan en el lado del consumidor. Muchos fabricantes que dependen de estos componentes se encuentran con dificultades para asegurar contratos de suministro a precios razonables. En la práctica, esto significa líneas de producción paradas, cambios sobre la marcha en el diseño de productos y márgenes de beneficio cada vez más apretados.

Phison, compañía con sede en Taiwán especializada en controladoras y soluciones de almacenamiento, advierte de que numerosos fabricantes orientados al mercado de electrónica de consumo podrían verse obligados a echar el cierre o abandonar gamas enteras de productos por simple falta de memoria disponible a un coste asumible.

El propio Pua Khein-Seng vaticina una caída relevante en la producción de smartphones, que podría reducirse en cientos de millones de unidades en el corto plazo, y apunta a una tendencia similar para PC y televisores, que ya muestran señales de desaceleración por la presión de costes y la dificultad para encontrar piezas.

Prepagos de tres años y una escasez que podría alargarse hasta 2030

Uno de los aspectos más llamativos de la situación es la nueva dinámica comercial que se está imponiendo entre los grandes compradores de memoria y los fabricantes de chips. Khein-Seng señala que los productores de RAM y NAND han empezado a exigir prepago de hasta tres años para garantizar capacidad de fabricación, algo que describe como inédito en la industria.

Este tipo de acuerdos a largo plazo está al alcance sobre todo de hiperescalares y gigantes tecnológicos centrados en IA, que pueden comprometer grandes volúmenes y sumas de dinero por adelantado. En cambio, muchas empresas más pequeñas o centradas en electrónica de consumo no pueden competir en ese terreno y se quedan literalmente sin sitio en la cola de producción.

Los propios proveedores de memoria manejan internamente previsiones poco alentadoras: en el escenario más optimista, la escasez podría prolongarse hasta alrededor de 2030. Algunas estimaciones son incluso más pesimistas y hablan de mantener tensiones de oferta durante al menos otros diez años, especialmente si el despliegue de nuevas generaciones de GPU y servidores de IA continúa al ritmo actual.

Un ejemplo del impacto potencial lo encontramos en la próxima hornada de GPU para IA de NVIDIA, con plataformas de nueva generación que incorporarán capacidades de almacenamiento enormes por sistema. Los cálculos de la propia industria apuntan a que, si se envían decenas de millones de unidades con más de 20 TB de SSD cada una, solo esa familia de productos podría consumir en torno a una quinta parte de la producción global anual de NAND de años recientes.

Con este panorama, la consecuencia lógica es que queda menos memoria disponible para productos de consumo, y la que hay se encarece. La cadena se traslada a todos los niveles: fabricantes de dispositivos, distribuidores, minoristas y, finalmente, usuarios que se encuentran con precios inflados o con falta de stock en categorías clave.

Consolas y videojuegos, nuevas víctimas de la crisis de RAM

El sector del videojuego se está convirtiendo en uno de los ejemplos más visibles de cómo la crisis de RAM y almacenamiento vinculada a la IA afecta al entretenimiento digital. Las grandes consolas dependen de memoria de alto rendimiento y soluciones de almacenamiento avanzadas, precisamente los componentes que más se están encareciendo y escaseando.

En el caso de Sony, informes de mercado citados por medios internacionales apuntan a que la próxima generación de PlayStation, conocida popularmente como PlayStation 6, podría llegar bastante más tarde de lo que marcaba el ciclo habitual de la marca. Aunque oficialmente no hay fecha, las filtraciones indicaban que no se esperaría antes de 2027, y ahora se habla de ventanas que se mueven hacia 2028 o incluso 2029.

Este retraso rompería el patrón de renovación de consola cada seis o siete años, lo que obligaría tanto a Sony como a los estudios de desarrollo a alargar la vida útil de PlayStation 5. Para los jugadores, esto se traduce en más tiempo con la generación actual, posibles limitaciones técnicas en títulos futuros y cambios en las estrategias de lanzamiento de juegos y exclusividades.

Nintendo tampoco se libra de la presión de la memoria. La sucesora de su consola híbrida, conocida como Nintendo Switch 2, también estaría sufriendo el impacto del encarecimiento de RAM y otros componentes clave. Algunos análisis señalan subidas de coste de la memoria por encima del 40 % en periodos relativamente cortos, un incremento difícil de absorber sin tocar el precio final del hardware.

Aunque la compañía no ha confirmado públicamente un ajuste de precios, fuentes cercanas a sus planes indican que un aumento del precio de Switch 2 durante 2026 está sobre la mesa si la tensión de suministro continúa. La consecuencia probable sería una consola menos accesible para parte del público, especialmente en mercados sensibles al precio como buena parte de Europa.

Steam Deck y nuevos dispositivos de Valve, en el punto de mira

Más allá de las consolas tradicionales, otros dispositivos de juego también están notando el golpe. La Steam Deck de Valve, especialmente en su versión con pantalla OLED, ya muestra problemas de disponibilidad intermitente en varias regiones, con periodos en los que resulta complicado encontrar unidades a la venta.

La propia Valve ha comunicado que esta situación se debe a la falta de memoria RAM y unidades de almacenamiento, las mismas piezas que centros de datos y plataformas de IA están absorbiendo a gran escala. Algunos comercios en mercados clave como Estados Unidos o Reino Unido reportan stock muy limitado del modelo OLED, y no existe todavía una fecha clara para que el suministro se normalice.

Por ahora, en países como España y otros mercados europeos la disponibilidad de Steam Deck puede variar según el canal de venta, pero el temor dentro del sector es que, si la crisis de RAM se prolonga, el acceso al dispositivo se complique también en estas regiones. Para quienes están pensando en hacerse con una consola portátil de este tipo, el factor tiempo empieza a jugar un papel importante.

El impacto no se limita a productos ya en el mercado. Valve también ha presentado una nueva máquina de sobremesa para jugadores, una especie de PC gaming con enfoque de consola que tenía previsto llegar en los primeros meses de 2026. Sin embargo, la compañía se ha visto obligada a revisar su calendario y retrasar el lanzamiento, ampliando la ventana a la primera mitad de ese año sin un mes concreto.

Este ajuste, motivado igualmente por la escasez y el encarecimiento de las memorias, podría venir acompañado de precios más altos de lo planeado inicialmente. Si ya se hablaba de un coste cercano al de un PC para juegos completo, el riesgo es terminar con un sistema claramente más caro de lo que muchos jugadores esperaban o podían asumir.

Fabricantes bajo presión y usuarios atrapados entre precios y escasez

Con la IA acaparando gran parte de la producción de memoria, los fabricantes que se centran en electrónica de consumo se encuentran en una posición complicada. Muchos dependen de acuerdos de suministro variables y márgenes ajustados, y no tienen la capacidad financiera para adelantar años de compras como hacen las grandes tecnológicas del sector de centros de datos.

La consecuencia es que algunas empresas se plantean reducir o cancelar líneas de productos que ya no les salen a cuenta debido al coste de los componentes. Desde dispositivos de gama media que pierden atractivo frente a modelos más baratos, hasta proyectos completamente paralizados por no poder garantizar un abastecimiento estable de RAM y NAND, el abanico de efectos es amplio.

Para los consumidores europeos, esto se traduce en un mercado con menos opciones y más caro. Renovar el ordenador, comprar una consola de nueva generación o hacerse con un portátil gaming puede implicar pagar más por especificaciones similares a las de hace unos años, o conformarse con configuraciones más modestas para mantener el presupuesto bajo control.

El ecosistema del videojuego es uno de los que más claramente está exhibiendo las tensiones: subidas potenciales de precio en consolas, retrasos en lanzamientos clave como la futura PlayStation, portátiles de juego con problemas de stock y nuevos dispositivos que llegan más tarde o más caros. Todo ello con un telón de fondo en el que la IA sigue creciendo y pidiendo cada vez más memoria.

Si las previsiones más cautas se cumplen y la crisis de RAM causada por la IA se extiende durante buena parte de esta década, tanto fabricantes como usuarios tendrán que acostumbrarse a un escenario en el que la memoria deja de ser un componente relativamente abundante y barato para convertirse en un recurso estratégico que condiciona lanzamientos, precios y disponibilidad en todo el mercado tecnológico.



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