martes, 10 de febrero de 2026

Linus Torvalds confirma que el próximo núcleo será Linux 7.0

Kernel Linux 7.0

El desarrollo del kernel Linux se prepara para dar un nuevo salto de versión que, sin suponer una revolución absoluta, sí marca un hito en la evolución del sistema operativo. Tras exprimir durante años la numeración 6.x y consolidar multitud de mejoras internas, el proyecto mira ya de frente a Linux 7.0, una edición llamada a apuntalar todo ese trabajo previo.

Aunque pueda parecer un simple cambio de número, detrás de este salto hay decisiones técnicas y de organización relevantes, desde cómo el kernel trata el hardware actual hasta cómo se planifica la continuidad del proyecto cuando Linus Torvalds deje de estar al mando. Y, como suele pasar en el ecosistema Linux, buena parte de estos cambios irán llegando poco a poco a los usuarios de España y del resto de Europa a través de sus distribuciones habituales.

De la rama 6.x al salto de numeración hacia Linux 7.0

Desde la llegada de Linux 6.0 en octubre de 2022, el kernel ha encadenado 19 grandes actualizaciones dentro de la serie 6.x, orientadas a reforzar el rendimiento, la seguridad y la compatibilidad con hardware cada vez más diverso. Durante este ciclo, se han ido puliendo subsistemas clave y corrigiendo cuellos de botella que afectaban tanto a equipos domésticos como a servidores profesionales.

Linus Torvalds ha reiterado en varias ocasiones que evita alargar en exceso las numeraciones y que, en tono medio serio medio en broma, suele “contar con los dedos de manos y pies” antes de dar el salto al siguiente número principal. Esta filosofía se vuelve a aplicar ahora: en lugar de seguir con 6.20 o 6.21, se ha optado por pasar directamente a Linux 7.0 para reflejar mejor la madurez acumulada del código.

Este cambio no implica romper con todo lo anterior. Torvalds y el resto de mantenedores han dejado claro que Linux 7.0 será una evolución continuista, construida sobre la base robusta de la rama 6.x. Lo que se persigue es limpiar partes antiguas del núcleo, reorganizar componentes internos y dejar un kernel más manejable, moderno y preparado para el hardware que dominará los próximos años.

En ese sentido, la transición numérica actúa más como un punto de referencia simbólico y técnico que como una frontera entre dos mundos incompatibles. Las mejoras que ya se han ido introduciendo en versiones como Linux 6.18 o 6.19 se convertirán en el cimiento sobre el que se asiente el nuevo 7.0.

Linus Torvalds anuncio Linux 7.0

Linux 6.19: una actualización discreta que prepara el terreno

La reciente versión Linux 6.19 desempeña un papel clave en esta transición. Aunque a primera vista pueda parecer una actualización menor, su objetivo real es servir de base técnica para el salto a Linux 7.0. Lejos de grandes titulares, se centra en pulir el rendimiento, estabilizar subsistemas y dejar el núcleo más limpio de cara al siguiente ciclo.

Entre los cambios más relevantes de Linux 6.19 destacan las mejoras en el planificador de CPU, que reparte de forma más eficiente las tareas entre los núcleos disponibles. Esto se traduce en un sistema más fluido, con menos picos de latencia y una mejor respuesta tanto en escritorios como en servidores, algo especialmente apreciable en entornos donde se combinan cargas intensivas con multitarea.

La versión 6.19 también incorpora optimizaciones específicas para CPUs AMD. Se han retocado aspectos relacionados con el uso de la caché y la gestión de energía, lo que permite un aprovechamiento más uniforme de los núcleos y una mayor eficiencia, tanto en equipos basados en Ryzen como en servidores con procesadores EPYC, muy presentes en centros de datos europeos.

Otro apartado importante es la reducción de latencias en cargas muy exigentes. Al eliminar o mitigar ciertos cuellos de botella internos, se consigue que tareas como la compilación de grandes proyectos, la virtualización intensiva o la ejecución de modelos de inteligencia artificial se comporten de forma más predecible, sin caídas bruscas de rendimiento cuando el sistema se ve al límite.

Tampoco se ha descuidado la gestión de memoria. Linux 6.19 ajusta el comportamiento del subsistema de RAM en escenarios de alta presión, intentando evitar que el sistema se vuelva torpe o deje de responder cuando los recursos escasean. Con ello se busca ofrecer una experiencia más estable también en entornos de escritorio, donde cada vez es más frecuente ejecutar aplicaciones pesadas al mismo tiempo.

En paralelo, se han introducido avances en la gestión energética. El kernel afina el control de estados de energía y frecuencias dinámicas, reduciendo el consumo cuando no hace falta tanta potencia y mejorando la autonomía de portátiles. Para usuarios en España o Europa que usan Linux en movilidad, este tipo de cambios puede suponer una diferencia apreciable en la duración de la batería.

Un punto menos visible pero fundamental es la limpieza de código y la retirada de componentes obsoletos. Linux 6.19 suprime piezas del núcleo que ya no tenían sentido práctico o que se arrastraban por pura compatibilidad con hardware muy antiguo. Al aligerar esta carga, el kernel resulta más sencillo de mantener y menos propenso a errores difíciles de detectar a largo plazo.

Como es habitual, la nueva versión también amplía el soporte para hardware moderno, desde CPUs recientes hasta nuevos periféricos y controladores, facilitando tareas como compartir dispositivos USB por la red. Este trabajo silencioso garantiza que Linux siga siendo una opción viable en equipos recién lanzados al mercado, algo crucial para fabricantes y distribuidores europeos que quieren ofrecer compatibilidad desde el primer día.

Calendario de lanzamiento y llegada a las distribuciones

Torvalds ha confirmado que la próxima gran versión del núcleo será Linux 7.0 y que, si el calendario de desarrollo no sufre imprevistos, su lanzamiento está previsto para mediados de abril de 2026. Se mantiene así el ritmo clásico del proyecto, con ventanas de integración, fases de prueba y publicación de la versión estable de forma bastante regular.

Sin embargo, la fecha en la que el núcleo se libera oficialmente no coincide siempre con la llegada inmediata a los usuarios. Cada distribución Linux adopta el kernel a su propio ritmo, en función de sus políticas de estabilidad y del tipo de público al que va dirigida, algo especialmente visible en el contexto europeo.

En el caso de las distros Rolling Release, como Arch Linux, la adopción suele ser rápida. Una vez que el kernel entra en los repositorios principales, basta con actualizar el sistema desde la consola para tener la versión más reciente, sin necesidad de esperar grandes lanzamientos. Usuarios avanzados y desarrolladores en España suelen optar por este modelo cuando quieren seguir de cerca las novedades del kernel.

Por el contrario, distribuciones como Ubuntu, Linux Mint o Debian priorizan la estabilidad, especialmente en sus ediciones de soporte prolongado que son muy populares en empresas y administraciones públicas europeas. En estos casos, Linux 7.0 podría tardar semanas o incluso meses en llegar a los repositorios oficiales, tras un periodo de pruebas y validación interna.

Algunas versiones LTS de Ubuntu, por ejemplo, solo incorporan nuevos núcleos mediante actualizaciones específicas del hardware enablement stack, y no siempre adoptan la última rama disponible. De este modo, muchos usuarios corporativos seguirán trabajando sobre la serie 6.x incluso cuando Linux 7.0 ya esté disponible para el público general.

Quien no quiera esperar tiene la opción de recurrir a herramientas especializadas, como las utilidades tipo Mainline en el ecosistema Ubuntu, que permiten instalar versiones más recientes del kernel con relativa facilidad. Eso sí, este enfoque está más pensado para usuarios con experiencia, capaces de asumir posibles regresiones o problemas de compatibilidad.

Lo que se espera de Linux 7.0: cambios internos y menos fuegos artificiales

Por ahora, los detalles concretos sobre todas las novedades de Linux 7.0 son limitados, ya que gran parte del trabajo sigue en marcha. Lo que sí se ha dejado claro es que no se está diseñando una versión “rompedora” que cambie por completo la experiencia del usuario, sino una edición centrada en consolidar una base técnica fuerte y preparada para el futuro.

La prioridad pasa por reorganizar y modernizar partes internas del núcleo, muchas de las cuales han crecido de forma orgánica durante años. Esta tarea de “fontanería” informática suele pasar desapercibida para el usuario medio, pero es la que permite que el kernel siga siendo fiable bajo cargas cada vez más complejas y en arquitecturas muy distintas.

Buena parte de estos cambios están pensados para servidores, centros de datos y nubes públicas, ámbitos en los que Linux es la pieza central y donde la fiabilidad y el rendimiento a largo plazo son claves. En Europa, con un fuerte despliegue de infraestructuras cloud y plataformas de servicios, este enfoque conservador pero profundo resulta especialmente relevante.

En paralelo, la comunidad técnica que sigue el desarrollo del kernel ha expresado su intención de vigilar de cerca los parches que se integren de cara a 7.0 para poder mapear mejor a qué tipos de escenarios afectará cada cambio. Así, administradores de sistemas, desarrolladores y usuarios avanzados podrán ir anticipando cómo encajará el nuevo núcleo en sus despliegues.

En resumen, la idea general es que Linux 7.0 no venga acompañado de una lista interminable de funciones vistosas, sino de un conjunto de mejoras estructurales que den estabilidad al proyecto durante los próximos años, minimizando sorpresas y manteniendo la interoperabilidad con la enorme cantidad de software que gira alrededor del kernel.

Impulso al ecosistema gráfico: Nouveau, NVK y mejoras para NVIDIA

Uno de los frentes donde se están viendo avances relevantes es el ecosistema gráfico abierto en Linux, un terreno especialmente sensible para quienes usan tarjetas gráficas NVIDIA con controladores libres. Durante el ciclo de Linux 6.19, el driver Nouveau añadió soporte para páginas grandes de memoria y compresión, pensado para mejorar el rendimiento en GPUs modernas.

Estas capacidades estaban muy ligadas al driver NVK dentro de la pila gráfica Mesa, que debía aprovechar esas funciones para ofrecer un salto de rendimiento en juegos y aplicaciones 3D. Sin embargo, se detectaron problemas en el kernel que obligaron a desactivar parcialmente estas mejoras antes de que llegaran al gran público.

Según ha explicado David Airlie, ingeniero de Red Hat involucrado en el desarrollo gráfico, los errores ya se han rastreado y corregido. Entre ellos se encontraba un fallo relacionado con la suspensión de una GPU profesional basada en la arquitectura Ada Lovelace, así como un bug crítico en el manejo de páginas grandes en Nouveau que impedía activar esta característica sin riesgo.

Las correcciones han sido enviadas al árbol drm-misc-next-fixes, lo que implica que se integrarán en el siguiente ciclo completo del kernel en lugar de entrar como un parche urgente en la rama estable actual. Todo indica que el soporte mejorado para páginas grandes y compresión quedará plenamente operativo en la serie que dará origen a Linux 7.0.

Una vez que el código se fusione en la rama principal y NVK pueda reactivar el uso de estas funciones, se esperan ganancias de rendimiento apreciables en juegos y gráficos 3D, sobre todo en combinaciones con GPUs potentes, como una RTX 4090 funcionando con drivers abiertos. Para muchos usuarios europeos que quieren prescindir de controladores propietarios, este tipo de avance supone un paso adelante importante.

Sin grandes campañas de marketing alrededor, este movimiento se enmarca en la tendencia de reducir poco a poco las brechas entre drivers abiertos y propietarios. Si se cumplen los plazos, Linux 7.0 llegaría con un ecosistema gráfico más maduro que permitirá jugar y trabajar con tarjetas NVIDIA en condiciones más competitivas sin depender tanto de binarios cerrados.

Live Update Orchestrator y otras mejoras clave del nuevo núcleo

Entre las funciones que más atención están recibiendo de cara al nuevo ciclo del kernel aparece el Live Update Orchestrator, una tecnología orientada a actualizar el núcleo sin tener que apagar máquinas virtuales. Para proveedores de servicios en la nube, empresas de hosting o grandes organizaciones que manejan servicios críticos, esta capacidad supone reducir al mínimo las ventanas de mantenimiento.

La idea es coordinar de manera más inteligente los cambios en el kernel de forma que las VMs sigan funcionando mientras se aplica la actualización, evitando paradas completas de servicio. En el contexto europeo, donde muchas compañías ofrecen servicios 24/7 a escala continental, poder parchear y actualizar con menos interrupciones puede marcar una diferencia competitiva notable.

Otro frente relevante es el refuerzo de la comunicación encriptada entre dispositivos PCIe y máquinas virtuales. Al incrementar el nivel de protección en el tráfico que circula entre el hardware y las VMs, se pretende mitigar riesgos de interceptación o manipulación de datos sensibles, algo que preocupa especialmente a sectores regulados como banca, salud o administraciones públicas.

Linux 7.0 también tiene previsto ampliar el soporte para procesadores de última generación de Intel y AMD, además de seguir apostando por arquitecturas emergentes como RISC-V y determinados diseños de CPU de origen chino. Con ello se busca que el sistema operativo siga siendo una opción sólida para una gama muy amplia de plataformas, desde pequeños dispositivos embebidos hasta grandes servidores en centros de datos europeos.

En el ámbito del almacenamiento y las comunicaciones, se están introduciendo optimización en sistemas de archivos y en la pila de red. Uno de los cambios más comentados es la eliminación de un bloqueo interno que hacía que ciertas transferencias de datos fueran inusualmente lentas. Con el nuevo enfoque, esas operaciones podrían llegar a ser hasta cuatro veces más rápidas en determinados escenarios.

Estos ajustes no solo benefician a grandes infraestructuras, sino también a usuarios domésticos que manejan volúmenes elevados de datos, por ejemplo al trabajar con copias de seguridad, bibliotecas multimedia o proyectos profesionales desde casa. En definitiva, se trata de pulir el comportamiento del kernel para que responda mejor cuando se le exige al máximo.

Continuidad del proyecto: el futuro más allá de Linus Torvalds

La confirmación de Linux 7.0 ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión que lleva años rondando en el ecosistema: qué pasará cuando Linus Torvalds deje de liderar el desarrollo del kernel. Tras más de tres décadas al frente, su figura sigue siendo el árbitro final en decisiones delicadas y la referencia de última instancia para mantener la coherencia del proyecto.

Lejos de mirar hacia otro lado, la comunidad ha empezado a formalizar un plan de sucesión que permita gestionar el relevo cuando llegue el momento. Este enfoque se planteó en la última Linux Kernel Maintainer Summit celebrada en Tokio, donde desarrolladores veteranos, como Dan Williams, subrayaron la necesidad de tener procesos claros para escenarios imprevistos.

No se trata tanto de señalar a una persona específica como heredera, sino de definir un mecanismo transparente y seguro para escoger a quienes asumirán las tareas de coordinación. El objetivo es proteger el proyecto frente al llamado “factor autobús”, es decir, la pregunta incómoda de qué ocurriría si el líder principal desapareciera de manera repentina.

En el día a día, buena parte del peso recae ya sobre otros mantenedores destacados. Si surgiera una emergencia, Greg Kroah-Hartman, responsable de la rama estable del kernel, sería la figura llamada a tomar las riendas de forma temporal. A medio plazo, la idea es distribuir la responsabilidad entre varias personas de confianza, evitando que toda la estructura dependa de un único nombre.

El propio Torvalds ha recordado el papel en su momento de figuras como Andrew Morton o Alan Cox, y ha señalado que en el futuro habrá otros perfiles, como Shannon o Steve, ocupando posiciones clave. Para él, lo importante no es tanto quién sea la persona concreta, sino que la comunidad confíe en que quienes estén al frente mantendrán la estabilidad y la dirección técnica del núcleo.

Al final, su trabajo consiste en actuar como último filtro y moderador, revisando que cada ciclo de desarrollo mantenga la calidad exigida y evitando cambios que puedan romper la compatibilidad sin una justificación de peso. Esta función no solo impacta en usuarios individuales, sino también en la industria tecnológica europea, que depende del kernel para sustentar un buen número de servicios y productos.

Con este contexto técnico y organizativo, Linux 7.0 se perfila como una versión pensada para consolidar el trabajo realizado en la serie 6.x, reforzar la fiabilidad del núcleo, dar un nuevo impulso a los controladores abiertos —especialmente en el terreno gráfico— y avanzar en la preparación interna del proyecto para que siga siendo una pieza estable y predecible de la infraestructura digital en España, Europa y el resto del mundo durante muchos años.



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