
La tensión entre Estados Unidos y China por el liderazgo en inteligencia artificial ha dado un nuevo giro con las acusaciones de OpenAI contra la startup china DeepSeek. La compañía creadora de ChatGPT ha trasladado a legisladores estadounidenses que su rival asiática estaría aprovechando, sin permiso, las capacidades de modelos de IA desarrollados en Estados Unidos para entrenar sus propios sistemas.
En una serie de memorandos enviados al Congreso de EEUU, OpenAI describe un patrón continuado de conductas que, a su juicio, pone en entredicho la competitividad tecnológica estadounidense y abre la puerta a riesgos de seguridad en áreas sensibles como la biología o la química. El conflicto, aunque todavía no ha llegado a los tribunales, se ha instalado de lleno en el terreno geopolítico y regulatorio.
Qué denuncia exactamente OpenAI a DeepSeek
Según la documentación remitida al Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre la competencia con China, OpenAI sostiene que DeepSeek está utilizando una técnica conocida como destilación para construir sus modelos de IA a partir de respuestas generadas por sistemas avanzados estadounidenses, entre ellos los de la propia OpenAI y otros laboratorios punteros como Anthropic.
La destilación es una práctica común en el sector: consiste en utilizar las salidas de un modelo grande y consolidado para entrenar otro modelo más pequeño o más eficiente, que actúa como «alumno» del primero. El problema, apuntan desde OpenAI, aparece cuando este proceso se realiza sin autorización contractual y vulnerando las condiciones de uso de los servicios, algo que la compañía cree que está ocurriendo de forma sistemática.
En su relato a los legisladores, OpenAI asegura que empleados de DeepSeek habrían desarrollado código específico para conectarse de forma programática a modelos de IA estadounidenses y extraer respuestas en grandes volúmenes, con el fin de alimentar sus propios sistemas de entrenamiento. Esta extracción masiva de resultados, según la empresa, les permitiría «viajar gratis» sobre años de inversión ajena.
Los documentos remitidos al Congreso subrayan que estas actividades no se limitarían a un único modelo, sino que abarcarían varios sistemas de IA desarrollados en Estados Unidos, lo que, en opinión de OpenAI, amplifica el impacto en términos de propiedad intelectual, ventaja competitiva y seguridad.
OpenAI, dirigida por Sam Altman, sostiene además que la práctica no se circunscribe a DeepSeek, pero sitúa a esta compañía como uno de los casos más llamativos dentro de un patrón más amplio de actores chinos —y en menor medida rusos— que estarían acortando distancias tecnológicas gracias a estas técnicas.

Técnicas de destilación, ofuscación y elusión de controles
Más allá de la destilación en sí misma, OpenAI describe un abanico de métodos de elusión y ofuscación supuestamente empleados por DeepSeek. En los memorandos se afirma que se han detectado cuentas vinculadas a personal de la compañía china que intentaban acceder a los modelos de OpenAI a través de enrutadores de terceros y redes interpuestas, con el fin de ocultar el origen real del tráfico.
La empresa estadounidense señala que estos esquemas de conexión habrían evolucionado desde simples consultas automatizadas hasta procesos en varias etapas, en los que primero se generan grandes volúmenes de respuestas, después se limpian y filtran esos datos, y finalmente se utilizan como materia prima para recrear el razonamiento de los modelos estadounidenses en sistemas propios.
Según los documentos enviados al Congreso, OpenAI también ha identificado el uso de revendedores no autorizados de sus servicios, lo que permitiría a DeepSeek y a otros actores sortear las restricciones habituales en las API oficiales. De este modo, se esquivan bloqueos, límites de uso y sistemas de monitorización diseñados para detectar comportamientos sospechosos.
La compañía de San Francisco asegura estar respondiendo con una política de bloqueos proactivos a cuentas e infraestructuras que parecen dedicadas a destilar sus modelos para crear productos rivales. Esta estrategia, sin embargo, se enfrenta a un juego del gato y el ratón en el que los métodos de ofuscación se vuelven cada vez más sofisticados.
Uno de los puntos que más inquieta a OpenAI es que, en estos procesos de copia, las salvaguardas incluidas en los modelos originales tienden a perderse. En la práctica, las nuevas IAs pueden conservar buena parte de la capacidad de razonamiento o generación de texto, pero sin los mismos filtros frente a contenidos peligrosos o sensibles.
Riesgos para la seguridad y la política de contenidos
En los memorandos y exposiciones ante legisladores, OpenAI hace especial hincapié en que la destilación no solo plantea un problema económico o de propiedad intelectual, sino también de seguridad. Al replicar capacidades avanzadas sin las mismas barreras de protección, los modelos resultantes podrían ser más propensos a generar información de alto riesgo en campos como la biología sintética o la química.
Desde la compañía estadounidense se advierte de que el proceso de destilado prioriza la transferencia de capacidades —es decir, que el modelo copiado «razone» y responda a un nivel similar al original— mientras que la seguridad queda relegada a un segundo plano. Esto, alertan, abre la puerta a usos indebidos más frecuentes y difíciles de controlar.
OpenAI también llama la atención sobre la política de contenidos y censura de DeepSeek. Según el material remitido a los legisladores, el asistente chino habría sido configurado para suprimir respuestas en cuestiones que el gobierno de Pekín considera delicadas, como Taiwán o la masacre de Tiananmen. Esta alineación con la línea oficial china genera preocupación en Washington por el potencial despliegue global de una IA «autocrática».
El representante republicano John Moolenaar, que preside uno de los comités clave de la Cámara de Representantes, llegó a describir estas prácticas como parte del «manual» del Partido Comunista Chino, acusando a las empresas del país de «robar, copiar y destruir» en el campo de la tecnología. Sus declaraciones reflejan hasta qué punto el debate trasciende el ámbito empresarial.
Para OpenAI, el riesgo no se limita al mercado estadounidense: si modelos entrenados a partir de sistemas occidentales, pero sujetos a censura política, se expanden internacionalmente como soluciones de bajo coste, podrían condicionar el acceso a la información en numerosos países, incluida Europa.

Impacto económico, hardware y carrera tecnológica
El trasfondo del conflicto es la carrera global por la inteligencia artificial de nueva generación, en la que Estados Unidos y China se disputan el liderazgo. Desde hace años, Washington ha impuesto restricciones a la exportación de chips avanzados y equipamiento de IA a China, con la idea de mantener cierta ventaja tecnológica.
No obstante, DeepSeek ha logrado situarse como uno de los rivales más serios de los modelos estadounidenses, con sistemas como DeepSeek-V3 y DeepSeek-R1 que han sido elogiados incluso desde Silicon Valley y que se distribuyen a escala internacional, en algunos casos bajo licencias de código abierto.
OpenAI subraya además la cuestión del modelo de negocio. Mientras empresas como la propia OpenAI o Anthropic dependen de suscripciones y servicios de pago para amortizar inversiones multimillonarias en infraestructura, DeepSeek ofrece parte de sus modelos sin cuota mensual, lo cual, según los memorandos, podría presionar los precios del mercado y desincentivar las inversiones de compañías occidentales.
El acceso al hardware de alto rendimiento es otro frente delicado. Documentación manejada por comités legislativos estadounidenses apunta a que DeepSeek habría recibido asesoramiento técnico de Nvidia para optimizar el entrenamiento de sus modelos, y que el modelo base DeepSeek-V3 habría necesitado millones de horas de GPU H800 antes de que se endureciesen las restricciones a este tipo de chips.
Algunos congresistas, como Michael McCaul, han utilizado el caso DeepSeek como ejemplo de los riesgos de permitir la venta de semiconductores avanzados a China. Su temor es que, si con hardware limitado ya se han alcanzado modelos muy competitivos, chips más potentes podrían acelerar todavía más el desarrollo de sistemas de IA rivales.
Un conflicto político y regulatorio aún sin pasar por los tribunales
Por ahora, todas estas acusaciones se mueven en el plano político y regulatorio. OpenAI no ha presentado una demanda civil contra DeepSeek en los tribunales, sino que ha optado por informar y presionar a través del Congreso, en un contexto de creciente escrutinio sobre el papel de China en tecnologías estratégicas.
En los documentos compartidos con los legisladores se subraya expresamente que no existe todavía un fallo judicial ni se han exhibido pruebas en sede judicial que respalden de forma concluyente cada una de las acusaciones. Sin embargo, la compañía considera que el volumen de indicios justificaba una advertencia formal a las autoridades.
OpenAI enmarca su postura en una estrategia más amplia, según la cual la mejor defensa frente al avance de una IA «autocrática» china es reforzar el liderazgo estadounidense en modelos de frontera, invertir en investigación y desplegar herramientas avanzadas de manera responsable y, en muchos casos, accesibles de forma gratuita.
DeepSeek y su matriz High-Flyer, por su parte, no han respondido públicamente de forma detallada a estas acusaciones en los canales recogidos por las agencias internacionales. Su modelo R1, lanzado a principios de 2025, apenas ha recibido actualizaciones relevantes desde entonces, aunque la empresa trabaja ya en un nuevo sistema basado en agentes con el que espera competir de tú a tú con propuestas como las de OpenAI a partir de 2025.
En paralelo, las autoridades estadounidenses investigan si, además de las cuestiones de software, DeepSeek pudo esquivar controles de exportación adquiriendo chips a través de terceros países, como Singapur, lo que añadiría una capa más de complejidad al caso.
Todo este episodio dibuja un escenario en el que la batalla por la inteligencia artificial ya no se libra solo en los laboratorios, sino también en parlamentos y despachos de reguladores: la acusación de OpenAI a DeepSeek condensa la preocupación de Washington por un competidor que, con menos recursos y acceso restringido a hardware occidental, ha conseguido aproximarse rápidamente a los modelos punteros, apoyándose —según se denuncia— en las propias herramientas estadounidenses y tensionando las futuras reglas del juego sobre propiedad intelectual, seguridad y gobernanza de la IA a escala global.
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