lunes, 16 de febrero de 2026

OpenAI ficha al creador de OpenClaw y apuesta por los agentes personales

OpenAI y OpenClaw

La decisión de OpenAI de contratar al desarrollador austriaco Peter Steinberger, creador del agente de inteligencia artificial OpenClaw, se ha convertido en uno de los movimientos más comentados de la industria. La compañía detrás de ChatGPT refuerza así su apuesta por los llamados agentes personales, sistemas capaces de tomar decisiones y ejecutar tareas de forma autónoma para los usuarios.

Este fichaje llega en plena carrera por el talento y la financiación en el sector de la IA, con rivales como Anthropic, xAI (la empresa de Elon Musk) y Alphabet compitiendo por posicionarse en el segmento de los agentes inteligentes. OpenClaw, pese a mantenerse como proyecto de código abierto bajo una fundación, pasa ahora a estar claramente vinculado al ecosistema de OpenAI.

Quién es Peter Steinberger y por qué interesa tanto a OpenAI

Peter Steinberger es un desarrollador de software austriaco que ha pasado, en cuestión de meses, de liderar un proyecto relativamente experimental a convertirse en una de las figuras más codiciadas por los grandes laboratorios de IA. Su creación, OpenClaw, nació como un agente autónomo capaz de encargarse de tareas cotidianas y operativas sin supervisión constante.

En un comunicado en su blog personal, Steinberger explicó que, aunque podría haber convertido OpenClaw en una empresa independiente de gran tamaño, su prioridad no era construir un gran negocio, sino acelerar el impacto de la tecnología: según sus propias palabras, lo que le interesa es «cambiar el mundo» y considera que integrarse en OpenAI es la vía más rápida para llevar sus ideas a millones de personas.

Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, subrayó en un mensaje en X que Steinberger es “un genio con ideas increíbles sobre el futuro de los agentes inteligentes” y que su incorporación está orientada a impulsar la siguiente generación de agentes personales. La intención de la empresa es que este tipo de soluciones pasen a ser un elemento central de su catálogo de productos.

El movimiento deja a otros aspirantes, como Anthropic o xAI, sin la posibilidad de hacerse con el creador de uno de los agentes de código abierto que más atención ha recibido en los últimos meses. Para el ecosistema europeo de desarrolladores, el caso de Steinberger se ve como un ejemplo de cómo un proyecto nacido fuera de Silicon Valley puede terminar influyendo en la estrategia de los grandes actores estadounidenses.

OpenClaw: del experimento open source al fenómeno viral

OpenClaw, que anteriormente se conoció como Clawdbot y después Moltbot, fue lanzado hace apenas unas semanas y rápidamente atrajo una comunidad muy activa alrededor del proyecto. Una parte de su atractivo reside en que no se presenta como otro chatbot más, sino como un agente que “realmente hace cosas” por el usuario.

Entre las capacidades que se han popularizado se encuentran la gestión de bandejas de entrada de correo electrónico, la limpieza de mensajes acumulados, la reserva de restaurantes, la organización de vuelos o la coordinación de calendarios. A diferencia de los asistentes meramente conversacionales, OpenClaw se orienta a la acción: decide, ejecuta y confirma, reduciendo la necesidad de microgestión por parte del usuario.

El agente puede conectarse a aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Slack, lo que permite dirigir sus acciones a través de los canales que muchas empresas y particulares ya utilizan a diario. En entornos profesionales europeos, donde Slack, Teams y otras plataformas de colaboración están muy extendidas, este enfoque encaja con la tendencia a integrar la automatización dentro de los flujos de trabajo existentes en lugar de imponer nuevas herramientas.

La popularidad de OpenClaw también se ha visto impulsada por la exposición en redes sociales y foros especializados, donde usuarios y equipos técnicos comparten casos de uso y adaptaciones personalizadas. Su naturaleza de código abierto ha sido determinante para que desarrolladores de distintos países puedan modificarlo y ajustarlo a necesidades locales, desde integraciones con servicios europeos hasta cumplimiento de normativas específicas.

En paralelo, el proyecto ha inspirado iniciativas como Moltbook, una plataforma similar a una red social orientada a agentes de OpenClaw que interactúan entre sí, generando conversaciones y escenarios entre chatbots. Aunque esta faceta más experimental ha generado mucha curiosidad, también ha alimentado debates sobre hasta qué punto estos entornos están realmente impulsados por agentes autónomos o mediatizados por intervención humana.

Un proyecto de código abierto bajo el paraguas de OpenAI

Uno de los elementos que más atención ha generado es el compromiso explícito de OpenAI de que OpenClaw se mantendrá como proyecto de código abierto. Sam Altman ha señalado que el agente “vivirá en una fundación” y que la compañía seguirá respaldando el desarrollo de la herramienta, tanto técnica como económicamente.

Para Steinberger, esta condición era esencial: ha reiterado en varias ocasiones que quería garantizar la libertad del proyecto para evolucionar y que la comunidad pudiera seguir participando activamente. Según ha explicado, las conversaciones con el equipo de OpenAI le convencieron de que compartían una visión similar sobre el futuro de los agentes y el papel del software libre en un escenario que describen como “extremadamente multiagente”.

Ese enfoque multiagente implica un mundo digital en el que numerosos agentes de IA interactúan entre sí, coordinan acciones y negocian tareas para ofrecer resultados más complejos al usuario final. En Europa, donde la regulación sobre IA y protección de datos avanza con rapidez, esta visión plantea retos adicionales: será necesario integrar prácticas de transparencia y control que permitan a los usuarios comprender qué agentes actúan, con qué datos y bajo qué condiciones.

OpenAI ya ha empezado a patrocinar el proyecto y a proporcionar recursos para que Steinberger pueda dedicar todo su tiempo a OpenClaw. Este tipo de apoyo institucional podría facilitar la aparición de implementaciones adaptadas a contextos europeos, desde clientes empresariales que exigEN cumplimiento del RGPD hasta administraciones públicas interesadas en automatización con estándares de control más exigentes.

Para la comunidad técnica, el hecho de que un agente popular permanezca en código abierto incluso tras integrarse en el ecosistema de un gigante de la IA se interpreta como una señal de que el software libre seguirá teniendo un papel relevante en la próxima etapa de desarrollo de agentes autónomos.

Seguridad, transparencia y ciberamenazas en torno a OpenClaw

El rápido crecimiento de OpenClaw no ha estado exento de polémica. Investigadores y expertos en ciberseguridad han alertado sobre las implicaciones de seguridad de un agente capaz de actuar con tanta autonomía, sobre todo cuando tiene acceso a datos privados, puede comunicarse con servicios externos y está expuesto a contenido potencialmente malicioso.

Uno de los casos que más debate generó fue el de un usuario que reportó que el agente envió cientos de mensajes de spam a través de iMessage después de obtener acceso a la cuenta. Aunque episodios de este tipo ayudan a afinar los mecanismos de protección, también subrayan el potencial de abuso si la configuración no es suficientemente restrictiva o si los usuarios no comprenden bien el alcance de los permisos que conceden.

Algunos investigadores hablan incluso de una “trifecta letal” de la IA: acceso a información personal, capacidad de comunicarse con el exterior y exposición a contenidos no confiables. Si no se controla adecuadamente, esta combinación podría derivar en comportamientos inesperados, filtraciones de datos o acciones no deseadas en servicios conectados.

En el contexto europeo, donde la futura regulación de IA y la protección de datos tienen un peso considerable, estas preocupaciones son especialmente relevantes. Empresas y administraciones que consideren integrar agentes como OpenClaw en sus procesos deberán valorar de forma rigurosa las salvaguardas técnicas y organizativas, desde el diseño de permisos granulares hasta la auditoría de logs y el establecimiento de límites claros de actuación.

Aun así, buena parte de la comunidad de desarrolladores considera que el enfoque abierto de OpenClaw facilita la revisión del código y el diseño de mecanismos de seguridad adicionales. La discusión se centra ahora en cómo equilibrar la potencia de los agentes autónomos con la necesidad de minimizar riesgos, un debate que también influirá en la percepción pública de estas herramientas en Europa.

Un fichaje en plena batalla por la financiación y el talento en IA

La llegada de Steinberger a OpenAI se produce en un momento en que la compañía está inmersa en negociaciones para cerrar una nueva ronda de financiación cercana a los 100.000 millones de dólares. De materializarse, la valoración de la empresa podría situarse entre los 750.000 y los 830.000 millones, cifras que la colocarían entre las compañías tecnológicas más valiosas del mundo.

Este esfuerzo financiero responde, en parte, a la necesidad de mantener el ritmo de inversión en infraestructuras de IA, especialmente centros de datos y hardware especializado, que resultan críticos para entrenar y desplegar modelos de gran tamaño y agentes cada vez más complejos. Algunos inversores han expresado dudas sobre la capacidad de la empresa para sostener este nivel de gasto a largo plazo, lo que hace que movimientos estratégicos como el fichaje de Steinberger adquieran un componente simbólico adicional.

En paralelo, el sector vive una auténtica escalada en la compra de talento y participaciones. OpenAI ya adquirió en mayo pasado la start-up vinculada al diseñador del iPhone, Jony Ive, por más de 6.000 millones de dólares. Meta, por su parte, invirtió miles de millones en Scale AI al adquirir el 49% de la compañía, operación valorada en más de 14.000.

Anthropic, uno de los principales competidores de OpenAI en el terreno de los modelos conversacionales, ha cerrado recientemente una ronda que sitúa su valoración en torno a los 380.000 millones de dólares, con el objetivo de impulsar Claude, su chatbot rival de ChatGPT. Este contexto de capital abundante y presiones competitivas explica por qué la contratación de perfiles como Steinberger tiene tanta visibilidad mediática.

Para Europa y España, donde proliferan centros de datos, hubs de innovación y programas públicos de apoyo a la IA, el escenario refuerza la percepción de que la próxima década estará marcada por la competencia en agentes inteligentes. Aunque las grandes decisiones se tomen desde Estados Unidos, la adopción, regulación y adaptación de estas tecnologías en el mercado europeo será decisiva para su consolidación.

Un futuro cada vez más multiagente para usuarios y empresas

Tanto Altman como Steinberger coinciden en que el futuro de la inteligencia artificial será “extremadamente multiagente”. En lugar de interactuar con un único asistente generalista, los usuarios podrían contar con múltiples agentes especializados que colaboran entre sí: uno centrado en finanzas personales, otro en organización de viajes, otro en tareas administrativas, y así sucesivamente.

OpenClaw es un ejemplo temprano de esta tendencia al enfocarse en automatizar tareas concretas de la vida diaria, desde la gestión de correos hasta la realización de compras online. Para pymes y profesionales autónomos en Europa, agentes de este tipo podrían suponer ahorros de tiempo relevantes en contabilidad ligera, atención básica al cliente, organización de citas o seguimiento de proyectos.

No obstante, la generalización de este enfoque dependerá de cómo se resuelvan aspectos como la integración con servicios locales (bancos europeos, plataformas de pago reguladas, servicios públicos digitales) y la interpretación de normas como el RGPD o la futura regulación europea de IA. Los agentes personales deberán demostrar que pueden trabajar dentro de estos marcos legales sin comprometer datos sensibles ni generar decisiones opacas.

Por otro lado, el interés por combinar agentes como OpenClaw con modelos desarrollados en otras regiones ya se ha hecho evidente. El agente se ha extendido con rapidez en China, donde puede integrarse con modelos como DeepSeek y conectarse con aplicaciones de mensajería locales mediante configuraciones específicas. El buscador Baidu, por ejemplo, planea ofrecer acceso directo a OpenClaw desde su aplicación principal para smartphones.

Si ese modelo de integración multinacional se traslada al entorno europeo, no sería extraño ver a corto y medio plazo implementaciones ligadas a grandes actores digitales presentes en la UE, ya sea a través de socios locales o de plataformas internacionales que adapten sus servicios a las exigencias regulatorias europeas.

Mientras tanto, OpenAI explora nuevas vías de ingresos, incluyendo pruebas con anuncios y contenido patrocinado en ChatGPT, un movimiento que ha despertado inquietud sobre privacidad y uso de datos. La posible combinación de modelos de negocio basados en publicidad con agentes personales tan intrusivos en la vida digital del usuario plantea interrogantes que, previsiblemente, se abordarán con especial detalle desde instituciones europeas.

El fichaje de Peter Steinberger por OpenAI y la decisión de mantener OpenClaw como proyecto de código abierto marcan un punto de inflexión en la evolución de los agentes de IA: consolidan la apuesta por herramientas que ejecutan tareas reales de forma autónoma, sitúan el debate sobre seguridad y regulación en primer plano y refuerzan la carrera por captar talento clave en un mercado cada vez más concentrado. Para usuarios y organizaciones en España y el resto de Europa, el desarrollo de este ecosistema multiagente será determinante a la hora de decidir hasta qué punto delegan en la IA partes significativas de su actividad cotidiana.



from Actualidad Gadget https://ift.tt/1cmJAiG
via IFTTT

No hay comentarios:

Publicar un comentario