martes, 24 de febrero de 2026

Telefónica se anota fuertes pérdidas por el ERE en España y la salida de Latinoamérica

Telefónica resultados pérdidas y ERE

Telefónica ha cerrado el ejercicio de 2025 con unas pérdidas netas de 4.318 millones de euros, un golpe contable que rompe de lleno con la apariencia de tranquilidad de los últimos años y devuelve a la operadora a cifras negativas similares a las de los momentos más difíciles de su historia reciente. El resultado, muy alejado de los apenas 49 millones de números rojos de 2024, está marcado por decisiones excepcionales y no por el día a día del negocio.

Buena parte del descalabro procede del coste del último expediente de regulación de empleo (ERE) en España y de la salida acelerada de varios mercados de Latinoamérica, movimientos que la compañía ha preferido concentrar en un solo año para limpiar el balance y encarar con menos lastre su nuevo plan estratégico 2026-2030. Sobre el papel, la actividad ordinaria de Telefónica sigue generando beneficios, pero las operaciones de reestructuración y las desinversiones han pesado con fuerza en las cuentas.

Unos números rojos impulsados por el ERE y las ventas en Latinoamérica

Telefónica pérdidas por ERE y Latinoamérica

El grueso de las pérdidas procede de factores extraordinarios que la dirección ha querido dejar atrás cuanto antes. Por un lado, el ERE acometido en España, que implica la salida de algo más de 5.000 empleados, supone un desembolso cercano a los 2.000 millones de euros en indemnizaciones y costes de reestructuración. Por otro, la venta de filiales en Hispanoamérica —principalmente en Argentina, Perú, Ecuador y Uruguay— genera una minusvalía contable superior a los 2.200 millones, al registrar la diferencia entre el valor en libros de esos activos y el precio finalmente obtenido.

En total, el impacto combinado de ERE y desinversiones en Latinoamérica asciende a 4.318 millones de euros, cifra que explica prácticamente por completo el resultado negativo del ejercicio. A ello se suman otros deterioros de activos, como la revisión del valor de participaciones en Virgin Media O2 en Reino Unido, la filial de fibra en Alemania, Telefónica Tech o la operación en Chile, que se traducen en cargos contables de varios cientos de millones adicionales, aunque sin afectar a la caja de la compañía.

La venta de activos latinoamericanos ha sido uno de los pilares de la estrategia de la nueva cúpula. Argentina, Perú, Uruguay y Ecuador ya han salido del perímetro del grupo, mientras que las operaciones de Chile y Colombia se han terminado de cerrar a caballo entre 2025 y principios de 2026. En la práctica, la compañía deja de estar expuesta a buena parte de las divisas de la región, quedándose básicamente con el real brasileño como foco de riesgo cambiario relevante.

Pese al ruido que generan estas cifras, si se elimina el efecto de los extraordinarios, Telefónica habría obtenido en 2025 un beneficio neto ajustado de 2.122 millones de euros, aunque con un descenso respecto al año previo. Es decir, el negocio recurrente sigue siendo rentable, pero la “factura” de la reestructuración ha sido especialmente abultada este ejercicio.

Ingresos estables y aceleración en el último tramo del año

Desde el punto de vista de la actividad, la compañía ha mantenido el tipo. Los ingresos de Telefónica alcanzaron los 35.120 millones de euros en 2025. En términos reportados, la facturación cae frente a 2024 debido a la reducción del perímetro tras la venta de filiales, pero en términos orgánicos crece un 1,5%, lo que refleja que los negocios que continúan dentro del grupo están evolucionando de forma positiva.

El resultado bruto de explotación (Ebitda) ajustado se situó en torno a los 11.900 millones de euros, con un crecimiento aproximado del 2% a perímetro y tipos de cambio constantes. Sin embargo, si se tienen en cuenta los efectos de las divisas y las operaciones discontinuadas, el Ebitda corriente muestra un ligero retroceso frente al año anterior.

El último trimestre del año ha servido para apuntalar esta mejora. Entre octubre y diciembre, los ingresos del grupo rondaron los 9.200 millones de euros, con avances tanto en términos constantes como corrientes. En ese periodo, el Ebitda ajustado superó los 3.190 millones y el flujo de caja libre se disparó por encima de los 1.400 millones de euros, permitiendo cerrar el conjunto del ejercicio con más de 2.000 millones de caja generada por las operaciones continuadas.

Este comportamiento del tramo final de 2025 ha sido uno de los argumentos destacados por la dirección para defender que la compañía entra en 2026 con un ritmo de crecimiento más sólido que el que mostraban los estados financieros a mitad de ejercicio. La mejora de la caja operativa y el cumplimiento de los objetivos fijados a los inversores, incluso ligeramente por encima de las previsiones actualizadas, han ayudado a calmar las dudas del mercado tras conocerse el fuerte impacto de los extraordinarios.

España, el motor que mejor aguanta el tirón

Donde el mensaje es claramente más positivo es en el mercado doméstico. Telefónica España ha vivido su mejor año desde 2008, tanto en términos de ingresos como de rentabilidad y generación de caja. La filial española consiguió una facturación de 13.012 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 1,7%, impulsado por la venta de dispositivos electrónicos, un comportamiento más sólido de los ingresos minoristas y una base de clientes que vuelve a crecer en los servicios principales.

El Ebitda en España alcanzó los 4.691 millones de euros, un 1,1% más, mientras que la caja operativa se elevó hasta los 2.525 millones, con un avance superior al 2%. A nivel comercial, la operadora sumó 21.000 líneas de banda ancha fija, alrededor de 82.000 contratos de móvil y 51.000 altas en televisión de pago, lo que confirma que el negocio en su mercado de origen ha recuperado parte del empuje perdido en los años anteriores.

Este buen desempeño se refleja también en los márgenes. España presenta un margen Ebitda cercano al 37%, una ratio que, sin ser excepcional, sí muestra un negocio relativamente cómodo en un entorno muy competitivo. En paralelo, Telefónica continúa reforzando su red de fibra hasta el hogar (FTTH), con decenas de millones de unidades inmobiliarias pasadas y la aspiración de consolidarse como uno de los principales operadores de banda ancha ultrarrápida en Europa.

En el resto de mercados clave en la región y en Europa el panorama es más mixto. Brasil sigue creciendo de forma sólida en moneda local, con aumentos del entorno del 7% tanto en ingresos como en Ebitda, y mejora de márgenes por encima del 8%. No obstante, al convertir las cifras a euros, la depreciación del real provoca una caída del 1,5% en la facturación reportada. En Reino Unido, la joint venture Virgin Media O2 ha cumplido sus objetivos de ingresos y Ebitda, pero acumula pérdidas netas relevantes por amortizaciones y costes financieros. Y en Alemania, la pérdida de un gran contrato mayorista y la presión competitiva se traducen en una disminución de ingresos cercana al 4% y un descenso mayor en Ebitda.

Deuda, inversión y política de dividendos bajo el nuevo plan estratégico

Uno de los puntos sensibles para los inversores sigue siendo el nivel de endeudamiento. A pesar de la fuerte factura de los extraordinarios, Telefónica ha logrado reducir su deuda financiera neta. A cierre de 2025 se sitúa en torno a los 26.824 millones de euros, tras recortarse unos 1.400 millones en el último trimestre y cerca de 300-400 millones en el conjunto del año, impulsada por la generación de caja y por las desinversiones.

La compañía ha moderado también el ritmo de inversión. Las inversiones (capex) del grupo alcanzaron los 4.340 millones de euros, un 7,2% menos que en el ejercicio anterior, lo que deja la ratio de inversión sobre ventas en torno al 12-12,5%. Este nivel se ajusta a los compromisos asumidos en el plan estratégico, que fija como objetivo mantener la intensidad inversora contenida mientras se termina de desplegar la infraestructura de nueva generación y se optimizan las redes existentes.

En paralelo, Telefónica ha decidido ajustar su política de retribución al accionista para alinearla con la nueva etapa. Para el ejercicio 2025 se mantiene un dividendo en efectivo de 0,30 euros por acción, de los que ya se ha abonado la mitad y quedan por pagar 0,15 euros en junio de 2026. A partir de ahí, la compañía ha confirmado una retribución de 0,15 euros brutos por título en 2027, lo que supone consolidar un nivel de dividendo más bajo que el tradicional, pero teóricamente más sostenible y vinculado a la generación de caja futura.

El mensaje que lanza la dirección es que, desde 2028, la política de dividendos estará condicionada al flujo de caja libre generado por las operaciones continuadas. El objetivo declarado es alcanzar en 2026 un flujo de caja de unos 3.000 millones de euros, con un crecimiento interanual de entre el 1,5% y el 2,5% tanto en ingresos como en Ebitda ajustado y una ratio de inversiones sobre ventas cercana al 12%. Sobre esa base se construirá la remuneración al accionista de los próximos años.

Más allá de los grandes números, la operadora ha querido remarcar el peso creciente de sus unidades de negocio más tecnológicas. Telefónica Tech, por ejemplo, ha registrado un incremento de ingresos de cerca del 19%, hasta más de 2.200 millones de euros, apoyada en soluciones de ciberseguridad, cloud y servicios digitales para empresas, aunque también ha sido objeto de ajustes contables en su valoración.

Con todo este paquete de medidas, la compañía que preside Marc Murtra aborda una etapa en la que quiere concentrarse en cuatro grandes mercados —España, Reino Unido, Alemania y Brasil— y avanzar en posibles operaciones de consolidación en Europa. Tras un año en el que ha sometido su balance a una profunda “limpieza”, la teleco confía en que el impacto más duro de los extraordinarios haya quedado atrás y que, a partir de 2026, los resultados reflejen de forma más nítida la marcha de su negocio ordinario.

La fotografía final que dejan las cuentas de 2025 combina, por un lado, unas pérdidas históricas ligadas al ERE y a la salida de Latinoamérica y, por otro, la sensación de que el negocio en España y en los mercados clave mantiene el pulso, con ingresos y márgenes en ligera mejora, reducción gradual de deuda y un marco de dividendos más prudente; un punto de partida complejo, pero algo más despejado, para el despliegue del nuevo plan estratégico en Europa y Brasil.



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