viernes, 6 de febrero de 2026

Telefónica vende su filial en Colombia a Millicom y aligera su deuda

Venta de filial de Telefónica en Colombia

Telefónica ha dado un nuevo paso en su repliegue de Latinoamérica al cerrar la venta de su filial en Colombia a Millicom, un movimiento que combina un ingreso relativamente moderado con un impacto muy relevante en su balance. La operación, ya comunicada a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), se enmarca en el giro estratégico del grupo para concentrarse en mercados considerados clave y reducir su endeudamiento.

El acuerdo supone el traspaso a Millicom de la totalidad de la participación de Telefónica en Colombia Telecomunicaciones, equivalente al 67,5% del capital. A cambio, el operador español recibe 214 millones de dólares, unos 182 millones de euros al tipo de cambio actual, y consigue rebajar su deuda financiera neta en torno a 1.550 millones de euros, un efecto que la propia compañía ha destacado como el verdadero núcleo de la operación.

Detalles de la venta y rebaja de la deuda

Según ha explicado el grupo presidido por Marc Murtra, la transacción se ha completado una vez obtenidas todas las autorizaciones regulatorias exigidas y confirmadas las condiciones pactadas. Con ello, Millicom pasa a controlar el 67,5% de Colombia Telecomunicaciones, mientras que el Estado colombiano mantiene, de momento, el 32,5% restante, cuyo traspaso también está previsto que termine en manos de la compañía compradora.

El precio final del acuerdo ha sido sensiblemente inferior a la estimación inicial. En un primer momento, Telefónica había anunciado que la operación rondaría los 368 millones de euros, pero ajustes habituales en este tipo de procesos -especialmente ligados a la actualización de la deuda liberada- han rebajado el importe hasta los citados 182 millones de euros.

Con todo, la clave para la multinacional española no está tanto en el dinero recibido como en el efecto sobre su estructura financiera. La salida de Colombia permitirá una reducción de la deuda financiera neta cercana a los 1.550 millones de euros, lo que refuerza el desapalancamiento del grupo en un momento en el que el sector de las telecomunicaciones afronta fuertes necesidades de inversión en redes de nueva generación.

En la documentación remitida a la CNMV, Telefónica subraya que el balance global de la operación debe medirse en términos de alivio de deuda y reordenación geográfica, más allá del precio contante y sonante. Esta lógica financiera encaja con la hoja de ruta que la compañía viene aplicando en la región desde hace varios años.

Los principales parámetros de la transacción se resumen en: 214 millones de dólares de precio de venta (unos 182 millones de euros), 67,5% de participación transmitida y un impacto en deuda de aproximadamente 1.550 millones de euros. El contrato, además, ha sido objeto de los típicos ajustes de cierre vinculados a posición de caja, deuda y otros elementos financieros.

Operación de Telefónica y Millicom en telecomunicaciones

Giño estratégico: menos Latinoamérica, más foco en mercados clave

La venta de la filial colombiana se inserta en una estrategia de fondo de Telefónica para reducir su exposición en América Latina. La compañía considera que buena parte de los mercados de la región presentan una combinación compleja de volatilidad macroeconómica, riesgo de tipo de cambio y entornos regulatorios cambiantes, factores que lastran la visibilidad de retornos a largo plazo.

En ese contexto, el grupo ha ido encadenando desinversiones en varios países. Además de Colombia, Telefónica ha vendido ya sus negocios en Argentina, Perú, Uruguay y Ecuador, lo que refuerza la idea de que su apuesta latinoamericana se concentrará exclusivamente en Brasil, país que mantiene la categoría de mercado estratégico.

En Argentina, la compañía se desprendió de su filial a favor del grupo Clarín por alrededor de 1.190 millones de euros. En Uruguay y Ecuador, el comprador también fue Millicom Spain, que pagó 389 millones y 329 millones de euros, respectivamente. En el caso de Perú, la venta a la argentina Integra Tec International se cerró por unos 900.000 euros, una cifra muy reducida si se compara con el tamaño del mercado, pero que se explica por la delicada situación financiera de la filial, en concurso de acreedores y con una deuda cercana a 1.240 millones de euros al cierre de 2024.

Aún quedan operaciones pendientes. Telefónica mantiene abiertos los procesos de salida en Chile, México y Venezuela. Este último es el mercado que genera más interrogantes, tanto por el entorno político como por la inflación y el marco regulatorio. En Chile, en cambio, ya se han producido contactos y muestras de interés de posibles compradores, aunque sin un calendario definitivo a la vista.

Mientras se reordena en Latinoamérica, el grupo ha dejado claro que su foco de crecimiento pasa por España, Alemania, Reino Unido y Brasil, las cuatro geografías que considera prioritarias. La idea es concentrar recursos en mercados donde ve mayor estabilidad regulatoria y capacidad de generar caja, al tiempo que reduce complejidad operativa y exposición a divisas más volátiles.

Veinte años de Telefónica en Colombia: de la expansión al adiós

La salida de Colombia pone fin a una etapa de dos décadas en las que Telefónica ha tenido un papel protagonista en la modernización de las telecomunicaciones del país. La propia compañía ha querido remarcar que abandona el mercado dejando una “huella” en términos de digitalización, conectividad e inclusión tecnológica.

El desembarco de la operadora española se produjo en 2005, cuando adquirió el segundo operador móvil colombiano. Un año después, reforzó su apuesta al hacerse con el control mayoritario de Colombia Telecomunicaciones, lo que le permitió combinar servicios fijos y móviles y avanzar en una oferta convergente bajo la marca Movistar.

A lo largo de estos años, la empresa impulsó la expansión de la banda ancha fija y móvil, así como el despliegue de redes de fibra óptica y tecnologías móviles de última generación (4G y 5G). Este esfuerzo inversor ayudó a extender el acceso a servicios digitales a millones de usuarios, tanto en grandes ciudades como en zonas menos atendidas.

En 2012, la compañía dio un paso adicional al unificar los servicios fijo y móvil bajo la marca Movistar Colombia, con el objetivo de reforzar su presencia comercial y mejorar la experiencia del cliente. En los últimos años, ante la presión competitiva del líder del mercado (Claro) y la necesidad de ganar escala, Telefónica exploró fórmulas de cooperación, como el acuerdo de compartición de red con Tigo y el proyecto de integración entre ambos operadores.

Esa etapa de colaboración culmina ahora con la venta de la participación de Telefónica a Millicom, lo que, en la práctica, cierra un ciclo de 20 años de presencia continuada en el país andino. Para la operadora española, el capítulo colombiano queda así definitivamente concluido, al menos en términos accionariales.

Millicom se refuerza y aspira a un gran segundo operador en Colombia

Mientras Telefónica repliega velas, Millicom consolida su apuesta por Colombia. La compañía ya era uno de los actores clave del sector a través de Tigo, operador del que controla aproximadamente el 50% y que se ha situado como la segunda marca del país, por detrás de Claro y por delante de Movistar.

Con la compra del 67,5% de Colombia Telecomunicaciones, Millicom da un paso más hacia la creación de un operador de gran tamaño y con músculo financiero, capaz de sostener las inversiones necesarias en redes de fibra y 5G. El movimiento se produce, además, tras el visto bueno -con condiciones- que la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) colombiana concedió a mediados de noviembre para la integración de las operaciones de Tigo y Movistar.

Queda aún por completarse un elemento clave: la venta del 32,5% que mantiene el Estado colombiano en Colombia Telecomunicaciones. Según las previsiones conocidas, ese traspaso también se realizará a favor de Millicom y podría materializarse en abril, lo que terminaría de definir el mapa accionarial de la nueva compañía resultante.

En un comunicado, Millicom ha defendido que la operación persigue fortalecer el sector de las telecomunicaciones en Colombia mediante la consolidación de un operador con la escala necesaria para acometer “mejoras cruciales en redes, espectro y tecnología”. La firma sostiene que la inversión en infraestructuras de fibra óptica y redes móviles 5G se acelerará, lo que debería traducirse en conexiones más rápidas y fiables para los usuarios finales.

La compañía apunta también a que la fusión y la mayor capacidad inversora permitirán ampliar el acceso a servicios digitales avanzados, reforzar la competencia frente al líder y mejorar la calidad de la experiencia del cliente, en línea con la tendencia de concentración que se observa en otros mercados de telecomunicaciones, tanto en Europa como en América Latina.

Un reordenamiento regional con Millicom como socio recurrente

El acuerdo en Colombia no es un hecho aislado, sino parte de una relación cada vez más intensa entre Telefónica y Millicom en América Latina. En los últimos años, el grupo con sede en Luxemburgo se ha convertido en comprador recurrente de activos de la teleco española en la región.

La venta de las filiales de Uruguay, Ecuador y Colombia a Millicom suma en conjunto alrededor de 900 millones de euros, sin contar la deuda asociada transferida con dichas operaciones. Esta cifra refleja la apuesta de la compañía por fortalecer su presencia en varios mercados latinoamericanos mediante adquisiciones selectivas.

Mientras tanto, Telefónica utiliza estos recursos y el alivio de deuda para sanear su balance y redirigir inversiones hacia aquellos países donde aspira a consolidar un liderazgo claro o a mantener posiciones de referencia. Brasil se mantiene como el único mercado latinoamericano dentro de ese perímetro estratégico, junto con España, Alemania y Reino Unido en Europa.

Analistas y especialistas del sector interpretan este proceso como un reajuste necesario de escala y de exposición al riesgo. En un entorno en el que el despliegue de nuevas redes exige miles de millones en inversión, un tema habitual en el Mobile World Congress, resulta complicado sostener una presencia dispersa en demasiados países con marcos regulatorios muy diferentes y monedas inestables.

La operación con Millicom en Colombia, por tanto, se entiende como uno de los movimientos más significativos de este plan, tanto por el impacto en deuda como por el simbolismo de poner punto final a dos décadas de presencia en uno de los principales mercados de la región.

Con la venta de su filial colombiana a Millicom, Telefónica cierra un capítulo importante de su historia en América Latina y avanza en su estrategia de concentrarse en mercados considerados más estables y rentables, a la vez que rebaja de forma significativa su endeudamiento. Para Colombia, el movimiento supone la consolidación de un nuevo gran operador -liderado por Millicom y Tigo- con capacidad de afrontar las inversiones en fibra y 5G que exige la próxima fase de la transformación digital del país.



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