lunes, 16 de marzo de 2026

Autumn Durald Arkapaw hace historia al ganar el Oscar a mejor fotografía

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La industria del cine ha vivido un momento que muchos consideraban pendiente desde hace décadas: Autumn Durald Arkapaw se ha convertido en la primera mujer en ganar el Oscar a mejor dirección de fotografía. Su trabajo en la película de Ryan Coogler, conocida como «Sinners» («Los pecadores») en el mercado hispanohablante, ha roto una de las barreras más resistentes de los premios de la Academia.

Hasta ahora, la categoría de fotografía era un terreno prácticamente vetado a las mujeres, pese a su peso clave en la puesta en escena. La victoria de Durald Arkapaw en los 98º Premios Oscar, celebrados en Los Ángeles, supone un giro histórico en una disciplina considerada una de las más técnicas del cine, y lanza un mensaje claro a las nuevas generaciones de cineastas, también en Europa y España, donde la presencia femenina en los departamentos de cámara sigue siendo minoritaria.

Un hito histórico en una categoría dominada por hombres

La directora de fotografía estadounidense, de 46 años y ascendencia filipina y criolla, ha puesto su nombre en los libros de historia de la Academia. Nunca antes una mujer había logrado el Oscar a mejor fotografía, a pesar de que algunas habían estado cerca. La propia Durald Arkapaw ya era un referente como primera mujer de color nominada en esta categoría, y ahora remata ese camino con la estatuilla.

Antes de esta edición solo tres profesionales habían logrado colarse entre los finalistas: Rachel Morrison por «Mudbound», Ari Wegner por «The Power of the Dog» y Mandy Walker por «Elvis». Ninguna de ellas se fue a casa con el premio, lo que hacía aún más significativa la victoria de Durald Arkapaw. En más de nueve décadas de Oscars, solo cuatro mujeres han llegado a la nominación y una ha conseguido imponerse, lo que ilustra la magnitud del cambio.

La cineasta ya sonaba como firme candidata desde el estreno de «Sinners» en la temporada de premios, y muchos la vieron siguiendo una guía para ver en streaming. Su propuesta visual, que combina grandes formatos, luz natural y una narrativa muy física de los personajes, fue destacada por la crítica especializada tanto en Estados Unidos como en diferentes festivales europeos donde la película se proyectó en pases de industria.

Este reconocimiento llega, además, en un contexto de discusión global sobre la diversidad en la Academia y en los rodajes: el triunfo de Durald Arkapaw se interpreta como un paso más en la apertura de un área donde las mujeres han tenido históricamente muy poco margen de maniobra, a pesar de que en escuelas de cine europeas y españolas cada vez hay más alumnas en las especialidades de cámara y foto.

Autumn Durald Arkapaw primera mujer Oscar fotografía

Un discurso convertido en declaración colectiva

El momento de recoger la estatuilla fue tan simbólico como el propio premio. Durante su discurso, Autumn Durald Arkapaw pidió a todas las mujeres presentes en el Dolby Theatre que se pusieran de pie. El gesto convirtió un reconocimiento individual en una escena coral que, en cuestión de segundos, dio la vuelta al mundo.

Siento que no estaría aquí sin vosotras”, dijo ante la audiencia, subrayando el apoyo de las compañeras de profesión y de todas las mujeres que, dentro y fuera de la industria, han ido abriendo camino. La cineasta agradeció el cariño recibido de las mujeres que la han acompañado durante la campaña de premios y remarcó que veía el Oscar como una victoria compartida.

La directora de fotografía también dedicó palabras a su entorno más cercano. Agradeció a su marido y a sus padres, y pidió ver a su hijo pequeño, Aidan, que fue acercado al escenario para compartir con ella unos segundos de ese momento histórico. Con la estatuilla en la mano, resumió el impacto del reconocimiento con una frase sencilla: “Es un honor”.

Durante su intervención, Durald Arkapaw saludó a varios miembros del equipo de «Sinners» que se encontraban en la sala y volvió a destacar el papel del director Ryan Coogler en su trayectoria. Según relató, cada vez que ella le da las gracias por la oportunidad, él responde que es él quien está agradecido por su confianza y su mirada detrás de la cámara.

«Sinners» / «Los pecadores»: una colaboración que ya venía de lejos

El triunfo de Autumn Durald Arkapaw no se entiende sin su estrecha colaboración con Ryan Coogler, uno de los directores más influyentes del cine comercial reciente. Ambos habían trabajado juntos previamente en «Black Panther: Wakanda Forever», consolidando una relación creativa que ha continuado y se ha intensificado en «Sinners».

En esta nueva película, traducida como «Los pecadores» en algunos territorios de habla hispana, la responsable de fotografía ha desarrollado una puesta en escena que combina espectáculo visual y un tratamiento muy cuidadoso de los personajes. Una de las secuencias que más ha llamado la atención es la presentación de Remmick, un vampiro irlandés interpretado por Jack O’Connell, perseguido por un grupo de choctaw en una escena filmada como si fuera un western al atardecer.

Durald Arkapaw ha explicado que esa escena, con complejos movimientos de grúa y momentos muy íntimos, fue inicialmente concebida para rodarse en un formato menos exigente, ya que las cámaras IMAX son grandes y ruidosas, algo poco práctico para secuencias cargadas de diálogo. Finalmente, el equipo decidió asumir el reto y rodarla igualmente en gran formato, una decisión que ella misma celebra: ahora, asegura, le cuesta imaginar esa secuencia en otro sistema.

El trabajo de cámara recurre a planos panorámicos para registrar los paisajes y al mismo tiempo a movimientos de Steadicam en interiores, un sello muy característico del cine de Coogler. A la cineasta le gusta recordar que al director le fascinan los pasillos, y que esa obsesión se nota en cómo la cámara se mueve por los espacios cerrados de la película.

Rodaje Sinners Los pecadores fotografía IMAX

Un proyecto que rompe límites técnicos: IMAX y gran formato

Más allá del Oscar, «Sinners» ya era un título señalado en la historia de la cinematografía por una razón muy concreta: antes de esta producción, ninguna mujer había rodado una película en formato IMAX en cine. Durald Arkapaw venía de trabajar con IMAX digital en «Black Panther: Wakanda Forever», pero dar el salto al celuloide planteaba un nuevo conjunto de desafíos.

Las cámaras IMAX en película son conocidas por ser equipos voluminosos, pesados y especialmente ruidosos. Ese ruido complica las escenas dialogadas, y el tamaño de los cuerpos de cámara limita, en teoría, la agilidad de ciertos movimientos. Ante esas dudas, la directora de fotografía decidió consultar con Hoyte van Hoytema, responsable de la fotografía de «Oppenheimer» y uno de los especialistas más reconocidos en este formato.

El consejo de Van Hoytema fue directo: le recomendó que no se obsesionara con el tamaño ni el peso del equipo y que abordara la película como cualquier otro proyecto, concentrándose en contar la historia. Para Durald Arkapaw, escuchar eso al comienzo del proceso fue “inspirador y alentador”, hasta el punto de que se convirtió en una especie de brújula durante el rodaje.

Finalmente, el equipo optó por una combinación de película IMAX y Ultra Panavision 70, un formato todavía más inusual que algunos recuerdan por su uso en «Los odiosos ocho» de Quentin Tarantino. Esa mezcla de tecnologías permitió jugar con distintas relaciones de aspecto y texturas de imagen, algo que ha sido muy comentado en círculos de crítica y foros especializados europeos, donde se valora especialmente la experimentación formal.

Para muchas jóvenes directoras de fotografía que se forman en escuelas de cine de España, Francia o Alemania, el trabajo de Durald Arkapaw es ya un ejemplo concreto de cómo es posible manejar grandes formatos sin renunciar a una mirada personal, y demuestra que el acceso a tecnologías habitualmente reservadas a superproducciones no tiene por qué estar limitado a un perfil muy concreto de profesionales.

Trayectoria: del arte y la fotografía a la élite de Hollywood

La carrera de Autumn Durald Arkapaw no surgió de la nada. Originaria del norte de California, estudió Historia del Arte en la Universidad Loyola Marymount, una formación que, según ha comentado en varias entrevistas, influyó profundamente en su manera de entender la composición, la luz y el color.

Posteriormente cursó un posgrado en el American Film Institute (AFI), una de las instituciones de referencia para cineastas de todo el mundo, incluidas muchas procedentes de Europa y España que buscan especializarse en fotografía. Allí aprovechó su base en fotografía fija para dar el salto a la dirección de fotografía cinematográfica.

Antes de llegar a las grandes superproducciones, Durald Arkapaw trabajó en publicidad, videoclips y proyectos independientes. Entre sus primeros títulos como directora de fotografía figuran películas como «Palo Alto» y «The Last Showgirl», además de numerosos anuncios y vídeos musicales, incluido un trabajo para Rihanna. Con el tiempo, esa combinación de proyectos más pequeños y encargos comerciales fue perfilando un estilo propio marcado por la sensibilidad hacia los rostros y la atmósfera.

Su salto definitivo al gran escaparate internacional llegó con «Black Panther: Wakanda Forever», donde ya experimentó con IMAX digital y universos de gran escala. Esa colaboración con Ryan Coogler abrió la puerta a seguir trabajando juntos en «Sinners», un proyecto que, además de su éxito en los Oscars, ha consolidado a Durald Arkapaw como una de las directoras de fotografía más influyentes de la actualidad.

Autumn Durald Arkapaw rodaje gran formato

Competencia en la categoría y balance de la noche

Para conquistar el Oscar, Autumn Durald Arkapaw tuvo que imponerse a una terna de directores de fotografía con carreras muy consolidadas. Entre los nominados de este año figuraban Adolpho Veloso por «Train Dreams» / «Sueños de trenes», Michael Bauman por «One Battle After Another» / «Una batalla tras otra», Dan Laustsen por «Frankenstein» y Darius Khondji por «Marty Supreme».

La victoria de «Sinners» en fotografía se produjo en una ceremonia especialmente reñida en lo técnico. «Los pecadores» llegaba como una de las grandes favoritas con un récord de dieciséis nominaciones, una cifra que la colocaba en el centro de todas las quinielas. Finalmente, la película de Coogler se fue a casa con cuatro estatuillas: Fotografía, Guion original (Ryan Coogler), Banda sonora (Ludwig Göransson) y Actor protagonista (Miguel B. Jordan).

Pese a esa cosecha, la gran vencedora de la noche fue «Una batalla tras otra», que se alzó con seis premios, incluyendo Mejor película, Dirección y Guion adaptado para Paul Thomas Anderson, además de Actor de reparto (Sean Penn), Montaje (Andy Jurgensen) y Casting (Cassandra Kulukundis). El reparto de galardones dejó una gala muy repartida, con varias producciones de alto perfil compartiendo protagonismo.

En Europa y concretamente en España, la prensa especializada ha destacado el valor simbólico de que el Oscar a mejor fotografía recaiga por primera vez en una mujer, al tiempo que se señala la necesidad de que este tipo de reconocimientos se traslade también a los premios locales. No son pocos los festivales europeos que, en los últimos años, han empezado a incorporar debates y secciones específicas sobre la presencia femenina en los equipos de cámara.

Referencia para nuevas generaciones de directoras de fotografía

El impacto del triunfo de Autumn Durald Arkapaw va más allá de una sola noche de premios. Su figura se ha convertido en un espejo en el que pueden mirarse muchas jóvenes que aspiran a trabajar en fotografía cinematográfica, un campo en el que la brecha de género sigue siendo evidente, también en la industria europea.

La propia cineasta ha comentado en varias ocasiones que, cuando empezó, le resultaba difícil encontrar referentes femeninos. Uno de los pocos nombres que aparecían con frecuencia era el de Ellen Kuras, directora de fotografía de «Eterno resplandor de una mente sin recuerdos». Hoy la situación ha mejorado, pero las cifras siguen siendo modestas si se comparan con otros departamentos del cine donde hay mayor presencia de mujeres.

Durald Arkapaw suele citar una frase que le marcó: “necesitas verte para poder ser”. Para ella, el hecho de que más mujeres puedan acceder a rodajes en gran formato o en producciones de alto presupuesto no solo amplía el abanico de voces que cuentan historias, sino que también inspira a chicas que quizá no se imaginaban en esos puestos. El Oscar a mejor fotografía refuerza ese mensaje con una visibilidad que trasciende fronteras.

En escuelas y facultades de cine de España y de otros países europeos, profesorado y alumnado empiezan a utilizar casos como el de Durald Arkapaw para ilustrar cómo se está transformando el panorama profesional. La combinación de una sólida formación artística, experiencia en proyectos independientes y manejo de tecnologías avanzadas refuerza la idea de que hay múltiples caminos posibles hacia la dirección de fotografía, y de que ninguno debería estar condicionado por el género.

Todo lo ocurrido alrededor de «Sinners» y de la figura de Autumn Durald Arkapaw se percibe ya como un punto de inflexión en la historia de los Oscars y, por extensión, en la del propio oficio de director de fotografía. Un premio largamente esperado, un discurso que convirtió la alegría individual en una celebración colectiva y un trabajo visual que rompe límites técnicos y simbólicos sitúan a esta cineasta en el centro de una conversación global sobre quién cuenta las historias y desde qué mirada se filman. Para la industria, para las nuevas generaciones y para el público europeo, su victoria funciona como recordatorio de que los cambios llegan despacio, pero cuando aterrizan pueden abrir una puerta que ya no se cierra.



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