
Desde que la Covid-19 irrumpió en nuestras vidas, las videollamadas se han convertido en el centro de nuestro día a día: trabajo remoto, clases online, reuniones con clientes, tutorías, charlas con amigos o comidas familiares a través de la pantalla. Lo que antes era algo puntual, ahora es rutina, y todo indica que esta forma de comunicarnos ha llegado para quedarse mucho tiempo.
El problema es que ese boom también ha despertado el interés de los ciberdelincuentes. Cada videollamada es una puerta de entrada potencial a tus datos, a los de tu empresa o incluso a la intimidad de tu casa. Por eso, hay una serie de ajustes de seguridad en videollamadas que deberías activar ya mismo si no quieres que alguien se cuele, espíe o grabe lo que no debe.
Por qué la seguridad en videollamadas es ahora un tema crítico
El salto al trabajo remoto y a la educación a distancia fue tan brusco que, en cuestión de meses, pasamos de usar poco las videollamadas a tenerlas abiertas todo el día. Plataformas como Zoom, Microsoft Teams, Google Meet, Skype o WhatsApp pasaron de ser herramientas comodín a infraestructura crítica para empresas, colegios y organismos públicos.
Para que te hagas una idea del cambio, Zoom llegó a anunciar alrededor de 300 millones de participantes diarios en abril de 2020, cuando unos meses antes apenas rondaba los 10 millones. Ese crecimiento explosivo vino acompañado de lo que te imaginas: más ataques, más errores de seguridad y más situaciones de exposición de datos personales y profesionales.
De hecho, la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) analizó una treintena de herramientas de videoconferencia y concluyó que ninguna cumplía al 100 % con todas las medidas de seguridad deseables. Se revisaron aspectos como si el cifrado era de extremo a extremo, la existencia de autenticación multifactor, si la tecnología era de código abierto, el tratamiento de datos o las políticas de borrado.
Según ese análisis, todas las plataformas tenían algún punto débil: unas no ofrecían cifrado de extremo a extremo real, otras no borraban bien los datos, algunas carecían de autenticación en dos pasos… Incluso las mejor valoradas (como Signal, WhatsApp o Wickr) no eran perfectas. El mensaje de fondo es claro: ninguna aplicación va a protegerte sola si tú no ajustas bien su configuración.
En paralelo, organismos como INCIBE y otras agencias de ciberseguridad han avisado de que el auge de estas herramientas ha venido acompañado de nuevas vulnerabilidades, malware específico y ataques como el famoso “Zoombombing”, con intrusos colándose en reuniones para molestar, grabar o robar información.
Principales riesgos y fallos típicos en videollamadas
Antes de hablar de ajustes concretos, conviene tener claro qué es lo que realmente puede salir mal cuando entras en una videoconferencia. Los problemas más habituales de seguridad y privacidad se suelen agrupar en varios bloques.
Cifrado: ¿de verdad nadie puede escuchar tu llamada?
Una de las primeras preguntas clave es si la plataforma que usas ofrece cifrado de extremo a extremo (E2E). Este tipo de cifrado garantiza que solo las personas que participan en la conversación pueden acceder al contenido de audio, vídeo y chat. Ni la empresa que presta el servicio, ni un atacante que intercepte el tráfico, deberían poder ver nada legible.
No todas las aplicaciones implementan este cifrado de la misma manera. Algunas solo cifran el tráfico entre tu dispositivo y sus servidores, pero ellos pueden descifrarlo en medio. Otras solo ofrecen E2E en ciertos modos (por ejemplo, llamadas uno a uno, pero no reuniones grandes). Por eso, si vas a tratar datos delicados, conviene optar por herramientas donde el E2E sea real y esté bien documentado. Si buscas opciones centradas en privacidad, consulta cómo hacer videollamadas privadas y anónimas.
Intercepción, grabaciones y accesos no autorizados
Otro riesgo evidente es que alguien pueda unirse a la reunión sin permiso, escuchar en silencio, grabar la sesión o incluso compartir contenido ofensivo. Muchas plataformas generan los enlaces de reunión con URL cortas o identificadores numéricos fáciles de adivinar o de probar a base de fuerza bruta.
Esto dio pie a fenómenos como el “Zoombombing”: intrusos que se colaban en clases, reuniones de empresa o eventos públicos para lanzar insultos racistas, amenazas, contenido sexual o simplemente para boicotear la sesión. Estos ataques no se han limitado a Zoom; también se han visto casos en Webex, Skype u otras soluciones.
Aunque las irrupciones visibles son molestas, el peligro más serio es el del intruso silencioso que se limita a escuchar y grabar sin ser detectado. En entornos corporativos, esto puede significar filtraciones de secretos industriales, datos de clientes o información estratégica.
Robo de cuentas, reutilización de contraseñas y phishing
Los ciberdelincuentes también han aprovechado el tirón de las videollamadas para robar credenciales de acceso. Se han vendido paquetes con cientos de miles de usuarios y contraseñas de Zoom, por ejemplo, obtenidas en muchos casos de filtraciones previas y reutilizadas por los propios usuarios.
A esto se suman las páginas falsas que imitan la web oficial de las plataformas para que descargues aplicaciones fraudulentas o facilites tu usuario y contraseña. El clásico phishing de toda la vida, pero disfrazado de “te han invitado a una videollamada” o “descarga esta actualización urgente”.
Vulnerabilidades de software y malware espía
Casi todas las grandes aplicaciones de videoconferencia han sufrido, en algún momento, fallos de seguridad graves: servidores ocultos instalados en el equipo, vulnerabilidades que permitían tomar el control de la cámara o el micrófono, errores que exponían el listado de reuniones o los chats, etc.
A esto se le suman malware específicos que se hacen pasar por clientes de videollamadas o plugins, y que, una vez instalados, pueden grabar pantalla, activar cámara y micro sin tu permiso o robar archivos. El famoso malware Pykspa o variantes similares son buenos ejemplos de este tipo de amenaza.
Privacidad: qué se guarda, dónde y con qué permisos
Más allá de los ataques externos, hay otro ángulo igual de importante: qué hace la aplicación con tus datos. Muchas guardan en tu dispositivo fotos recibidas, historiales de chat, listas de participantes o registros de llamadas. Otras almacenan las grabaciones y los metadatos en sus servidores durante años.
Además, casi todas piden permisos amplios: acceso a cámara, micro, contactos, almacenamiento, agenda… Si no revisas bien qué concedes, puedes acabar dando más información de la necesaria. Y no olvides que estas empresas se rigen por marcos legales de distintos países; no siempre vas a estar bajo el paraguas del RGPD europeo o de una normativa estricta.
Ajustes de seguridad básicos que deberías activar en cualquier videollamada

Aunque cada plataforma tiene sus particularidades, hay un conjunto de ajustes de seguridad y buenas prácticas que se repite en casi todas. Si los aplicas de forma sistemática, reduces muchísimo la superficie de ataque.
1. Enlazar las reuniones a contraseñas fuertes y únicas
Casi todos los servicios permiten proteger las salas de reunión con contraseña. Nunca dejes reuniones abiertas sin clave, sobre todo si son de trabajo, con clientes o con menores. Evita contraseñas obvias (“1234”, el nombre de la empresa, el nombre del evento…) y genera combinaciones largas que mezclen letras, números y símbolos.
En entornos corporativos, es recomendable cambiar estas contraseñas con regularidad y no reutilizarlas entre distintas herramientas. Si un atacante consigue una clave, no debería poder entrar a todo.
2. Activar la sala de espera y bloquear la reunión
Siempre que la aplicación lo ofrezca, habilita la sala de espera o lobby. Así, cuando alguien entra con el enlace, no accede directamente a la videollamada: queda en una sala previa hasta que el anfitrión lo acepta.
Esta función te permite ver quién intenta entrar y filtrar posibles intrusos. Una vez que todos los participantes previstos estén dentro, bloquea la reunión para impedir el acceso tardío de terceros. Si algún invitado se cae y tiene que volver a entrar, puedes desbloquear unos segundos y volver a cerrar.
3. Autenticación de factores múltiples (MFA)
En las cuentas de empresa, educativas o incluso personales, activa siempre que puedas la autenticación en dos pasos (código por SMS, app de autenticación, llaves físicas, etc.). Así, aunque alguien robe tu contraseña, lo tendrá mucho más difícil para entrar en tu cuenta y ver tus reuniones, contactos o grabaciones.
Muchas brechas no se producen por fallos técnicos de las plataformas, sino por credenciales robadas o reutilizadas. Con MFA, un descuido con tu clave no se convierte tan fácilmente en un desastre.
4. Control estricto del enlace de invitación
El enlace de acceso a una videollamada es, básicamente, la llave de la puerta. Nunca lo publiques en redes sociales, foros, webs abiertas o canales poco seguros. Envíalo solo por los canales internos de la propia herramienta, correo corporativo o mensajería cifrada.
En empresas, es una buena idea configurar alertas cuando se reenvían invitaciones o calendarios fuera del dominio corporativo. Si ves que el enlace ha circulado demasiado, crea una nueva reunión con identificador distinto y otra contraseña.
5. Desactivar por defecto cámara, micro y compartición de pantalla
Uno de los ajustes más infravalorados: haz que todos los asistentes entren con el micro silenciado y, si es posible, con la cámara apagada. Así evitas situaciones incómodas, ruido innecesario y la exposición involuntaria de detalles de su entorno.
En cuanto a la pantalla, configura la plataforma para que solo el anfitrión o usuarios concretos puedan compartir. Permitir la compartición a cualquiera abre la puerta tanto a fugas de información como a contenidos ofensivos si se cuela un intruso.
Cómo blindar al máximo tus reuniones en Zoom, Meet, Teams y compañía
Además de esos básicos, hay ajustes avanzados y hábitos que marcan la diferencia entre una videollamada simplemente funcional y una videollamada realmente segura. Consulta nuestros trucos avanzados para Zoom y Google Meet.
6. Revisar a fondo la configuración de seguridad y privacidad
Dedica unos minutos a explorar todas las opciones del menú de configuración de la aplicación que uses: versiones de escritorio, móvil y web. Las apps de escritorio suelen ofrecer controles más finos: gestión de usuarios bloqueados, más parámetros de seguridad en reuniones, opciones de integración con directorios, etc.
Algunos puntos clave a revisar: quién puede iniciar grabaciones, si se permiten chats privados en reuniones grandes, si se habilita el cifrado avanzado, cómo se muestran los nombres o fotos de perfil, qué datos se guardan localmente y en la nube, y durante cuánto tiempo.
7. Mantener todo el software al día
La inmensa mayoría de las vulnerabilidades conocidas se explotan en dispositivos y aplicaciones sin actualizar. Cada nueva versión corrige errores, cierra agujeros y mejora el cifrado. Activa las actualizaciones automáticas tanto del sistema operativo como de la propia app de videollamada y considera además técnicas como el aislamiento de procesos en Windows Sandbox para aumentar la protección.
En entornos con muchos usuarios (empresas, centros educativos), es vital que todos utilicen la versión más reciente disponible. Un solo equipo desactualizado puede convertirse en la brecha por la que se cuela un atacante en toda la organización.
8. Instalar las apps solo desde tiendas y webs oficiales
Olvídate de enlaces random que te lleguen por correo, WhatsApp o redes sociales para instalar o “actualizar” tu plataforma de videollamadas. Descarga siempre desde la web oficial del proveedor o desde la tienda de apps legítima (Google Play, App Store, repositorios oficiales en escritorio).
Con el tirón de estas herramientas, han surgido montones de webs falsas que ofrecen supuestos instaladores y que, en realidad, te cuelan malware espía. Revisa también las valoraciones y comentarios de la app para detectar posibles clones sospechosos.
9. Configurar y limitar los permisos de la aplicación
En móvil y en escritorio, revisa con calma qué permisos estás concediendo y, si vas a compartir pantalla, aprende a ocultar los iconos del escritorio. Para que la videollamada funcione solo son imprescindibles cámara, micrófono y acceso a internet. El resto (contactos, archivos, SMS, ubicación, calendario) debe estar justificado.
En apps como Skype, FaceTime o Google Duo, puedes ajustar si otros usuarios pueden encontrarte por tu número o por tu correo electrónico. Si no quieres que viejos contactos o desconocidos te localicen fácilmente, desactiva estas opciones. En Google Duo, por ejemplo, puedes deshabilitar funciones tipo “Toc toc” si no te hace gracia que te vean antes de contestar.
10. Elegir plataformas con cifrado robusto y políticas claras
Si en tus reuniones se comparten datos personales o información confidencial, no vale cualquier herramienta. Es preferible apostar por soluciones con cifrado de extremo a extremo bien implementado y política de privacidad transparente, que cumplan con normativas como el RGPD o equivalentes.
Opciones como Signal, WhatsApp, FaceTime, Google Duo, Webex o GoToMeeting ofrecen cifrados avanzados, pero debes comprobar en cada caso en qué modos se aplica el E2E y qué datos secundarios (metadatos, registros, contactos) recopilan y comparten con terceros.
Buenas prácticas durante la videollamada: evita filtraciones sin darte cuenta
Una vez dentro de la reunión, también hay mucho que puedes hacer para no dejar cabos sueltos. No todo depende de la tecnología; tus hábitos delante de la cámara y la pantalla cuentan, y mucho.
11. Cuidado con lo que dices, muestras y compartes
Asume siempre que la videollamada puede estar siendo grabada, aunque nadie lo haya avisado. No compartas información personal o empresarial que no sea estrictamente necesaria. Evita mencionar datos sensibles (direcciones, números de documento, claves, cifras delicadas) si puedes transmitirlos por otro canal más controlado.
Cuando vayas a compartir pantalla, revisa antes qué tienes abierto: correos privados, chats personales, documentos confidenciales, pestañas del navegador con contenidos sensibles… Lo ideal es compartir solo una ventana concreta, no todo el escritorio, para reducir el riesgo de mostrar algo por accidente.
12. Vigilar el fondo y el entorno físico
Más allá de lo técnico, tus videollamadas dan muchas pistas sobre tu vida. Objetos en estanterías, fotos familiares, papeles sobre la mesa, credenciales visibles… Cualquier detalle puede ser útil para alguien con malas intenciones. Procura mantener un entorno neutro o usar fondos virtuales si la aplicación lo permite.
En entornos con menores (clases online, tutorías), es especialmente importante que no aparezcan imágenes identificables de niños, documentos escolares con datos personales o ubicaciones que permitan localizar a la familia.
13. Gestionar quién puede grabar y cómo se almacenan las grabaciones
Si vas a grabar una reunión, lo primero es informar claramente a todos los asistentes. Ajusta la configuración para que solo el anfitrión o perfiles concretos tengan permiso para iniciar grabación, y activa avisos visuales o sonoros cuando alguien comience a grabar.
Una vez finalizada la sesión, define una política clara: dónde se guardan las grabaciones, quién puede acceder, cuánto tiempo se conservan y cómo se eliminan. En muchas plataformas, los chats privados terminan incluidos por error en los registros descargados, así que extrema la precaución.
14. Salas de espera, control de participantes y cierre de la reunión
Además de activar el lobby, conviene que el anfitrión revise la lista de participantes al inicio de la llamada. Pide a la gente que se identifique de viva voz, sobre todo si ves nombres extraños o genéricos (“Usuario”, “iPhone de…”, etc.).
Al terminar, asegúrate de cerrar la sesión correctamente: expulsa a todos los asistentes, detén cualquier grabación y cierra la aplicación si no la vas a seguir usando. No la dejes abierta en segundo plano sin necesidad, especialmente en dispositivos compartidos.
15. Preferir webcast o formatos unidireccionales en grandes eventos
Si organizas sesiones con muchos asistentes (webinars, presentaciones públicas, seminarios abiertos), valora seriamente usar formatos tipo webcast, donde solo el ponente o un grupo reducido tiene audio y vídeo, y el resto participa vía chat o preguntas moderadas.
Este modelo reduce drásticamente el riesgo de interrupciones, limita quién puede compartir contenido y hace más sencillo controlar la identidad de quienes intervienen de forma activa.
Seguridad de la red, del dispositivo y del entorno corporativo

La videollamada no vive en el vacío: depende de tu conexión y de tu equipo. Aunque tengas la app perfectamente configurada, si tu red o tu dispositivo están comprometidos, la seguridad de la reunión se va al traste.
16. Evitar o reforzar el uso de Wi‑Fi públicas
Las redes Wi‑Fi abiertas, típicas de cafeterías, hoteles o aeropuertos, son el escenario perfecto para un atacante: muchos dispositivos conectados, ningún tipo de autenticación y tráfico pasando en claro o mal protegido. Siempre que puedas, evita hacer videollamadas sensibles desde estas redes.
Si no te queda otra, conecta mediante una VPN de confianza, revisa que la red a la que te unes es la legítima y limita al máximo el tipo de información que compartes durante la llamada.
17. Usar dispositivos propios y de confianza
Siempre es más seguro usar tu propio ordenador o móvil que uno ajeno. Un dispositivo de terceros puede tener software espía, configuraciones inseguras o usuarios con permisos elevados que accedan a tus historiales y archivos.
En la medida de lo posible, limita las videollamadas de trabajo a dispositivos corporativos gestionados, con antivirus actualizado, políticas de contraseñas, cifrado de disco y control de instalaciones.
18. Concienciación y formación de empleados
En el contexto de la empresa, puedes tener la mejor herramienta del mercado, que si los empleados no saben usarla con cabeza, estarás vendido. Es fundamental formarles en aspectos como la gestión de contraseñas, el uso correcto de la sala de espera, la compartición de pantalla, la detección de enlaces sospechosos o la protección de datos durante las reuniones.
Los programas de concienciación en ciberseguridad, combinados con políticas claras de uso de herramientas colaborativas, son una de las mejores inversiones para reducir el impacto de errores humanos que pueden salir muy caros.
La realidad es que las videollamadas se han convertido en un pilar más de nuestra vida digital, tanto personal como profesional. Configurando bien unas cuantas opciones clave (contraseñas fuertes, sala de espera, permisos de pantalla, actualizaciones, cifrado, control de grabaciones) y adoptando hábitos prudentes (cuidar qué muestras, qué dices, desde dónde te conectas y con qué dispositivo), puedes disfrutar de todas sus ventajas manteniendo a raya a curiosos, intrusos y ciberdelincuentes que quieren convertir tus reuniones en su próxima oportunidad de negocio.
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