
La empresa valenciana Batteryfly ha decidido reforzar su presencia industrial con un proyecto de peso en Aragón: una nueva planta destinada al reciclaje y a la segunda vida de baterías de vehículos eléctricos que se ubicará en el Parque Tecnológico del Reciclado (PTR) de Zaragoza. Con esta apuesta, la compañía quiere situarse en la primera línea de la gestión del fin de vida de las baterías en España.
La iniciativa contempla una inversión global de 6 millones de euros y un horizonte de ejecución hasta marzo de 2029, con el objetivo de cubrir todo el ciclo de tratamiento de estos equipos, desde la recepción y evaluación inicial hasta el reciclaje avanzado y la recuperación de materiales estratégicos. El proyecto se alinea con las políticas europeas de economía circular y con el impulso a la electromovilidad en el continente.
Inversión, ubicación y apoyo público al proyecto
Batteryfly, especializada en la gestión integral de la vida útil de baterías de electromovilidad, levantará su nueva planta sobre una parcela de 12.000 metros cuadrados en el PTR de Zaragoza. Esta zona se está consolidando como un enclave para actividades ligadas al reciclaje y a la valorización de residuos industriales, y la llegada de la compañía valenciana refuerza ese posicionamiento.

La inversión privada prevista asciende a 6 millones de euros destinados al diseño, construcción y puesta en marcha de la factoría. A esta cantidad se suma una subvención a fondo perdido de 1,8 millones de euros concedida por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), en el marco del programa RENOCICLA, gestionado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).
Estas ayudas públicas proceden de los fondos europeos NextGenEU canalizados a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), y se otorgan mediante concurrencia competitiva. En este proceso, la propuesta de Batteryfly se situó entre las cinco mejor valoradas de España en la categoría de reciclaje de baterías, gracias a su enfoque tecnológico, su viabilidad económica y su contribución a la sostenibilidad.
El calendario del proyecto fija marzo de 2029 como fecha límite para completar todas las fases: redacción y optimización del diseño, construcción de la nave industrial, instalación de líneas de tratamiento, validación de la planta piloto de reciclaje y escalado progresivo de la capacidad productiva. La compañía estima, además, que el centro podrá generar alrededor de 120 empleos en un plazo de cuatro años, entre perfiles técnicos, de laboratorio, ingeniería y operaciones.
Capacidades de tratamiento y potencial de crecimiento

La planta de Zaragoza nace con la idea de cubrir todo el recorrido de las baterías de vehículos eléctricos en su etapa final: desde que salen del coche o del sistema de almacenamiento original hasta que se les da una segunda vida o se reciclan para recuperar materias primas. Según los datos del proyecto, la capacidad inicial de tratamiento superará las 1.000 toneladas anuales de residuos, fundamentalmente baterías de ion-litio procedentes de vehículos enchufables y otros equipos vinculados a energías renovables.
El diseño, sin embargo, contempla un fuerte margen de ampliación hasta alcanzar, a medio plazo, unas 75.000 toneladas al año. Este salto está pensado para acompañar el crecimiento previsto del parque de vehículos eléctricos en España y en Europa, que implicará un aumento notable del volumen de baterías fuera de uso en las próximas décadas.
De este modo, la instalación aspira a evitar cuellos de botella en la gestión de residuos asociados a la electromovilidad, ofreciendo una infraestructura capaz de asumir un flujo creciente de baterías agotadas. La apuesta por un escenario de alta capacidad está ligada también a la voluntad de que Aragón se consolide como un nodo relevante en el mapa industrial del reciclaje de baterías en la península.
Además del impacto en términos de volumen, la planta tendrá un papel clave en la transformación de un residuo complejo en una fuente de recursos. Las baterías que ya no pueden seguir en servicio en los vehículos podrán convertirse en módulos reutilizados para almacenamiento estacionario o en materias primas secundarias para la fabricación de nuevas celdas, reduciendo la dependencia de la minería primaria.
Una instalación integral para la segunda vida y el reciclaje avanzado
Uno de los rasgos distintivos del proyecto es su enfoque integral. La nave del PTR estará organizada en múltiples áreas especializadas que cubren las distintas fases del tratamiento de baterías. En primer lugar, se habilitarán zonas de almacenamiento seguro, caracterización y diagnóstico de baterías donde se evaluará de forma detallada el estado de las unidades recibidas.
En estas áreas de ensayo se decidirá si cada batería puede tener una segunda vida o si debe derivarse directamente a reciclaje. Cuando se detecte margen de uso, el equipo técnico trabajará en líneas específicas de desmontaje, manipulación y reparación, con el fin de recuperar módulos y celdas que mantengan un nivel suficiente de rendimiento y seguridad.
Los componentes rescatados se orientarán a aplicaciones menos exigentes que la automoción, como sistemas de almacenamiento estacionario para instalaciones de energías renovables, soluciones de respaldo para edificios o equipos industriales que no requieren la misma densidad de potencia que un vehículo eléctrico.
La planta contará también con zonas dedicadas a la fabricación de megabaterías y al ensamblaje de nuevos productos, aprovechando las partes que se encuentren en buen estado. Esta integración de la segunda vida dentro de la propia fábrica permite cerrar el círculo sin externalizar procesos clave, algo que aporta eficiencia y control sobre la calidad final de los sistemas reacondicionados.
Además, el complejo incluirá áreas de certificación de sistemas de almacenamiento, donde se comprobará que las baterías reacondicionadas cumplen con las normativas de seguridad y los estándares técnicos exigidos a nivel europeo. Junto a ello, se habilitarán laboratorios avanzados y un centro de I+D orientado a desarrollar y mejorar tecnologías de diagnóstico, reparación y reciclaje de baterías de ion-litio y de otras químicas emergentes.
Black mass y recuperación de metales críticos
Más allá de la segunda vida, la planta zaragozana incorporará una planta piloto de reciclaje para la obtención de black mass, o masa negra. Este material consiste en un polvo oscuro de alto valor estratégico, fruto de la trituración y tratamiento de baterías de ion-litio que han llegado al final de su vida útil. En él se concentran algunos de los metales más apreciados de estos sistemas.
La black mass contiene litio, cobalto, níquel y manganeso, entre otros elementos esenciales para la fabricación de nuevas celdas de batería. Todos ellos se consideran materias primas críticas o estratégicas por parte de la Comisión Europea, tanto por la concentración de su producción en unas pocas regiones del planeta como por la dificultad de diversificar su suministro.
Contar con capacidad propia para generar esta masa negra en España permite reducir la dependencia de las importaciones de materias primas, especialmente desde países asiáticos que actualmente dominan gran parte de la cadena de valor de las baterías. La black mass que se obtenga en Zaragoza podrá enviarse después a refinerías y plantas hidrometalúrgicas especializadas, donde se separan y purifican los distintos metales para devolverlos al circuito productivo.
De esta manera, las baterías agotadas dejan de ser únicamente un residuo problemático y pasan a considerarse un recurso para fabricar nuevos sistemas de almacenamiento, contribuyendo a cerrar de forma efectiva el ciclo de la economía circular. Este enfoque encaja con las exigencias regulatorias europeas, que cada vez establecen objetivos más ambiciosos de contenido reciclado en las baterías comercializadas en el mercado comunitario.
La incorporación de la planta piloto de black mass coloca a Batteryfly en una dinámica de innovación constante, en un ámbito —el del reciclaje avanzado de baterías— que evoluciona rápidamente tanto desde el punto de vista tecnológico como regulatorio. El aprendizaje obtenido en Zaragoza puede servir, además, para futuras ampliaciones o para la colaboración con otros actores europeos del sector.
Encaje en la economía circular y en las políticas europeas
El proyecto se enmarca en la estrategia europea de transición hacia una economía circular y baja en carbono. RENOCICLA, el programa al que se acoge la nueva planta, está orientado a acelerar la renovación de equipos obsoletos y a incrementar el uso de materias primas secundarias en procesos industriales, reduciendo así la presión sobre los recursos naturales y la generación de residuos.
Las ayudas concedidas a Batteryfly se rigen por el principio de no causar un perjuicio significativo al medio ambiente, lo que implica cumplir criterios estrictos de eficiencia energética, control de emisiones y gestión adecuada de residuos. Esta exigencia garantiza que instalaciones como la de Zaragoza contribuyan de forma coherente a los objetivos climáticos de la Unión Europea.
La iniciativa está alineada con el PERTE de Economía Circular, que identifica el reciclaje de baterías y la recuperación de materiales críticos como áreas prioritarias para reforzar la competitividad industrial europea. Al mismo tiempo, se integra en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia español, que apuesta por proyectos capaces de combinar inversión privada, apoyo institucional y creación de empleo cualificado.
Al recuperar metales considerados críticos o estratégicos por Bruselas, la planta de Batteryfly contribuye a fortalecer la autonomía industrial de Europa en el ámbito de las baterías, una cuestión cada vez más sensible por el papel central de estos dispositivos en la movilidad eléctrica y en el almacenamiento de energía para renovables.
En el plano territorial, la llegada de esta infraestructura al PTR supone un impulso adicional a la imagen de Aragón como polo de innovación en reciclaje y sostenibilidad, en sintonía con otros proyectos vinculados al vehículo eléctrico, la automoción y el almacenamiento energético que ya se están desarrollando en la comunidad autónoma.
Batteryfly: experiencia previa y salto de escala
Batteryfly nació como respuesta a la expansión del vehículo eléctrico en Europa y a la obligación de gestionar correctamente las baterías descartadas. La compañía se ha especializado en prolongar al máximo la vida útil de estos equipos, bien mediante su reacondicionamiento para nuevas aplicaciones, bien a través de su reciclaje responsable cuando ya no es viable seguir utilizándolos.
El equipo de la empresa acumula más de 25 años de experiencia en los sectores de automoción y energías renovables, con perfiles de ingeniería, electrónica, energía y programación. Esta base técnica le ha permitido desarrollar soluciones propias de diseño y fabricación de baterías adaptadas a distintos usos, así como procedimientos avanzados de diagnóstico y reparación.
Hasta ahora, la actividad de Batteryfly se ha concentrado en su sede de Moncada (Valencia), donde dispone de unos 1.800 metros cuadrados de planta industrial, laboratorios de desarrollo y testeo, y capacidad para el reacondicionamiento de baterías de litio principalmente derivadas de la electromovilidad. Desde estas instalaciones, la compañía ha impulsado proyectos que, según sus datos, han permitido reducir alrededor de 20 toneladas de CO₂ en los últimos cinco años.
La nueva planta en Zaragoza representa un salto de escala relevante respecto a la actividad actual, tanto por superficie como por capacidad de tratamiento y nivel de integración de procesos. La combinación de experiencia previa y nueva inversión coloca a la empresa en una posición reforzada dentro del ecosistema europeo de la electromovilidad, especialmente en el eslabón del fin de vida de las baterías.
Con este paso, Batteryfly busca consolidarse como un actor de referencia en la gestión de baterías en España, aportando soluciones industriales a un reto que no deja de crecer a medida que aumenta el número de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento desplegados en el mercado.
Impacto en la sostenibilidad, el empleo y la independencia industrial
Desde la dirección de la compañía se destaca que la nueva fábrica en el PTR de Zaragoza contribuirá de forma directa a reducir la necesidad de extraer nuevos recursos naturales para fabricar baterías. Reutilizar equipos usados, prolongar su vida útil y recuperar metales críticos supone disminuir la presión sobre la minería primaria y, al mismo tiempo, evitar que un volumen creciente de residuos acabe en vertederos o deba exportarse para su tratamiento.
Javier Alcalá, director general de Batteryfly, ha insistido en la importancia de promover la reutilización de componentes y materias primas en el contexto de la movilidad eléctrica y de la transición energética. Esta visión enlaza con las tendencias regulatorias europeas, que fijan límites más estrictos a la gestión de residuos y establecen objetivos de contenido reciclado y trazabilidad para las baterías que se comercializan en la Unión.
Otro aspecto que subraya la empresa es la posibilidad de avanzar hacia una menor dependencia de países asiáticos en la cadena de valor de las baterías. Aunque la nueva planta no pretende cubrir por sí sola la demanda europea, se suma a otros proyectos que buscan diversificar el origen de los materiales y reforzar la capacidad industrial propia en un sector considerado estratégico.
En el plano socioeconómico, la instalación está llamada a convertirse en un foco de empleo técnico y cualificado en el entorno de Zaragoza, con puestos vinculados a la ingeniería, la química, la operación de líneas automatizadas y la investigación aplicada. Este tipo de proyectos encajan con la demanda creciente de perfiles ligados a la transición ecológica y a la digitalización de procesos industriales.
En conjunto, la apuesta de Batteryfly por Zaragoza conjuga inversión privada, respaldo institucional y experiencia acumulada para cerrar el círculo de la electromovilidad. Con la planta de reciclaje y segunda vida en el Parque Tecnológico del Reciclado, la compañía da un paso más en la gestión responsable de las baterías, contribuyendo a la economía circular, a la reducción de residuos y a una mayor autonomía europea en materiales clave para el futuro de la movilidad eléctrica y las energías renovables.
from Actualidad Gadget https://ift.tt/c8i7xP1
via IFTTT





No hay comentarios:
Publicar un comentario